martes, 30 de noviembre de 2010

Texto 2.10

Publicado por  el nov 30, 2010 en Prólogo a la segunda carta. En busca de los sueños

2.10 “Los antiguos brahmanes ya sabían que con sólo el movimiento de una mano se produce un cambio de estado y se modifica la actitud. Estas posturas a veces estáticas o dinámicas los mudras acompañadas de respiraciones rítmicas y precisas que algunas de ellas están marcadamente presentes en todas las iconografías existentes producen unos resultados sorprendentes. No de una manera tan precisa, quizá a veces de forma intuitiva o heredada de viejos cultos, también son utilizadas habitualmente como forma de rito o rezo social; todo ello tendría una importancia relativa si los movimientos automáticos reflejos más allá del ejemplo de la mano no estuvieran presentes en la conducta habitual de todos los seres humanos. Cada pueblo es adicto a determinados movimientos y posturas, incluso a una específica forma de mirar. Son rasgos propios de sus raíces culturales, sus ritmos, sus danzas, sus pictogramas, su idioma… y tantas cosas más”.

Afrodita
3 diciembre, 2010
Retama, me temo que el planteamiento que haces en tu párrafo “a lo mejor estamos entrando a través de palabras, como globalización, reciclaje, solidarios, ya se empieza a oír también responsabilidad, en conceptos que nos puedan llevar planteamientos más amplios, más globales, a plantearnos la necesidad de ensuciar lo menos posible el aire para no dar trabajo a los demás, porque si como parece todos estamos interconectados los demás también somos nosotros mismos.” no es el acertado.
Globalización, reciclaje, solidarios y responsabilidad son palabras que se han apropiado los políticos (con independencia de que atendiendo a su contenido de origen puedan ser muy encomiables) que las utilizan muy engoladamente pero también muy a su aire, quedándose en la superficie de las cosas como si un mundo mejor fuera a ser aquel en el que todos fuésemos muy modosos y depositáramos los desechos, con mucha pulcritud, cada cual en su correspondiente contenedor. Ser responsable se ha convertido en ser obediente a las tontadas con las que nos marean.
No es un paquete de tabaco vacío que tiras al suelo (aunque no deba hacerse) lo que malea el aire que respiramos; ni lo malea tampoco el humo del cigarrillo que puedas fumarte por mucho que nos quieran lavar el cerebro — y la cara a su memez — con advertencias y prohibiciones.
No es ese tipo de cosas, no ese tipo de “basura” lo que ensucia el prana. Lo que de verdad lo enrarece son las tensiones, las frustraciones, las amarguras, los rencores, las antipatías, las envídias, las falsías, las mezquindades y (por resumir) las miserias que desparramamos cada vez que exhalamos una bocanada de aire.
En cuanto a lo de “no dar trabajo” somos el mundo que somos, y aun a nuestro pesar hemos de generar desecho y desperdicios… mientras seamos seres humanos — entiéndase —, que cuando seamos “otra cosa” ya será ese otro cantar que no escucharemos con nuestras orejas. Y en el mundo que somos, Retama, tiene que haber todo tipo de trabajos y todo tipo de personas dispuestas o capacitadas para hacer este trabajo o aquel otro.
¿Adónde iríamos a parar, te imaginas, si nadie quisiera desatrancara retretes?
Escuché una vez en la radio a un poeta que se dedicaba a hacerlo — y a gran escala, además, algo así como enormes pozos negros y cosas así —; y dijo que lo hacía contento porque estaba muy bien pagado, y con poco tiempo de trabajo obtenía, gracias a los elevados ingresos, mucho para dedicarlo a la poesía.
¿No es un planteamiento magnífico?
Así que, no, Retama; deja, sin empacho ni sentimiento de culpa, de preocuparte por una suciedad que no es la que nos mancha.
Y besos, que me da la sensación de mi misma de que me vas a percibir enfadada. Y no es así.
***
Qué-vedos?
6 diciembre, 2010
