sábado, 25 de diciembre de 2010

Que se hace o dice fuera del orden o común modo de obrar.

Astutos, dentados festones jalonando los bordes del cielo gris posándose sobre el horizonte  que ofrece en la distancia el cruzar la calzada de un gato.
Pérfidos, desordenados los acordes de reencuentros esquivándose en sinfonía de desazón carente, en su acritud, de una pizca conveniente de pimienta.
Tenaces, edulcoradas de rosa  las mortajas de los hacedores de recuerdos prestados a los que les mostraron, en la noche, el brillo afilado de sus navajas.
Prematuros, acartonados en sus devaneos los acantilados derramándose sobre las nubes de silencios envueltos en papel de celofán con lazo.
Raudos, parpadeantes olores a tomillos de hojuelas todas finas recubiertas de mieles de las glorias que cantasen las gargantas de los parias.
Tímidos, enjaezados de sus mejores salvas a cañonazos susurrando secretos los luceros en oídos, a lo lejos, rumores algo inciertos de un palpitar de sienes sin pensarlo.
Intrépidos, arrojados desde lo más profundo del vacío a lo más alto del espanto los destellos helados de las llamas que se hacen las sordas y no bailan.
Tardíos, como en sordina o al amparo de la generosidad  y el bien hacer de los gestos grandilocuentes de los ricos los remolinos de añil de los perjuros.

Contados, indecisos o en falso con su verdad a cuestas los pasos que separan las certezas de las dudas que les tiran irreverentes de las faldas.
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domingo, 12 de diciembre de 2010

Sumas de ignorancias arrojando

Sumas de ignorancias arrojando sus signos  sobrantes de osadías sobre restos de sapiencias aprendidas a golpe de añadir a la memoria múltiples productos resultados de sumas, profundas, infinitas razones enraizadas en arraigos erróneos a rarezas que rezan — rozando apenas con sus voces (y al ras de la conciencia acorazada, acorralada en la soledad de su apagada cómplice exigüidad con sus pasadas primarias apreciaciones de qué fueron las viejas casi ya a estas alturas olvidadas primigenias creencias) quebradas y sin rima — los requiebros piadosos pero falsos con que las obsequiara el no ya más roer los rancios huesos descarnados de yermas, desgarbadas andaduras por sendas erizadas de iracundias y de infelicidad y de la ingrata aberración de aborrecibles arrebatos arrollando el recto hacer y acertado sentir del que no esquiva el espacio de luz que tanto irrita en su negror a las Erinias; se funden, en abrazo mortal y ancha armonía para, una vez licuadas, irse diluyendo hasta extinguirse en el arrullo de la Verdad concisa.
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viernes, 3 de diciembre de 2010

Frondas que ocultan bosques

Frondas que ocultan bosques en los que habitan elfos de la felicidad y de las risas encierran, entre el follaje espeso de la oscura, lóbrega amenaza del no hallazgo, sombras de desencuentros que se arrullan, arropan, solapan, amotinan, cómplices en su sórdida exaltación de la carne promiscua trasluciendo, en su verdor soberbio, la humilde claridad que se refleja en los fondos de los lagos de los ojos del que mira, más allá de las formas tan informes de los rasgos que rasgan las verdades de quien ha de vivirlas, la puridad desnuda de la pureza augusta que, altiva y no soberbia, serena y no pasiva, contempla el infortunio del que mira en la sombra de su propia ignorancia el daño del que sufre en el placer la herida.
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Mandala (53)

martes, 30 de noviembre de 2010

Texto 2.10

Publicado por  el nov 30, 2010 en Prólogo a la segunda carta. En busca de los sueños

2.10 “Los antiguos brahmanes ya sabían que con sólo el movimiento de una mano se produce un cambio de estado y se modifica la actitud. Estas posturas a veces estáticas o dinámicas los mudras acompañadas de respiraciones rítmicas y precisas que algunas de ellas están marcadamente presentes en todas las iconografías existentes producen unos resultados sorprendentes. No de una manera tan precisa, quizá a veces de forma intuitiva o heredada de viejos cultos, también son utilizadas habitualmente como forma de rito o rezo social; todo ello tendría una importancia relativa si los movimientos automáticos reflejos más allá del ejemplo de la mano no estuvieran presentes en la conducta habitual de todos los seres humanos. Cada pueblo es adicto a determinados movimientos y posturas, incluso a una específica forma de mirar. Son rasgos propios de sus raíces culturales, sus ritmos, sus danzas, sus pictogramas, su idioma… y tantas cosas más”.

