miércoles, 30 de diciembre de 2009

La mirada del genio

Te vi llegar de lejos


Te vi llegar de lejos. Te vi pasar tranquila. Te vi dejar tu rastro. Te vi llevarte el mío. Te vi ser fría y altiva. Te vi ser desalmada. Te vi ser engañosa. Te vi rodar sin rumbo. Te vi torcer el mío. Te vi amarga y errónea. Te vi adusta y lasciva. Te vi arañar mi tiempo. Te vi arruinar mis días. Te vi enterrar mis sueños. Te vi apagar mi risa. Te vi alentar mi llanto. Te vi urdir pesadillas. Te vi surcar mi frente y hacer lentos mis pasos, y endurecer mis venas y dejar en mis manos presagios de tu ocaso.
Pero no te vi nunca de cerca ni de frente, ni mirarme a los ojos, ni atreverte a decirme soy lo mejor que tienes.
Eres ruin y cobarde, mezquina y egoísta; y necia y muy pagada de cuánto se te mima, de cuánto se te adorna, de cuánto se te aprecia, de cuánto se le teme al dolor que prodigas.
Pero he de verte un día, de lejos, muy tranquila, revolcarte en el fango de la nada perdida esperanza que aguarda a que por fin te extingas.
Te diré adiós entonces con mi mano marchita. Y reiré yo sí entonces, tan feliz en mi dicha que podré sin rencor darte un beso en la frente y susurrarte un quedo, dulce, casi amoroso adiós…
… mi vida.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Vaginas y complementos

En buena lógica esta entrada debería ponerla en el blog Provocaciones, pero lo tengo muy saturado en este día por causa de las peripecias de Aminatu Haidar; así que, como a fin de cuentas lo que me ha movido a hacer el enlace al que remite el título es de índole literaria, me traigo la entrada aquí y, para que no quede descolgada de las que llevan allí la etiqueta que le estaría poniendo a ésta si tuviese la etiqueta aquí, lo que hago es colocar otro enlace (ese sí aquí) para que no se pierdan ni la cohexión ni la congruencia. Y ya está.
Bueno, pues ahora explico:
Una vez hecho el clic de rigor en las Vaginas y complementos que se citan, cuando el internauta se halle frente al Blog de Federico se desplazará por él hasta llegar a la entrada de fecha de hoy (6 de diciembre de 2009); en dicha fecha descenderá hasta el segundo párrafo y, allí, donde verá cinco veces en rojo aquí, aquí, aquí, aquí y aquí (siempre "allí", claro; que es de donde estamos hablando; no de "aquí"), pulsará sobre cada uno de los mencionados "aquí".
P.D. 
Se pulsará sólo en el caso, tengase muy en cuenta, de que se sienta curiosidad por leer lo más gracioso, fresco, natural, desenfadado, científico e irónico que se haya jamás escrito sobre sexo.
Una verdadera delicia y una desmitificación encantadora de la tan traída y llevada y reverenciada sexualidad.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Enmarañada entre redes y mallas...

... pero me organizaré.
¡Seguro!
Y si los hados se muestran adversos y no me organizo habré, en el peor de los casos, escrito un bonito título...
¿O no es de verdad bonito "Enmarañada entre redes y mallas"?

martes, 24 de noviembre de 2009

Otra confidencia de Afrodita


En algún otro lugar, o, para ser del todo exactos, exactamente aquí, confié a los lectores de este blog algunos de mis secretos. Hoy, cuando - aquejada de uno de esos ataques de inmodestia con que la mala fortuna puede sorprender en el momento más insospechado a cualquier mortal - me embarga la vanidad de haber ampliado en mucho mis conocimientos, me animo a confiarles algunos más.
Se los confío no porque los secretos sean una gran cosa, o algo del otro mundo que no pueda tener cualquiera de ustedes (no igual, ya lo sé, pero sí a lo mejor muy parecido) sino porque, como son arrechuchos (últimamente he escuchado la palabra "pipilengue", que es mucho más bonita, ¿verdad?; pero yo me voy a quedar con mis arrechuchos de siempre - aunque insisto, es decir "insistiré" en cuanto cierre el guión y el paréntesis si es que con tantas aberturas no se me pasa por alto el cerrar algo, suelen ser muy esporádicos - porque no he pedido permiso para utilizarla) que me dan muy de tarde en tarde - que lo digo no porque su ocasionalidad sea tan notoria como para merecer repetirse, sino para justificar el "insistiré" de más arriba - corro el riesgo de, por aquello de fingirme ignorante de una forma totalmente mojigata e hipocritona, privarlos de unos trucos tan sencillos a la par que tan útiles.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Texto 1.5

