martes, 25 de marzo de 2008

Cuerpo y alma


Dijiste que no querías irte sin que te dijese por qué ya no te decía que habría de quererte siempre.

Dijiste que no querías marcharte sin preguntarme por qué ya no me importaba que regresaras tan tarde.

Dijiste que no querías alejarte de mi lado sin conocer los motivos que tuvieron los extraños diciendo  que en nuestra historia  todo había sido fracaso. 

Dijiste que no aguantabas ni un minuto más, juraste, seguir viviendo a la sombra de un desamor ya tan grande.

Dijiste que no querías despertarte más con miedo de recordar pesadillas de grandes bloques de hielo deslizándose despacio, sin ruido, muy suavemente,  dejando un rastro de hastío tan parecido a la muerte.

Dijiste que me querías, antes de romper un pacto que prometió ser eterno pero nos había engañado, preguntar dónde habían ido las palabras que algún día pronunciaron unos labios que ya no reconocías.

Dijiste que ya más nunca habría un lugar ni un instante, ni en tu vida ni en la mía, ni en la tierra ni en el aire, ni en el mar grande y profundo ni en las llamas ondulantes de fuegos en los que ardieran mundanas banalidades, en que pudieran fundirse, donde pudieran aunarse, tu pasión por no saberme y mi ardor por ignorarte.


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