Afrodita
3 diciembre, 2010
Retama, me temo que el planteamiento que haces en tu párrafo “a lo mejor estamos entrando a través de palabras, como globalización, reciclaje, solidarios, ya se empieza a oír también responsabilidad, en conceptos que nos puedan llevar planteamientos más amplios, más globales, a plantearnos la necesidad de ensuciar lo menos posible el aire para no dar trabajo a los demás, porque si como parece todos estamos interconectados los demás también somos nosotros mismos.” no es el acertado.
Globalización, reciclaje, solidarios y responsabilidad son palabras que se han apropiado los políticos (con independencia de que atendiendo a su contenido de origen puedan ser muy encomiables) que las utilizan muy engoladamente pero también muy a su aire, quedándose en la superficie de las cosas como si un mundo mejor fuera a ser aquel en el que todos fuésemos muy modosos y depositáramos los desechos, con mucha pulcritud, cada cual en su correspondiente contenedor. Ser responsable se ha convertido en ser obediente a las tontadas con las que nos marean.
No es un paquete de tabaco vacío que tiras al suelo (aunque no deba hacerse) lo que malea el aire que respiramos; ni lo malea tampoco el humo del cigarrillo que puedas fumarte por mucho que nos quieran lavar el cerebro — y la cara a su memez — con advertencias y prohibiciones.
No es ese tipo de cosas, no ese tipo de “basura” lo que ensucia el prana. Lo que de verdad lo enrarece son las tensiones, las frustraciones, las amarguras, los rencores, las antipatías, las envídias, las falsías, las mezquindades y (por resumir) las miserias que desparramamos cada vez que exhalamos una bocanada de aire.
En cuanto a lo de “no dar trabajo” somos el mundo que somos, y aun a nuestro pesar hemos de generar desecho y desperdicios… mientras seamos seres humanos — entiéndase —, que cuando seamos “otra cosa” ya será ese otro cantar que no escucharemos con nuestras orejas. Y en el mundo que somos, Retama, tiene que haber todo tipo de trabajos y todo tipo de personas dispuestas o capacitadas para hacer este trabajo o aquel otro.
¿Adónde iríamos a parar, te imaginas, si nadie quisiera desatrancara retretes?
Escuché una vez en la radio a un poeta que se dedicaba a hacerlo — y a gran escala, además, algo así como enormes pozos negros y cosas así —; y dijo que lo hacía contento porque estaba muy bien pagado, y con poco tiempo de trabajo obtenía, gracias a los elevados ingresos, mucho para dedicarlo a la poesía.
¿No es un planteamiento magnífico?
Así que, no, Retama; deja, sin empacho ni sentimiento de culpa, de preocuparte por una suciedad que no es la que nos mancha.
Y besos, que me da la sensación de mi misma de que me vas a percibir enfadada. Y no es así.
***
Qué-vedos?
6 diciembre, 2010
Primaveras ensartadas en los dientes de dragones sedientos de sangrantes rojos rayos de luz sin candescencia, enhiestos, rotos, devastados en campos de certezas de oscuro errar y traspasado herir, de sol, de hielo o del tremor del parco ver, desalentado hilar, tejer, tañer, trocar, trepar a los fondos sin flema ni fervor del más allá del fin de qué descompostura de cualquier fugaz, desconsolado adiós a tal morir y cual – de entre todos los pensables – parir, un nuevo “aquí”, un raro amar, un no más “mí”, ni “tú” ni “yo” ni nada afín a vacuo afán que apenas va a clavar en pos del no extinguir su ciego ardor que destruirá siendo aun en flor el vero azul de rumbos mil que llevarán al discernir el bien del mal saber causar cansancio atroz y nunca más volver a abrir los ojos al, perdido horror, viejo vagar, huero sentir que volverá a restituir algún lugar en que pació el olvidar que se es matriz del renacer al porvenir.
***
  1. Afrodita
    12 diciembre, 2010
    Hay veces que uno — o “una”, es decir en este caso yo o la que es conocida en este blog como Afrodita — tiene así ya de entrada y nada más verse frente a frente con el folio (que algún nombre hay que darle a esta cosa moderna que se llama tan ampulosamente “documento”) la sensación de que va a necesitar muchas palabras para expresar “to lo que lleva dentro”. Y me da un poco de corte porque ya en alguna ocasión se me ha recriminado el hacer comentarios muy largos que, por otra parte, me digo yo, a qué vienen esos agobios ni premuras, ni esa necesidad de aplicarse en ser conciso como si fuese a faltarnos papel…
    Lo siento, sí, por el Aventurero, que como todo el que está encargado de la administración de cualquier tipo de material se ve obligado a repasarlo, antes de publicarlo, para saber qué se trae entre manos; pero por los demás no. Los demás tan pronto me echéis el ojo encima seréis perfectamente libres de exclamar “¡¡¡Horror!!!” y, acto seguido, salir pitando.
    Pero es que esta vez hay muchas ideas, muchos pensamientos, muchas sugerencias y muchos matices que se me agolpan en mi pobre cabeza y necesito, de alguna manera, plasmar y enlazar unos con otros.
    Lo primero: que si el problema estaba en la palabra “prana” (quince veces en el hilo a fecha 12 de diciembre de 2010 12:55) ha venido a suceder como cuando en un cine un espectador cuchichea con su vecino, en voz muy baja, y lo que de verdad se acaba oyendo es el coro de voces instándolo a callar.
    Con lo segundo y lo tercero y lo siguiente no voy a llevar orden; no soy tan organizada. Y lo iré exponiendo un poco al revoltijo.
    Mandrágora, por ejemplo.
    No entendí, en una primera lectura, esta frase tuya, “Me ha ocurrido el caso de una amiga muy allegada, que se interesó en localizar mis intervenciones y darme su punto de vista, puesto que ya participa y es asidua en otros blogs, y me ha dado la callada por respuesta. Me lo puedo imaginar.”, pensé simplemente que estaba mal redactada.
    Luego, en una segunda lectura y llevando ya en mente los conceptos aportados por los comentarios posteriores de Despertar y de Manolo, e incorporando el ingrediente de tu frase “no solo en ser coherente conmigo ni ser muy veraz con mis ideas.” creo entender — y te puedo adelantar que también compartir y aplaudir — qué lo importante es qué se aporta, qué se promueve o despierta en los demás con un determinado comentario y con independencia de que lo escrito en él esté o no esté siendo fiel retrato del pensar o del sentir del que lo escribe.