Publicado por  el nov 15, 2009 en Prólogo a la primera carta. Siguiendo Rastros

1.5 “Cuentan las leyendas de los Maoríes en Nueva Zelanda, o los Taraumaras americanos, o los ritos helénicos, o la tradición bíblica judeocristiana, que un gigante, una diosa serpiente, un titán rebelde o un hombre justo -puede que una mezcla alquímica de todo ello- guardaron en un arca todo cuanto de valor existía antes de que poblara la Tierra esta Humanidad. Quizás una pequeña parte del contenido de ese arca haya sido revelado y transformado en tecnología, lenguaje y arte, pero parece que los arcanos no descubiertos y las deudas no saldadas de tantas vidas pasadas y aun futuras están condicionando la zona de consciencia que hoy, en forma genética y ambigua, determina lo que se ha convenido en denominar realidad presente”.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Texto 1.1

Publicado por  el sep 30, 2009 en Prólogo a la primera carta. Siguiendo Rastros


1.1 “Cuenta la Biblia en su primer libro, el Génesis, que habiendo creado Yahvé la primera pareja, les bendijo diciendo: Procread y multiplicaos, henchid la Tierra, sometedla, y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la Tierra; llama la atención el sentido de propiedad que encierra el primer mandamiento divino, y desde su interpretación literal, que en la inducción hacia esa primera forma de consciencia la obsesión por someter y dominar haya sido uno de los pilares básicos de todas las culturas judeocristianas”.
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A la vista de este texto y coincidiendo con el hecho de andar yo enfrascada en un trabajo literario – obra de ficción y tirando a surrealista – en el que me bulle la idea de que tenga un “papelito” la Creación, se me ocurre acudir al libro del Génesis, que como no había leído jamás (la verdad sea dicha) desconocía, e ignoraba, también y por tanto y más allá de lo que los niños (en mi niñez al menos) aprendíamos en los colegios, qué hay, en los escritos, así, letra por letra, de nuestros orígenes.
Así que lo abro, el libro del Génesis,  y me pongo a leer el capítulo primero, que aquí pego el enlace http://iglesia.net/biblia/libros/genesis.html#cap1 , y me encuentro – por orden de aparición – los cielos y la tierra.
Hasta ahí, bien.
Pero si a renglón seguido leo “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.” ¿No deberé entender que el desorden y el vacío y las tinieblas ya estaban de antes?
¿Quién los había hecho?
En mi intento de no atascarme así, nada más empezar, sigo leyendo y, después de la  luz y la Noche y el Día, tengo un nuevo tropiezo porque “Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas”.
De manera que las aguas también estaban.
¿Quién las había creado?
Pero ahí no queda la cosa porque “y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión” y, en el punto siguiente “Y llamó Dios a la expansión Cielos”.
Dijo también Dios “Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco”.
“Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares”.
Pero, si los Mares los hizo con las aguas que estaban debajo de los cielos, qué pasó con las que estaban por encima, cuáles son, dónde se las puede localizar…
Dijo después Dios “Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra”.
Luego dijo Dios “Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,”.
“E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.”.
De lo que se desprende que, si nos atenemos a la letra, la luz no proviene de ninguna de las lumbreras; que a ella la había hecho antes.
Pero, bueno sigo y…
Dijo Dios “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra”.
De manera que también las aves salieron de las aguas ¿O no?
Este primer capítulo del Génesis concluye, todo el mundo lo hemos aprendido así, con la creación del Hombre; y vale, pero…
¿No es cierto que saltan a la vista muchas lagunas, muchos desajustes que nadie nos ha explicado?
En resumidas cuentas, que me estoy empezando a temer que por mucho que me aplique no voy a poder ser tan surrealista como me gustaría.
Nota: Se admiten opiniones, y aclaraciones a quienes las tengan. Es más, se agradecerían. Valen tanto si son objetivas como si son subjetivas.
                  El árbol de la vida

