miércoles, 14 de abril de 2010

Texto 1.16

Publicado por  el abr 14, 2010 en Primer mensaje. La realidad incompleta

1.16 “Bolas de ceniza de antiguas hogueras taponan los oídos e impiden escuchar el silbo de los ángeles. Porque hay un ángel que porta una copa para fundir los miedos y lavar la sangre para regar nuevos paisajes. Y acecha un traidor que tiene tu misma cara y tu mirada de hace un momento, un clon que ocupa el espacio de donde vienes, que quiere que te pares, que te detengas, que pretende que sigas siendo él, que le da terror desaparecer”.

Cualquiera
19 abril, 2010
En medio de guerras, o desastres, o hambrunas, las personas buscan cualquier resquicio por entre la miseria y los escombros, un asidero al que agarrarse y lograr una pequeña porción de lo que ante cada circunstancia pueda estar representando aunque nada más sea una pobre brizna de felicidad.
Todos, cada ser humano, tenemos como prioridad nuestra propia felicidad hasta el extremo de que, si la felicidad fuese un bien tangible, algo que se pudiera obtener mediante estrategias o sobornos, o incluso por la fuerza, seríamos capaces de matar para obtenerla.
Unos piensan que la felicidad la da el dinero, otros piensan que el amor; todos que la felicidad consiste en que nuestro entorno y nuestros intereses y nuestros afectos estén en orden y que la vida discurra y se adecúe a la medida de nuestros deseos.
Sorprende qué pocos somos movidos por el sueño, inalcanzable o reservado para unos cuantos elegidos (entre los que por qué habríamos de contarnos), de la inmortalidad. A lo mejor sí por deseos de eterna juventud (mientras la vida dure), o de belleza, o de poder, o de prestigio o de fama, pero siempre aquí y ahora y rara vez enfocado a un después en el que el “yo” no tenga ya nada que ganar o perder a menos, claro, que se sea de los que creen que el existir es una sucesión de vidas por las que transitamos portando cada cual bajo el brazo nuestro libro de caja, registrado en él nuestro balance de “esto se me debe y me lo cobraré en la próxima” o “esto voy a deberlo”.
¿Serían buenos los buenos si no fuese bajo la presión de la prudencia?
Cuando decimos EVOLUCIÓN, ¿en qué estamos pensando?, ¿en qué suponemos que consiste más allá de en atesorar conocimientos, o bondad, o en despertar la admiración de otros que andan más rezagados?
A veces la búsqueda de la ansiada evolución se me representa como la lucha de la gorda impenitente contra la báscula a la que se encarama, cada mañana, para comprobar si el hambre que pasó ayer ha servido para perder cincuenta gramos. Quiero decir, como una obsesión, como un afán desmesurado por “mi evolución” y, a todo lo demás, que le den morcilla.
No sé, pero me barrunto que tiramos piedras muchas veces contra nuestro tejado.
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Afrodita
27 abril, 2010
Anónimo; yo también veo poquísimo la televisión. Le expresión “madre de la Pantoja” se acuñó en tono coloquial hace bastantes años, cuando la Pantoja (y yo también) era jovencita y su madre siempre la acompañaba en sus actuaciones, pendiente y cuidadosa de ella en todo momento.
He querido decir que el autor no necesita que nadie lo defienda.
Me atrevo a asegurar que tampoco busca, como he leído en algún otro comentario, recibir ningún tipo de halago.
Es cierto que los textos son difíciles de comentar, pero también es cierto que ante cualquier tipo de mensaje (o tal vez ante cualquier tipo de estímulo) se experimenta alguna sensación y se pretende, entiendo, plasmar qué se ha sentido o qué dicho estímulo ha suscitado aunque no siempre se tengan todas consigo al intentarlo.
Los personas somos, afortunadamente, diversas y dispares y variopintas y, cada cual con su forma de manifestar su “yo” (o el “yo” en el que cada cual se reconoce aunque quién puede saber si está siendo el verdadero o el deseado), se esmera por clarificar lo que en ocasiones está tal vez bastante oscuro. Pero se intenta y, ¿qué hay de malo en ello?
Si eres como dices, Icono-plasta, lector más o menos asiduo del blog ya habrás visto que entre los habituales tenemos nuestros más y nuestros menos, y nuestros desacuerdos e incluso roces, y tú, por supuesto, tienes tanto derecho a participar como cualquier otro, y a disentir, pero, ¿es imprescindible que lo hagas en forma tan ácida?
En cuanto a lo de mi protagonismo es verdad que intervengo muchas veces; pero mucho más nutriéndome de qué comentan los demás que aportando algo brillante. Estaría encantada de que servirme de tus comentarios, como de tantos otros, para ir modelando poco a poco mi pensamiento y mi entender; y para ir puliendo las aristas a veces un tanto cortantes de mis criterios.

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