    Con ese mismo criterio he de aplaudir también la intervención de Manolo cuando sacó el día 8, en sus palabras, “algo de mi vena provocadora”.
  2. Afrodita
    12 diciembre, 2010
    (Capítulo II)
    He de confesarte, Manolo, y aunque sólo fuera por una cuestión de cortesía, que yo te repliqué con “algo de mi vena respondona” (pero no la respondona del todo, que las tengo mucho más expresivas). Y es que me molestó, si he de decir la verdad. Y estuve durante unas quince horas dando vueltas a por qué habrías adoptado una actitud que se me antojó hiriente.
    Me sirvió —no obstante y a pesar de herirme — para, cuando tuve la idea de que podías estar siendo un Manolo recién llegado, darme cuenta de que como muy bien dices en tu último comentario personas muy leídas y muy buscadoras y muy versadas e infinitamente más que yo en temas muy complejos pueden, también, no haber tenido en la vida contacto con otras materias de las que configuran el vivir y, hasta donde se alcanzara o alcanzase pero ni un paso más (que lo digo por mí), el saber.
    He tenido muchas veces la sensación desde que me incorporé al blog (llevaba unos dos meses en la red cuando supe de su existencia), y la me manifestado en ocasiones e incluso me he quejado, de que escribíais (no todos y no siempre, desde luego) como “vaciados” de hormonas (cómo me compongo yo en mi cabeza qué son las hormonas y de qué manera me las imagino bullendo por el cuerpo va a ser, me parece, mejor que no os lo cuente por aquello de no dañar lo que de bueno pueda estar teniendo, si lo tiene, el perfil que muestro), como desprovistos de sentimientos y atendiendo tan sólo a verter un comentario inteligente, correcto y a la altura del texto que encabeza cada hilo, sin contaminarlo de nada que pueda desmerecer de él o ensombrecerlo.
    Pero es que nada dicho desde la autenticidad que cada cual reconoce en sí mismo lo va a desmerecer ni a ensombrecerlo; nada que esté dicho, escrito con la voluntad de abrir ventanas — de ahí mis elogios a Manolo y a Mandrágora —, va aún a pesar de desde la intención traicionar la coherencia con uno mismo o el ser veraz con las propias ideas a perjudicar de ningún modo la apertura ni la expansión que deseamos.
    Así que opino que sí, que todo este ir y venir de opiniones y de réplicas y de contrarréplicas ha sido cosa buena.
    Y no me he extendido tanto, después de todo. Aunque lo mismo después de enviarlo me percato de haber olvidado algo y, otra vez:
    Afrodita dijo…
    Que no, que era broma.
  3. Qué-vedos?
    12 diciembre, 2010
    Cualquiera que haya leído alguna de mis intervenciones en este blog me habrá tal vez identificado con cierta imagen de un tipo cojo y con gafas, bien gordas, de culo de vaso. Habrá ese cualquiera empero reparado en que la mala leche que… no…
    Pero vamos a dejarnos de rodeos. Escogí ese seudónimo sólo porque soy un poco cojo y llevo gafas. También sí porque me gusta escribir. Pero me falta, a qué negarlo, la mala leche que adornó y tan con creces a aquel a quien di — muy a la ligera y sin haber recapacitado lo suficiente llevado, a qué mentir, por la vanidad — en tener por mi mentor.
    Pero me falta aquella mala leche suya. Lo he intentado, la he ensayado, pero me falta y qué le voy a hacer.
    De todas maneras, y no teniéndolas todas conmigo, tuve la previsión de añadir la interrogación, como dando a entender que no daba yo todas las garantías de ser un digno émulo.
    Lo que sí soy y a pesar de los pesares es escritor. Y como escritor me desvivo y me esfuerzo por crear a mis personajes y a sus situaciones, y porque situaciones y personajes no se chirríen, los unos a las otras y las estas a los estos. No siempre, o quizás casi nunca, lo consigo.
    Por cierto, y hablando de este blog puesto que en este blog estamos, no sé si a ustedes les pasa pero a mí me ocurre que tan pronto echo la vista encima aunque sea sólo al primer renglón de un comentario ya le he puesto una cara al que lo escribe. Una cara y un porte. Un tono de voz y un gesto. Y una postura, en su asiento y frente a la vida.
    A medida que al leer voy avanzando toda esa configuración puede irse modificando o afianzando, de manera que cuando llego al punto último de su escrito tengo, sin poder o sin saberlo evitar y por los restos, el retrato en que lo reconoceré en cualquier otro comentario.
    Y es mi retrato, el que yo le fabrico a esa persona lo que me vale, sin reparar siquiera en qué nombre esté utilizando. Lo es a tal extremo que ya sea por la distribución de los puntos o las comas, ya por el tono pausado o vehemente, dubitativo o arrojado, ya porque se me antoje joven o viejo o maestro de escuela o diplomático, me empecino y me obstino en detectar (o en imaginar que detecto) tras distintos pseudónimos a un mismo participante. Un mismo participante que, de una vez para otra, puede estar haciendo afirmaciones del todo dispares.
    Pero es que cada vez que uno se aplica a agarrar la pluma —qué pluma, en estos tiempos, pero por no dejar tachones léase cada vez que se aplica uno a escribir — ya se está volviendo un poco escritor. Y todo escritor, es sabido, miente más que habla. Y que es como debe de ser, por otra parte, pues es lo suyo el escribir más que el hablar.
    ¿Habría que afirmar por ello que toda la literatura es mentira?
    La verdad y la mentira de la Verdad en grande no radica, o no siempre y considerando que me estoy refiriendo al escritor de ficción — no al filósofo o al científico o al historiador que en qué cabeza cabría una afirmación, digamos, de que América fue descubierta en 1702 —, en las palabras y sí más y como ya han apuntado algunos de ustedes en los comentarios últimos en qué está conteniéndose entre ellas, deslizándose por entre los renglones y serpenteando por entre los puntos y las comas y…
    En fin, que creo que tienen ustedes un buen blog. Y que aunque participe poco y de tarde en tarde y no ajustándome siempre y en puridad al guión seguiré visitándolos con asiduidad.

