martes, 25 de noviembre de 2008

Anónimo


Esta mañana, de regreso del mercado, me encontré a todos los vecinos en el portal alteradísimos. Hablaban todos a la vez mostrándose unos a otros la cuartilla de papel que cada uno tenía en la mano.
Pregunté "¿qué les pasa?" y, veinte o treinta manos a la vez, me alargaron en mitad del vocerío otras tantas cuartillas.
Mi vista no es muy buena, y la letra de las cuartillas era pequeña; alcancé sin embargo a poder apreciar - por la extensión y la distribución de los párrafos - que todas las cuartillas eran idénticas.
- ¿Y? - pregunté, más atenta a seguir mi camino y que no se me descongelase la merluza que no pensaba utilizar de momento que a ponerme las gafas.
-Había una en cada buzón - explicó Mari, del bajo.
-Pues entonces - repliqué - debe de ser la convocatoria de una junta. El administrador siempre las pone así.
- Ese era el de antes - me hizo notar Purita, del cuarto; que no me suele dirigir la palabra, pero a la tentación de llevarme la contraria no se resistió.
- ¡Ah, pues es verdad! - que me podía haber callado; pero ante la perspectiva de darle la razón y limar asperezas me animé e, incluso, añadí -: éste las pone en un sobre, con su membrete y todo.

Ella, contrariada sin duda a la vista de mi buena voluntad, me miró despectiva y se dio media vuelta.
Pero, bueno, que no era la convocatoria de una junta; y como yo me estaba empezando a intrigar y a las fechas que estamos la merluza no iba a descongelarse tan deprisa pensé que, después de todo y por qué no, bien me podía entretener en buscar mis gafas de cerca, y hasta abrir el buzón y leer - si las cosas eran como ellos las contaban - "mi" propia cuartilla...
Que podía haber leído otra cualquiera, de las que me ofrecían, pero lees una cuartilla prestada y te expones a, a partir de ese momento, que te cuenten a cuanto tienen la tensión cuando te las encuentras en el ascensor...
Así que me las puse, echando cuenta de que tampoco me importaba tanto cambiar de planes y comerme la merluza hoy; y abrí el buzón.
Efectivamente, junto a un sobre con la factura del teléfono y una propaganda de comida china y una carta de Correos contestandome a una queja que había puesto hacía unos días por culpa de tener que esperar veintitres turnos para comprar un sello porque la maquinita expendedora no funcionaba y todos los que había delante estaban enviando paquetes cuando lo único que yo quería era un sello de cuarenta y tres céntimos....
Me dice, por cierto, que lamenta mucho las molestias que pudieran causarme; pero que va a reorganizar su personal para que no me vuelva a pasar algo tan enojoso aunque, entre tanto, me recomienda que la próxima vez quiera un sello - de cuarenta y tres céntimos o de cualquier otro importe - a una hora de menos aglomeración.
No he querido contestar con otra carta explicando que "cualquier otro" no, porque de ser cuarenta y cinco la cosa cambia porque lo puedo comprar en el estanco y sin embargo de menos de cinco no los hay porque, consideré, no es cuestión de entablar una relación epistolar por una cuestión tan secundaria a fin de cuentas vi - volviendo a la cuartilla - que en efecto allí estaba...
No voy a extenderme tontamente en contar, palabra por palabra, qué pone; pero sí voy a adelantar que llevaba una ristra de preguntas que me llamaron la atención porque eran muy parecidas a las que yo me venía haciendo en los últimos días mientras desayunando o comiendo - mira, otra vez me acordé de mi merluza - o cenando escucho la radio.
Mis vecinos - vecinas mayormente - o no escuchan la radio o conectan emisoras menos problemáticas, porque no sabían nada...
- ¿Pero cómo pueden no saber nada? - pregunté -Siempre se sabe algo, aunque sea fácil...
Así que, como no veía muchas trazas de que me fuesen a sacar de dudas y yo, que una vez mentalizada de que lo mejor iba a ser comer merluza porque ya que se estaba descongelando casi me veía mejor que tener que acordarme días después de "tengo que descongelar la merluza", ardía en deesos de salir de ellas, me quité las gafas y volví a salir a la calle decidida a, al primero que pillase y que además mucha casualidad hubiera sido que fuera otra vecina que luego me hablase en el ascensor de sus dolencias varias, pedirle que me respondiera alguna.
Pero, aún no siendo vecinas mías, ninguna de las personas a las que abordé supo contestarme...
Así que me volví para dentro, al portal otra vez, y me encaminé al ascensor al que, por cierto, esperaba mi vecina de al lado que me relató, como acostumbra - porque ya empezaban a dispersarse - y sin que tenga yo que tomarme la molestia de preguntarle, que está fatal de los pies y de la espalda.
Esto me hizo entrar en razón y darme cuenta de que lo mejor para aprender es no preguntar; pero ya que las preguntas estaban ahí me daba no sé qué desperdiciarlas y, por eso, porque a lo mejor me viese ella cara de preocupada, me preguntó "¿qué te pasa, que pareces preocupada?", y yo le dije que sí, que me daba coraje no plantear en algún sitio unas preguntas que a lo mejor sabía contestar alguien.
Ella, entonces, me contestó que las podía poner en alguno de esos foros de Internet, porque que en los foros de Internet la gente busca cuando no sabe algo.
- Ya - le contesté - pero lo que ellos buscan son respuestas y lo que yo tengo son preguntas.
Ella, que muy distinta de Purita la del cuarto quiere ser amistosa aunque sea a costa de llevar la contraria, me dijo que quién quiere respuestas, que por lo que la mayoría de los mortales bebe los vientos es por las preguntas...
- ¿De verdad? - le pregunté.
Y, bueno, pensé que el resto de la conversación mientras llegábamos ya no iba a ser interesante porque a lo mejor ella, muy suspicaz que es, había supuesto que mi inocente "¿de verdad?" había sido con la aviesa intención de adularla para, a continuación, sonsacarle cómo cocinar la merluza como yo para eso de la cocina soy más bien un poquito desastre; así que me limité a darle las gracias - por lo del foro de Internet - y a, ya que le había agradecido la idea, pues aprovecharla.
Y las copié y las puse en el foro de política, sección nacional, de Libertad Digital, donde podrá encontrarlas todo el que, como a mi vecina, le guste tirarse el pegote cuando va en el ascensor de que prefiere que se le hagan preguntas más que que se le den respuestas.
Yo, por mi parte y a fuer de sincera, preferiría que algún voluntario me contase qué puedo hacer con la merluza, pero escarmentada como estoy creo que lo mejor va a ser no preguntarlo.
Nota: Como sé por experiencia que los comentarios en el foro de Libertad Digital tienen plazo de expiración, y no quiero que mis cientos de miles de lectores se queden sin conocer el contenido de la cuartilla, me permito recomendarles que sigan las instrucciones de más abajo.


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