miércoles, 1 de octubre de 2008

Madrugada del miércoles 1 de octubre


Página 4

Hay palabras que se dicen


Hay palabras que se dicen, y palabras que se cuentan, y palabras que se ríen del pudor que disimula el candor con que se miden; y palabras desmedidas y palabras desmedradas y palabras desusadas y palabras desgarradas y palabras que se amarran y palabras que no encajan en su ambiente ni el entorno al que se ven circunscritas en su condición de meras relatoras de noticias.

Y palabras que no enlazan y palabras que no cuadran, y palabras que se encajan, se atraviesan, se atragantan, se enrocan o se agazapan  porque no encuentran su baza, su acomodo,  su jugada, su escalera de colores no quizás los más acordes con el tono del discurso que ha de concordar al uso, la tradición, la rutina, el hábito o el vestido de que se inviste el cumplido sensato común sentido que aun sintiéndose harto ahíto se fuerza a atender las formas, la compostura y los ritos impuestos por la costumbre de no romper los esquemas, ni los modos, ni los moldes, ni las modas en que impera el no escapar de la rueda que en su girar va enrolando sin dejar caer en la cuenta de si los roles que oferta serán los que mejor puedan hacer salir de su asombro, su oscuridad y su olvido al saber que se alimenta, se sustenta y toma aliento no en la razón o en la lógica sensatez que las conmina sino tan sólo en  la floja cuerda por la que camina la huidiza ilusión sedienta de  verse a salvo de trabas de la lengua que la estorba y la empuja por senderos que no son los que la animan.

Y palabras que estragadas se revuelven y vomitan y vierten sus sinsentidos sobre las pulcras rarezas que no comprenden, aquellas, qué esconden tras los embozos que se obstinan en no verlas enarbolando las riendas de la ilusión que aturdida se encabrita y se desboca y rompe la cuerda fina por la que ya no camina la sinrazón que las coarta sino el galopar airoso, alocado y desasido de potros que ya sin bridas y sin estribos ni cinchas se lanzan a la aventura de dejarlas ser, tan sólo, expresiones de sí mismas.

Y las palabras, ya libres, se dicen, se cuentan, ríen del candor que ya no oculta el pudor con que se miden.






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