sábado, 27 de noviembre de 2010

A Cascabel

Tienes razón, pero se ve muy pequeño. Creo que el bueno de verdad va a ser... Pincha en tu nombre otra vez.
Yo no utilizo jamás la cafetera. Sabes de sobra que sólo tomo té.

viernes, 26 de noviembre de 2010

A ver qué pasa

De momento nada. Tengo que esperar.

Coralinos retruécanos

Coralinos retruécanos de orgiásticos, simbióticos bramidos persiguiendo, intrépidos,  acelerados estrambotes erráticos de apócrifos barruntos de sincrónicos exultos de modélicos trasuntos de mitómanos andares a derivas de pasiones ocultas o despóticas o inhóspitos, famélicos presuntos engreimientos de inocencia esclareciendo, lejos, a la desesperada, insospechados argumentos despechados al socaire de despliegues de extensas, extremadas experiencias anoréxicas  coetáneas de las inclemencias de un tiempo pasado por agendas saturadas del numen ominoso de indolencias muñidas de risibles insurgencias impertérritas; son, si se los escruta, corrosiones cariacontecidas de calcáreas, calamitosas concurrencias de opresiones que, insolentes, se solapan tras los pliegues refrendados de paupérrimas, daltónicas conspiraciones de arrogantes, impúdicos desenterrados sufrimientos que, ultrajados, circunscritos al mundo de los horrores y del miedo, se dejan constreñir insomnes por la indolencia brutal, violenta, despiadada,  de un tedio irreverente por perverso.

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Marquito 1

viernes, 19 de noviembre de 2010

Intervalo

El puerto de embarque del sol naciente fue vaticinado por el hijo pequeño de la noche estrellada — tachonada de la reverberación del bailoteo, del taconear bullicioso de constelaciones que le martilleaba en las sienes plateadas —  un amanecer de primavera en que se hallaba ella, como era su costumbre, apartando los rincones todavía en penumbra que habían ido dejando caer indolentes, despaciosas, aquí y allá por entre enanas y rastros de cometas, las horas que la madrugada se obstinaba en reclamar como suyas, de su propiedad y de su sangre, por las que  desde la posición de madre amantísima que se arrogaba  aseguraba a quien quisiera oírla que estaba dispuesta a dejarse matar, cortar los rayos más rutilantes de cualquiera de los luceros de los distintos albas de sus más variopintos y menos imaginables mundos o, si le dieran a elegir, a contemplar impasible cómo Andrómeda y El Cisne brindaban un poco achispados con el último whisky con soda antes de batirse en retirada.
Siempre le había parecido bastante estúpida aquella criatura pálida que se agarraba de sus faldas, asustado el muy tonto de adentrarse en el nuevo día.
¡Si ella pudiera!
Se enderezó con una cierta dificultad y una verdadera sinfonía de crujidos de sus pobres y tan cansados huesos;  y caminó despacio hasta el borde de su universo con las manos, tan nudosas, cargadas de pesadillas que miró cómo revoloteaban antes de perderse en el vacío de aquel otro lado de la nada.  
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                                              Más transgresiones

domingo, 14 de noviembre de 2010

Suave agitar de espadas

Suave agitar de espadas amorosas rozando apenas las comisuras tenues de lúdicas cruzadas de trazados  finos imperceptibles curvos o ilegibles o espantados ojos mirando, a lo lejos, los escorzos sesgados en la arena de desiertos sin huellas de los pasos estrechos casi angostos desfilando los bordes sin ranuras de cumbres sobre abismos de ignorancias que se ríen, a horcajadas, arañando con ojos aflautados los sones acabados en andantes festivos alegrando de  ligeras miradas intrincadas de rasgos definidos toscamente por sutiles colmillos que se encuentran; clavado en las carnes de cañones lanzando el silencio futuro de apagadas cenizas de felices salvas.
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Colorido

Encuentros perdidos

On the rocks
Encuentros perdidos en lugares olvidados poblados de imágenes borrosas que se han ido poco a poco diluyendo en vapores blanquecinos, esponjosos o humeantes, desprendiendo aromas edulcorados de futuros hallazgos misteriosos de objetos de deseos adormilados aguardando el destierro de los nuevos iconos representando dioses de culturas ignorantes de que  a la vuelta de tuerca de cada descubrimiento se abrirán inquietantes perspectivas insólitas mostrando fragmentos escondidos en leyendas arropadas en gráficos incomprensibles trazando el devenir y posterior descuido de todo un periodo de tiempo sin marcar en los registros de instituciones encargadas de dar fe, o quitar importancia, a acontecimientos acaecidos en nombre de impaciencias acuciando a trasferir poderes ocultos en raíces nudosas, doloridas como dedos de anciano, murmurando, en soliloquios de demencia, plegarias invocando piedades que se abisman en sus propios despojos de perdones concedidos a cambio de promesas.

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Hojas, gotas, notas, motas, briznas

Eran las hojas secas que encontrase en una caja de porcelana decorada con motivos errados  que trazó una mente disparatada llevando la mano dubitativa, temblorosa, de la niña que fue vieja algún día, ya lejano,  de un otoño cercano a aquel invierno previo a la última primavera que trascurrió con flores en los búcaros que, ya desde el siguiente verano, permanecieron para siempre vacíos y arrinconados.
Eran las gotas de lluvia que había visto caer desde los ojos de las estatuas impertérritas que, tras surcar lentas despaciosas mejillas en su busca de la tierra en que enjugarse, conjugaron su sal con la pimienta especie de aderezo en que se envuelven los recuerdos saturados de tristeza hasta el extremo de no admitir ni un solo grano más ya sea negra ya blanca.   
Eran las notas que febriles, arrancadas de teclados y de laudes y de arpas, escuchara amontonarse entre las páginas de libros de familias que fueron desfilando por aquellos senderos camino de lugares en que hallaran espacios donde poder después de tanto tiempo separarse, desprenderse del aspecto de recetas tomadas sin más fin que consignar los ingredientes de un conjuro o una tarta.
Eran las motas de un polvo de estrellas apagadas hacía siglos adherido a los cristales de ventanas a las que ya había olvidado cuando había visto por última vez que se asomase alguien respondiendo a la llamada de otro alguien reclamando la presencia de ningún rostro adorado.
Eran las pocas briznas de los restos que rescató de un mundo que conservaba apenas algún retazo ajado del alma de unas gentes asustadas que vivieron pensando que creyendo que existiría un mañana se estaban entregando en brazos de la nada y, ahora, despertaban asombradas.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Vuelos nublados rodando