domingo, 1 de febrero de 2009

Hoy, bajo el influjo de

un estado de ánimo muy concreto, mediatizado por una de tantas circunstancias ocasionales de esas que se dan se quiera o no en el acontecer cotidiano, me he parado a considerar ― sin intención quizás de hacerlo, pero por aquello tal vez de que el pensar y el discurrir es algo que, con independencia de una mayor o menor idoneidad de hacer su irrupción en la escena o el sentir de quien ha de vivirlo y soportarlo, parece que como que “va a lo suyo” y allá se las apañe el sintiente o pensante ― mi propia actitud ante el hecho de mi propio hacer.
Me he dicho, en mitad de mi tribulación o de mi angustia, que – como por otra parte y por lógica se dice cualquiera que ha de encarar lo que no quiere y no quiere, tampoco, verse en el brete de desesperarse porque “para qué, a fin de cuentas” ni qué va a remediar el desesperarse – vale. Que vale y que de acuerdo; y que la vida es como es y que depara al que ha de vivirla, a ella, la vida, lo que ella, la vida, bajo sus criterios o motivaciones tan enigmáticos, tiene a bien – o mal o a puritito capricho – el deparar con independencia de valoraciones piadosas que la condicionen a la hora de decirse, ella: pues parece que a tal o cual persona no va a resultar del todo justo el cargar sobre sus hombros y sus circunstancias un peso añadido al que – también por sus circunstancias – ha, ineludiblemente de soportar.
No. La vida es como es y el “viviente” – palabra de mi invención o mi capricho; pero es exactamente a lo que voy y, tal vez, más adelante lo explique (no la palabra sino mi “por qué”) – se la ha de tragar, y de digerir, y coexistir con sus marrones.
Como asunto aparte que así, bote pronto, puede aparentar no tener en principio gran cosa que ver, me he planteado, preguntado a mí misma, qué quiero o qué me exijo, o qué limitaciones o cortapisas asumo o me impongo cuando a la hora de manifestarme, de mostrarme como escritora – que es en realidad lo que soy en esencia, por más que en la vida haya publicado nada y moriré, casi seguro (seguro que moriré, entendámonos); moriré (decía) sin haber demostrado al mundo semejante cosa…
Mis relatos, casi siempre, tienen el aspecto de ser algo que prometía pero no llegó a buen término; o esa es al menos la sensación que yo tengo. La sensación que yo tengo o no tengo en puridad pero me avengo a, por cierto “no sé qué” que supongo instaurado en el juicio del lector hipotético, estigmatizar como defecto.
¿Por qué esa severidad con que me trato y maltrato?
Ante cualquier otra expresión del arte nadie, salvo los más expertos u osados – aunque sí muchos inexpertos con arremango – comete la temeridad de aventurarse opinando acerca de si a las Meninas (por poner por caso y tirar a lo grande) le están faltando ciento veintisiete pinceladas o sobrando treinta y cuatro.
Ningún melómano suele decir, aunque hay de todo, que a tal o cual sinfonía, de Beethoven, por ejemplo y dejando bien de manifiesto que la música no es ni con mucho ni de lejos mi fuerte, le están faltando o sobrando notas por aquí o por allá.
En la poesía…
Hay, ya lo sé, poemas épicos que cuentan, como lo podría relatar una novela pero en verso, larguísimas y muy pormenorizadas peripecias; y de cabo a rabo, con su inicio, su trama, su nudo y su desenlace.
Pero, por lo general, como “hecho puro”, a la poesía se le consiente sin oponer demasiado resistencia que no “relate”, que no “cuente”, que no ponga a quién la lee al tanto y al corriente de los porqués o los orígenes ni de en qué fueron a concluir vaya usted a echar cuentas de qué chismes.
A la prosa, sin embargo, a la palabra escrita en el momento que no está siendo ensayo, ni historia, ni llevando estructura de poema (a veces se me ocurre, aunque no llego a lanzarme, qué tal quedaría una perorata, la que fuese, escrita en renglones cortos… o incluso largos tal que endecasílabos o, esos otros más largos, que no se me viene a la cabeza el nombre, de catorce o de incluso, que creo que los hay, de diez y seis sílabas; pero es, ya digo, una perorata a la que a la hora de la verdad no me lanzo) se le exige, se espera de ella, que deje bien clarito, bien explicado y resulto y a ser posible resuelto para bien y felizmente (o “infelizmente” si la intención es dar un disgusto al que leyere… pues porque se me ha antojado, a mí, esa rima), el porqué y el para qué de lo que aborda.
Y yo, que siempre me digo para mí y en privado que soy una idiota, me regaño cuando, ante esos ciertos “ayes” que la vida endilga, me trago mi marrón y, sin embargo, me siento incapaz, culpable, tramposa, injusta, ante la eventualidad de colocar un marrón obra mía ante los ojos de un lector que “pobrecillo, lo voy a frustrar si no satisfago sus expectativas”.
El vivir no ha satisfecho jamás, plenamente, las expectativas del viviente, pues que en todas las vidas pone “fin” antes de que todo esté bien acabado. Y en el cada día tampoco ocurre; que uno se va a dormir sin haber hecho mucho de lo que sabe muy bien que debía. Y en las conversaciones que escuchamos, ya sea atentamente o nos lleguen a los oídos a retazos, quedan también infinidad de enigmas, y de cabos sueltos, y de buen o mal grado nos conformamos.
Ni siquiera, de las personas que nos son más cercanas y a las que más y mejor conocemos, sabemos muchas veces más allá de su nombre, su profesión, su edad, su lugar de nacimiento y alguna que otra (o una montonera pero “y qué”) circunstancia personal como que, por decir, es casada o viuda o divorciada o tuvo, en la infancia, tos ferina o una bicicleta o madrastra.
Ahí, sin embargo, ahora que caigo – en el caso de las personas que expongo, quiero decir – tenemos aun con datos tan exiguos, argumento para decir “pues, a Fulano, lo conozco yo estupendamente”… Vamos: que puede que para ilustrar lo que estoy queriendo significar no valga.
Y si vale como si no – hay que ver lo fatal que van escritos los casi tres folios que llevo, pero es que no es este ni con mucho uno de mis mejores días (aunque me aguanto, igual que me tengo que fastidiar cuando, sin ganas de verme ni de ver al mundo, tengo que salir a la calle y dejar ver mi pelo no a lo mejor del todo limpio o mis ojeras) –, si vale como si no vale, y que sea lo que Dios quiera, usted, el que lo lee, ya lo ha leído y yo no voy a, a toro pasado, echarme atrás.
La vida no se echa atrás.
La vida no pide permiso para suceder; ni pide perdón por su mal proceder…. Y eso que hace, a veces, mucho, pero que mucho daño.
¿Puedo yo, pobre mortal, causar con mi literatura más o menos discutible (no diré “discutida” como el presidente Zapatero dice de la nación española porque de mi literatura, como nadie la conoce, nadie discute), ni la milésima parte del daño que ocasiona la vida?
Así que, creo, voy a dejarme de pudores, y escribir lo que quiera y cuando quiera y como quiera cuando pueda porque, y esa es otra, hace falta mucha, pero que mucha inspiración o arrestos para, aunque sea mal, hacer cara al mal encare, despiadado, implacable y cruel del papel en blanco.
Si me echa usted un vistazo otro día a lo mejor hasta le gusto a pesar de que lo que pueda leer de mí, ya se lo informo, esté una vez más bien planteado y con un cierto aire prometedor, pero… pues eso que le decía al principio: que como que sin terminar o a medias.

