sábado, 23 de noviembre de 2019

Profesión de cierto riesgo (Continuación 1ª)

– Ahora ―refunfuño mientras se calienta― tendré que rellenar el formulario yo.
– Pero si no hace falta, ¿no? ―ella―. Ya te lo estoy diciendo.
– Ya. Pero las palabras se las lleva el viento. Y si después de hacerlo…
– Vamos ―ella―; sabes que nunca te he hecho una faena…
– ¿Una faena has dicho?
– Sí; jamás ―un poco picada ella―; o es que vas a decirme ahora que…
– Que no, joder, que no es eso ―que cuando me pongo nerviosa digo tacos―; es que me ha parecido tan bueno que no quiero que se me olvide.
Y me lo apunto; a mano y en un papel en sucio, con las prisas. Que a ver si no termina en la papelera en un despiste.
– No es eso ―continúo; mientras relleno el formulario que ya me sé de memoria.
Nombre.
Apellidos. Que acostumbra dar el del… bueno, marido, y “señora de” aunque sé yo muy bien que… Pero hago la vista gorda… ¡Mira, otra! Gorda porque total eso a mí que me importa…
Edad…
– ¿Y lo de la vista no…? ―ella, que como todas las cotillas es, eso sí, muy observadora.
– Me gustaría ―contesto, tecleando―; pero como ando hoy un poquillo agobiada y quiero terminar con esto…
– Lo pongo yo si quieres ―se ofrece.
‒ Vale ―le digo, y “gracias”.
‒ ¿Entenderás mi letra?
‒ Y si no doy un timbrazo y te pregunto. Puerta con puerta…. ¿Por dónde iba?
‒ Edad.
Edad. Que se suele quitar un par de años, puede que hasta tres. Pero también hago la vis…
‒ ¿Otra vez? ―y echa mano del boli.
‒ No mujer…
Salto al campo “descripción”. Me quedo con las muñecas apoyadas en el borde de la mesa y digo tú dirás.
‒ Pues, eso ―ella―; lo que te he dicho.
‒ Ya. Pero es necesario concretar.
‒ Ah. Es para mi cuñada.
‒ ¿La de las rosquillas?
‒ No. Esa es de mi marido ―que se me escapa un carraspeo, según lo dice. Y mira que lo siento, que no me gusta parecer mordaz; pero si le explico que es que estoy un poco resfriada, que lo estoy, va a quedar peor así que…
Y me explica que para la de uno de sus hermanos, el pequeño, que tiene un compromiso.
‒ ¿Un compromiso?
‒ Bueno… ―parece titubear―, o algo parecido.
‒ Algo parecido no. A mí me gusta saber exactamente qué me traigo entre manos; que, luego, a toro pasado… Además, por qué no viene ella ¡joder!...
‒ Pues sí que estás bastante nerviosa; sí. Ya llevas dos…
‒ Porque no doy abasto, estoy agobiada, no llego a tiempo…. Y, para colmo, siete largos de piscina… ¡Olímpica!
‒ ¿Y el octavo? ¿Y los anchos?
‒ Lo llevo adelantado… Anoche. Andaba desvelada y, bueno, me puse y… Pero, mira, me vino bien; me relajé y dormí de maravilla, aunque poco, claro. Pero, para el jueves sin falta…
‒ Y los anchos.
‒ Y dale con los anchos, ¿qué coño me pueden importar a mí los anchos?
‒ Muy nerviosa.
‒ Es que los encargos, así por delegación… ¿Por qué no viene ella?
‒ Porque es un regalo. Sorpresa…
‒ A ver si nos centramos, eh ¿Es un favor o es un regalo?
‒ Pues, ya que lo dices…
(Continuará)

domingo, 28 de abril de 2019

Siempre a destiempo

y a tientas,
siempre a muy largas zancadas,
se acerca la lejanía
tan grande que nos separa
de un entonces sin futuro
y un futuro que bien sabe
que no hay remedio que valga
ni la mitad de qué fue
lo que jamás valió nada.

sábado, 16 de marzo de 2019

Prejuicios


Insomnes, por desterrados; 
concisos, por esparcidos, 
adamantinos rescoldos de descartados prejuicios 
proclamando a cuatro vientos, 
dos encuentros y un destino, 
que las razones perdidas, 
enterradas bajo arenas de desiertos que se agitan 
y dejan al descubierto los huesos que las concitan, 
encontrarán si no buscan qué hallar cuando se las mira, 
de cerca, 
con lejanía, 
y con el mirar ausente, extraño de que se guía 
el dar el paso siguiente 
que entregar a qué vendría 
de no haber llegado siempre, tarde en la mañana fría
 de un invierno sin retorno ni rastro de huella mía, 
nada que no se encontrase 
de por sí en sí sabría 
cómo quebrar el quebranto y cuál el precio sería 
de no ahuyentar a las sombras oscuras que se cernían, 
abiertas, 
a cal y a canto 
de sirenas o de erinias, musitando,  a voces roncas, 
conjuros que se llevaba el viento que ya no iba 
a regresar arrastrando cadenas que lo torcían.

viernes, 24 de agosto de 2018

Mujer con moño


Fotografía sobre cartón pluma del original realizado sobre pizarra con tizas de colores y esmalte para uñas (86X56 cms)