Vuelos nublados rodando en cúmulos de nefastas imponentes inclemencias nimbadas de somnolencias amodorradas en fuentes que rebasan sinsabores o amarguras o  los áridos surcos curvados de incautos procederes engañosos disfrazados de promesas de recuerdos que no encuentran acomodo en la conciencia ni en las cárceles selladas de lacres en las miradas oscuras de andanzas calmas derrotando la espesura de bosquejos arrollados por el intrépido arrojo de cuentos almibarados narrando historias absurdas de gentes que buscan cimas en que encaramar sus necias ensoñaciones melifluas; arrastran sus alas blancas  por el lodo o por la escarcha aterida de redobles de redoblados esfuerzos por recuperar la extraña, despreciada, desmentida dignidad que se denigra en nombre de conveniencias que se revelan cautivas.
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Mandala (63)

lunes, 1 de noviembre de 2010

Lentos lamentos limítrofes

Lentos lamentos limítrofes con la lontananza laminada de limusinas deslizándose indolentes por las lindes idílicas de aleteantes texturas saturadas de muselinas ondulando livianas en el alienado aliento tumefacto de alucinantes tentaciones tendentes a desterrar del tumulto distorsionado de infracciones segmentadas en ínfimos atolondrados pareceres de aprendidos u olvidados atracones de reflujos reflejándose en los fulgores rectilíneos de altavoces pregonando aleluyas desflecados de premuras inculpadas de púdicas, invertebradas hopalandas, calibran y ululando descalabran la modélica en estragos indulgencia de los que, al amparo de impertérritos arrobos, se estragan, o se arrullan, o se ensalman.
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Schweppes

viernes, 29 de octubre de 2010

No le digas a la gente las cosas que a mí me cuentas

No le digas a las gentes las cosas que a mí me cuentas, porque pensarán que estamos loquitos de las cabezas.
No te subas a las parras en tardes de primavera, que las parras son muy altas y muy chicas nuestras penas.
No te vayas por las nubes en noches de invierno frías, porque las nubes descargan cuando menos te lo esperas y te darás un porrazo sin ni tiempo a darte cuenta.
No te líes si te acaloras con la manta la cabeza, que la cabeza precisa de verse bien descubierta para entender lo que pasa cuando te agobia la pena.
No lances tu voz al aire sin saber qué estás diciendo, porque el viento se la lleva y la hace resonar lejos y las palabras terminan convertidas en lamentos.
No te metas en dibujos si no sabes lo que pintas, que los trazos son traidores y derriban de un plumazo todo un año de cuidados en diseñar sendas ricas en pisadas que se pierden en cuantito no las miras.
No te subas a la parra, no te vayas por las nubes, no te líes si te acaloras con la manta la cabeza, ni lances tu voz al aire ni te metas en dibujos; pero sobre todo niña no le digas a la gente las cosas que a mí me cuentas porque pensarán que estamos loquitos de las cabezas.
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lunes, 25 de octubre de 2010

Insano azul de cielos arrasados

Insano azul de cielos arrasados al resplandor de oríflamos velámenes envueltos en nácares de agrestes casamientos gozosos de bastiones, esbeltos, sincopados, ostentosos de calma y de inconsciencia exótica de próximos indultos a pesares cruzados de cimborios osando rayar con su consuelo grandes arrobos de nuevos altos vuelos que se culminan más allá del gracejo, ágil de gris, sonado de trompetas, o sin dolor a nada que sea ausencia, descomponer las turbas de las huestes de tanto amor como amenaza alzarse contra la faz de negro augurio hilando su fino ardid contra la mar de encantos.
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Composición 3

Estampas de impresiones que se graban

Estampas de impresiones que se graban en el santo sentir del alma orlada de inhumación de exequias oficiadas por torbellinos de azar y del zarpar de rótulos que muestran en sus frágiles cinturas el consternar espíritus de abejas que, acantiladas en cumbres esmeradas por el color subido en escaleras de castillos que guardan en sus torres los acordes del ulular de miles de flamencos que se peinan bajo el verdor de estrofas cuernilargas rogando a su señor que les de alas, desentierran con sus uñas afiladas versos de amor y cuentas de rosarios.
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Marquito 10

domingo, 24 de octubre de 2010

Díselo a quien quiera oírlo

Díselo a quien quiera oírlo, muéstralo a quien quiera verlo, arráncalos de su sueño y lánzalos al vacío, a la nada y dales luego la vuelta por el camino por el que ya no recuerden de dónde vinieron luego ni adónde llegarán antes de que los zarandee el día en que despertarán muertos al olvido de ambiciones que les trajeron tristezas y voluntades perdidas en arrogarse derechos que no llevaban consigo más que delirios de hambrientos desterrados de sus almas a errar ciegos por sus vidas.
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sábado, 23 de octubre de 2010

Alma de azar y juego de insolente

Alma de azar y juego de insolente menospreciar el riesgo del adusto ciego envidar contra sólidos baldones preñados, hasta la saciedad y burda inquina, de imputación purulenta y pestífera de acotación restringiendo pericias de deliciosas delincuentes malnacidas irreverencias a acrisoladas restricciones invalidando el cálido frescor de canto alzándose por sobre el crepitar de ramas secas perdidas para estragadas, vomitivas, nauseabundas ilustres esclarecidas causas.
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Pares de a tres partidas

Pares de a tres partidas por su centro, eje de apuestas lanzadas sobre el fango de siniestras vergonzantes propuestas, de dados a inclemente consistencia inagotable de perfidia y enteca pubertad que rompe amarras rumbo sin fin a inusitadas concurrencias de nunca aquí, no más adulación a dictadores humillantes cultos a sangrientos insaciables dioses, y sí un honrar la libertad que desconoce amputación brutal de la aniquilación de la indulgencia que salvará de su prisión la mente abierta.
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Oropéndolas de vértices oblongos