viernes, 16 de enero de 2009

de Piluca Menéndez

¿Ves, Piluca, como no te fijas?
Esta carpeta es mía, y prueba de ello es que algunos de los dibujos que hay en su interior están firmados por mí.
La tuya es
esta, que efectivamente lleva tu nombre manuscrito, pero que pese a poner igual que en la mía “carpeta que contiene dibujos y manchas” – lo cual no tiene nada de particular porque todas teníamos una carpeta con esa leyenda – lo que contiene es, acuérdate, un relato corto titulado Foto de un ala de ángel, firmado igualmente por ti. Y ese relato está en mi página, debidamente ubicado y con su título bien clarito, dentro del apartado "fotos en negativo".
Así que haz el favor de dejar de protestar, o el tirón de pelos te lo pegaré yo.

miércoles, 14 de enero de 2009

de Celedonia Rueda

No sé, de verdad, dónde habrá estado durante casi cinco años esta carta que he encontrado en el buzón esta misma mañana, cuando regresaba de comprar una lata de guisantes.
Me viene extrañando en los últimos meses que recibo muy pocas aportaciones para un baul que - aunque no existe y si existiera ni lo conozco ni es mío, pero algún equívoco ha debido de haber no soy capaz de imaginar ni dónde ni cuándo, para que tantísimos lectores me lo adjudiquen - parece que es en verdad muy, muy célebre.
En fin, sea como fuere, aquí coloco el relato de Celedonia;y que me disculpe por no haberlo hecho antes.

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