Oropéndolas de vértices oblongos ensimismando inculpaciones articuladas de pretiles profundos de miradas virginales, inopinadas, reclinatorias perpetrando curvaturas de rígidos, coloreados de locura ornitorrincos azulados de cansinos correveidiles encabritados asteriscos incrustando, reverdeciendo en torbellinos que se bifurcan o se escurren o se encuentran en las libranzas custodiando damiselas acorazadas de muselinas y ostras con sus perlas.
*
Y en los intrépidos, acompasados tabernáculos de amorfas privaciones de escalpelos arrinconando en caústicas primicias de inteligentes anaranjados caramillos acicalando, aleteando innumerables móviles ocultos o esperanzados, indubitables asertos de areniscos trópicos trastabillando anónimos ribazos de colofón, destino atemperado de humanidad enorme y exculpada.
*
O en armazón hirsuto de cornejas azucaradas de pálido estertor amplificado en mórbidas, melifluas calamidades que emponzoñan o contagian o apalancan en bandejas de musgo añil clavado en la indolencia de días sin luz hipando a la deriva dorada de inspiración dolosa de permisos, exangües, en su arcano estupor, de arrepentidas piltrafas de armonías.
*
Para, al final, enarbolados de cariacontecida bisoñez morosa, trepidante de fatuidad incorregibles de inmolaciones en piras bautismales enrarecidas de humores indolentes acompasando bravuras o desnudos encantos de descarnado encogimiento derretido, colonizar de anémicos platinos escapándose de la alta voz, clara pero hacendosa, de inhalación o hilaridad o recia sorna.

 

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viernes, 22 de octubre de 2010

Estragos que inspiran ínclitas

Estragos que instigan ínclitas inspiraciones insípidas de inconstancia y de la impávida intención  inconsistente de  inválidas inmanencias invitando a convertirse, en su insoportable inercia, en conveniencia casuística o en casualidad congénita a la inviolable elocuencia de la invicta omnipresencia de  viabilidad extrínseca  a convergencias mortíferas destructivas e informáticas deformadas de perfiles enmarcando las famélicas sugestiones de cautelas inmolando en su estancado sedimento de inclemencia al inesperado halo que orlará su permanencia en el mundo de las ninfas, las musas y otras promesas; incurrirán, inconscientes, en insufrible inanía o imperdonable torpeza.
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jueves, 21 de octubre de 2010

Atolondradas alondras

Atolondradas alondras de alas del color del hierro taladran en sus volares voluntades de requiebros que pronuncian precursores de redondillas y raudos ribetes de rododendros arramillados en rápidos rimbombantes esperpénticos arrellanados romances de  rumoroso argumento de retinas que retienen en su reflejo de rótulos rutilantes de reveses los recónditos rubores de resabiada rareza de rubicundos roedores.
Y reverdecen los raudos enraizados retrocesos de restallantes retruécanos de rumbos arremetiendo contra los rígidos recios recubrimientos de errática restauración de arquetípicos repetidos reputados arrumbados rudimentos que derrochan infracciones de fragores de aromáticos primores tan harapientos de atrocidades feroces rasgando el arrobamiento.
Pero recuerdan fugaces los frágiles alfeñiques que no retumba en el trémulo arrumaco del las fuentes el ferruginoso apócrifo derramamiento de alérgicos estornudos de filántropos fervorosos afincados en los contornos del álgido helador ribazo angosto de los arroyuelos lúdicos que regalan con su arresto remilgos para doncellas y apresto a los caballeros.
Y reconocen horrores los afamados rencores de estentóreos arbotantes de las torres de imbricadas trenzadas interacciones de raciocinio de ralas de entrometidas e informes arremangadas raleas de hieráticas presiones que no reprueban ni arrogan infracciones de funestos petroglifos afinando sus errores a la sombra de permutas repicando en los ruedos de sus goznes.

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Palabras de amor diciendo

Palabras de amor diciendo me desdeñaste y te quise y lamentando traiciones y doliéndose de ausencias y reclamando perdones y protestando ternuras y pretextando indolencias negligencias y otros sones que resuenan machacones pronunciados por frustrados amadores de ilusiones que no cristalizan nunca en realidades ni en nombres de gentes de carne y hueso y de sangre en surtidores de venas por las que corra otro aliento ni otro asombro que el que causa la escondida sensación de no haber nunca experimentado apenas otra pena que la huidiza del favor con que se obstina la persecución ansiosa de dar al dolor huida.
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miércoles, 20 de octubre de 2010

¿Es verdad la verdad?

   


Apartando cortinas que tamizan nostalgias con hilachas de rayos desgajados de un tiempo en que se aovillan yertos los olvidos del pacto  traicionado entre un antes y un después que se enfrentan a protestas de un día prometiendo que  siempre tu amistad iba a ser mía, te vigilo, mi amiga.


Te vigilo, en mis sueños, cuando sé al despertarme que he soñado contigo; te vigilo en mis gestos cuando al mover mis manos reconozco en mis dedos cómo están coreando gestos de ti aprendidos; te vigilo en palabras que alguna vez has dicho y que a pesar del tiempo es tu voz la que escucho cuando yo las repito.


Te vigilo  velando por tus sueños  perdidos  sobre estratos de escuálidos cortejos de resquicios de excelencias doblando  su cerviz dolorida  vencida por el peso de necias contumacias que obnubilan tu vista.


Te vigilo en tus sueños, cuando sueño contigo;  y los miro ateridos, y se ocultan informes en un rincón perdido no lo bastante inhóspito ni lo nada querido por intentos de erráticos andares a derivas de evocaciones locas que a solas se musitan haber encomendado guardar a buen recaudo omisiones de tantos ayeres condenados al hedor penetrante de la tonta ignorancia que se engolfa en su furia de enconada estulticia.


Te vigilo y te guardo, en mi memoria, amiga;  y le sigo la pista  en mis sueños amiga  a los pasos que llevan más allá de la vida donde mueren errores y tendrá fin la rígida cerrazón que rechaza, con tu muda acogida, amistad que fue enseña de qué vale en la vida no negar qué fue cierto y no apenas  un trato que se rompe y se olvida.

martes, 19 de octubre de 2010

Eco lejano de tempestad aproximándose

Eco lejano de tempestad aproximándose, alerta,  despacio y en la sombra que le presta en su blandura la efervescente quietud del astronómico ingente desgarrado tropo agónico de rugir y de bramidos angustiosos de gargantas que cortan al unísono cuchillos de pasiones inflamadas de destierros de sílabas que escapan, inconexas, sin tono ni cadencia ni descanso, de ansioso deplorable y denostado atenazar incompresible, incomprendido, inmaculado de negro azar o de jamás honrado o presentido placer que se hallará  en el  no ansiar el algo, que arrollando,  deplorará  qué quiso la memoria conservar en algún hito de su ocaso.
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lunes, 18 de octubre de 2010

Labios susurrando cuentos

Labios susurrando cuentos o entonando  silvas y arias de princesas encantadas y de príncipes azules y de brujas y de hadas y de duendes saltarines y de enanitos en bosques y de bosques con sus brumas y de mares con sus blancas olas que mueven espumas y espumas de nubes altas y altas torres con almenas y almenas que guardan pálidas damiselas que recuerdan a aquel que quiera pensarlas que en el mundo en que vivimos tan razonable y tan práctico ya no hay lugar para duendes ni encantamientos ni hadas y los príncipes no existen y tampoco quedan damas que esperen de sus amantes que vayan a despertarlas con cánticos ni motetes ni redondillas ni gaitas porque las mozas ya saben que dejaron de ser damas cuando dejaron que ellos dejaran de venerarlas; hoy ya permanecen mudos, hoy ya no cuentan ni cantan, ni susurran ni relatan historias de torpes lances  de muchachas hechizadas por los requiebros de zánganos que sólo quieren folgárselas.
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domingo, 17 de octubre de 2010

En qué rincón de qué enraizada flama

¿En qué rincón de qué enraizada flama, en qué esforzado intento por desterrar el hambre, el ansia de venganza; en qué latitud hacia la que dirigir el ardor en que se engolfa y empecina el pensamiento encabritado por el impulso que lo embota, hace romos sus filos y lo priva de la afición  con que se entregaría a la observancia tenida en calma y cuenta de que no rinde beneficio a su prudencia el fuego del fragor a que se entrega, enterrará las armas la virtud del profano en la esforzada lid de la templanza amedrentada, temerosa del atronador agitar con que la espantan antes de batirse en retirada?
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Marquito v

Palpitar de latidos de otras vidas

Palpitar de latidos de otras vidas que alentarán alguna vez en otras gentes recorriendo  los caminos transitados por retazos de pasados que no fueron futuros desenlaces inconclusos de pasos que se dieron no sin miedo ni con ardor de hallar punto de encuentro, de conjunción de vida y pensamiento, de compulsión desterrando invenciones de mundos habitados por extraños reflejos de ellos mismos; sacudirá el pavoroso sopor de tanto insomnio como negó al saber que habrá otros tiempos en otros lugares y otros días en que el vivir no será pesadilla.
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Mandala (66)

sábado, 16 de octubre de 2010

Impulsos

Entre los muchos impulsos que empujan al alma humana a buscar en sus arranques  pulsiones que la encaminen a satisfacer placeres ya del cuerpo ya del ánimo ya del sentido que rige la estética de los gestos, de los actos, de las corrientes ocultas que bajo la piel se mueven, cabe mencionarse acaso los intentos bienhadados por no incurrir en equívocos, confundidos intereses que engañen a los preclaros  verdaderos pareceres de perecederos síntomas enfermizos de quereres que sin querer se embarrancan y se traban y al fin mueren entre la densa hojarasca que en su arrastrar los envuelve en marañas de aflicciones y en malezas de malquistas ambiciosas desbocadas mortíferas  torpes redes.
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Mandala (78)

Si esperas que descienda hasta tus dedos

Si esperas que descienda hasta tus dedos el rayo que ilumine en lo recóndito del cálido atesorar desencantado, intrascendente, estilográfico, circunvolútico expresar puesto en razones ya sólidas ya regias de  andares a derivas de vocablos analgésicos de ensueños engañosos de qué intrépidos inconformistas desafueros disfrazados de revelación de grande enigma añoso y ampuloso vuelo; las trémulas visiones de mistéricas inexplicadas tentaciones de hollar, hendir, cortar, romper amarras que trabándose al sentir agostan los alientos del saber, exhalarán su suspiro postrero.
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viernes, 15 de octubre de 2010

La mecedora



Era un hombre con una sombra caediza, ciega, vehemente y errabunda porque en su interior moraba una mecedora vacía que se negaba a ni tan sólo dirigirle la palabra más allá de muy, muy ocasionalmente y siempre bajo condiciones muy especiales, con disimulo y como queriendo dar a entender no haber reparado en su presencia, alguna pelotita de papel como jugando que, procuraba, pasara cerca, lo más cerca posible de su hombro o de la punta de su nariz, pero sin causarle un daño que, lo sabía, habría resultado irreparable porque ― se preguntaba con cierta frecuencia ― ¿quién podría reparar un daño semejante?

Alguna vez, mientras el sol caía, se planteó detenerse a pensar, cavilar, tallar, pulir,  la posibilidad de  formular a sus vecinos la pregunta de si conocían o tenían aunque fuese muy remota e incluso casi inaccesible noticia que fuese posible ir a buscar aunque hubiera que montar en globo de no importaba qué artesano que accediese a, cediendo a ruegos y aun si se hiciera  necesario a sobornos, provisto de sus conocimientos y de su  caja  de herramientas venirse hasta su desasosiego y desasirlo, quitarle los anclajes con delicadeza y liberarlo para ― separado de ataduras ni de vínculos que pudieran con la manipulación afectar a otros duelos  ― aplicarle los remedios pertinentes y volver a colocarlo allá donde debía doler con nuevo y remozado brío o, caso de que no resultase viable andar derrochando tanta contemplación y tanto mimo, arrancarlo, de cuajo y sin más, y asunto terminado.

Pero ninguna de las promiscuas, desvergonzadas veces que se le quisieron mostrar como la más deseable y seductora de toda una larguísima hilera de ocasiones que desfilo ante su mirada brindándole la oportunidad de detenerse resultó de su agrado ni excitó su deseo de utilizarla para labor tan esmerada como lo había de ser, sin duda, la elaboración de un planteamiento tan fino y tan preciso como tenía que serlo la cavilación, talla y pulido  de una posibilidad que se adecuara a la formulación de una pregunta tan susceptible de ser mal comprendida y, por tanto, inadecuada o erróneamente respondida.

Había, por tanto, que pensar en otra cosa o urdir otro plan menos viable o no tan susceptible de ser llevado a cabo y rematado, finiquitado, aniquilado y consumido y arrasado y arruinado por la presencia de ― dudo en su tribular  si sería oportuno el conceder a su aflicción  un toque de poesía, pero cedió ― quién podría saber qué ignota inesperada presencia de nubecilla aviesa que, inoportuna y henchida de arrogancia  si no y puestos a las malas de algo mucho peor, embargaría todo su tan mutable, huidizo y vulnerable ser de redoblada aprensión.

Así que, de detenerse, nada. Nada de propia iniciativa o a simple voluntad a menos que;  pero los dioses no parecían predispuestos a ofrecer su perfil más amable o, viérase ― a quien quisiera mirarlos ― los rosales con toda su cohorte de espinas aguardando, taimadas, amenazantes recostados contra el muro de poniente agazapado a sus espaldas.

Y, en cuanto a los vecinos… “¿qué vecinos?” ― rezongó, en tono desabrido cargado de recriminación con comentarios añadidos de la índole de “sabes de sobra que siempre fuiste un viejo solitario e intratable y…” Pero mejor dejar eso y aplicarse a seguir con lo suyo; sus pesquisas para encontrar antes de que fuera demasiado tarde una solución, vía de escape, algo.

Hizo otra pelotilla de papel e iba a lanzarla, con intención esta vez de dar en el blanco, pero…

Convenía no precipitarse, conservar la serenidad mientras hubiese tiempo y, luego, si todo fallaba, ya vería…

“Porque, vamos a ver ― se preguntó ―, ¿qué ganas tú con despertar al monstruo?”

Y se explicó con muy buenas razones y un derroche de argumentos bien sentados que si el mostruo despertaba, con la que estaba cayendo a aquellas horas de aquella tarde de aquel hermoso y tan radiante día,  “tú ― para sí ― no vivirás para contarlo” porque, como era de esperar, se marcharía a otro lugar más o por lo menos no tan…

“Claro que «mañana será otro día», dijo Escarlata O´Hara”, meditó.

Se sopló los pelos del flequillo pegados al sudor de la frente y siguió con sus cábalas considerando, ahora, qué sucedería si el monstruo no despertaba.

Si el monstruo no despertaba ― recordó los rosales ― la amenaza se haría más cercana, más inminente a medida que la tarde avanzaba “y tú no tienes gana, ¿verdad?, de ver tu integridad torcida, ladeada, espachurrada contra el muro recalentado y surcada de los arañazos en que se prodigarán inclementes las malvadas espinas”.

Y no, no tenía gana.

Y porque no tenía gana se animó a tomar la iniciativa. Y apretó la pelota de papel entre sus dedos y entornó sus ojillos sin vista; y apuntó a su objetivo y la lanzó, por fin, y dio en el blanco.

“¡Maldita mala sombra!” protesto al despertar sobresaltado  el hombre.

Y el monstruo se frotó con el dorso de su mano la nariz.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Trasuntos de esperpentos aflorando

Trasuntos de esperpentos aflorando con ínfulas de arrobos encendidos del llamear purulento de holocaustos de encuentros que se desorientaran si hubiesen de encaminarse tras los pasos de posos de infundados minifundios desiertos de escarnios ni de invictas manadas de inclemencias aturdidas de placeres o infames rarezas que erradican el patetismo hipnóticos  de improntas talladas a punta de alfileres prendidos por sorpresa y sin espanto de prendas desterradas del almario del encanto escueto saturado del no más perjurar que ya ha borrado del recuerdo del musgo y de los limos el para qué de un insensato llanto derretido en mejillas surcadas como mares por estelas sembradas de rocío; desmienten, con su agravio, el mal vencido.
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Onerosas amorosas glamurosas

Onerosas amorosas glamurosas insidiosas historias de desamores y de humores que se engolfan en golfantes engañifas que desmañadas se ensañan en domeñar la añoranza de los halagüeños años que tiñeron con sus sueños el tañer de desengaños y niñerías y ñoñeces añejas de ensoñaciones acuñan junto a la entraña de su extrañeza de antaño el otoñal clamoroso desenvolver de su añeja envoltura de bruñidas enseñas de señoríos riñendo por sus roñosas milongas de saña y cuentos preñados  de añosas coñas.
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Dicen

Dicen los que conservaron memoria para narrarlo que fueron tiempos de azules estelas sobre los campos de siembras de malas artes y no mejores acasos encendidos en las sienes de plata de las angostas inteligencias mermadas que acuñaron en sus torvas concepciones lujuriosas de míseras turbas sordas a qué clamaban los sabios, a qué rogaban las prontas oraciones de los pocos que conservaron la calma que tiñó  de verde o rosa o de azul o de amarillo las malhadadas escorias de regias funestas pompas preceptos de pleitesía de sumisión y deshonra a los pies de los caballos de las hordas de la historia.
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