Primaveras ensartadas en los dientes de dragones sedientos de sangrantes rojos rayos de luz sin candescencia, enhiestos, rotos, devastados en campos de certezas de oscuro errar y traspasado herir, de sol, de hielo o del tremor del parco ver, desalentado hilar, tejer, tañer, trocar, trepar a los fondos sin flema ni fervor del más allá del fin de qué descompostura de cualquier fugaz, desconsolado adiós a tal morir y cual – de entre todos los pensables – parir, un nuevo “aquí”, un raro amar, un no más “mí”, ni “tú” ni “yo” ni nada afín a vacuo afán que apenas va a clavar en pos del no extinguir su ciego ardor que destruirá siendo aun en flor el vero azul de rumbos mil que llevarán al discernir el bien del mal saber causar cansancio atroz y nunca más volver a abrir los ojos al, perdido horror, viejo vagar, huero sentir que volverá a restituir algún lugar en que pació el olvidar que se es matriz del renacer al porvenir.
***
  1. Afrodita
    12 diciembre, 2010
    Hay veces que uno — o “una”, es decir en este caso yo o la que es conocida en este blog como Afrodita — tiene así ya de entrada y nada más verse frente a frente con el folio (que algún nombre hay que darle a esta cosa moderna que se llama tan ampulosamente “documento”) la sensación de que va a necesitar muchas palabras para expresar “to lo que lleva dentro”. Y me da un poco de corte porque ya en alguna ocasión se me ha recriminado el hacer comentarios muy largos que, por otra parte, me digo yo, a qué vienen esos agobios ni premuras, ni esa necesidad de aplicarse en ser conciso como si fuese a faltarnos papel…
    Lo siento, sí, por el Aventurero, que como todo el que está encargado de la administración de cualquier tipo de material se ve obligado a repasarlo, antes de publicarlo, para saber qué se trae entre manos; pero por los demás no. Los demás tan pronto me echéis el ojo encima seréis perfectamente libres de exclamar “¡¡¡Horror!!!” y, acto seguido, salir pitando.
    Pero es que esta vez hay muchas ideas, muchos pensamientos, muchas sugerencias y muchos matices que se me agolpan en mi pobre cabeza y necesito, de alguna manera, plasmar y enlazar unos con otros.
    Lo primero: que si el problema estaba en la palabra “prana” (quince veces en el hilo a fecha 12 de diciembre de 2010 12:55) ha venido a suceder como cuando en un cine un espectador cuchichea con su vecino, en voz muy baja, y lo que de verdad se acaba oyendo es el coro de voces instándolo a callar.
    Con lo segundo y lo tercero y lo siguiente no voy a llevar orden; no soy tan organizada. Y lo iré exponiendo un poco al revoltijo.
    Mandrágora, por ejemplo.
    No entendí, en una primera lectura, esta frase tuya, “Me ha ocurrido el caso de una amiga muy allegada, que se interesó en localizar mis intervenciones y darme su punto de vista, puesto que ya participa y es asidua en otros blogs, y me ha dado la callada por respuesta. Me lo puedo imaginar.”, pensé simplemente que estaba mal redactada.
    Luego, en una segunda lectura y llevando ya en mente los conceptos aportados por los comentarios posteriores de Despertar y de Manolo, e incorporando el ingrediente de tu frase “no solo en ser coherente conmigo ni ser muy veraz con mis ideas.” creo entender — y te puedo adelantar que también compartir y aplaudir — qué lo importante es qué se aporta, qué se promueve o despierta en los demás con un determinado comentario y con independencia de que lo escrito en él esté o no esté siendo fiel retrato del pensar o del sentir del que lo escribe.
    Con ese mismo criterio he de aplaudir también la intervención de Manolo cuando sacó el día 8, en sus palabras, “algo de mi vena provocadora”.
  2. Afrodita
    12 diciembre, 2010
    (Capítulo II)
    He de confesarte, Manolo, y aunque sólo fuera por una cuestión de cortesía, que yo te repliqué con “algo de mi vena respondona” (pero no la respondona del todo, que las tengo mucho más expresivas). Y es que me molestó, si he de decir la verdad. Y estuve durante unas quince horas dando vueltas a por qué habrías adoptado una actitud que se me antojó hiriente.
    Me sirvió —no obstante y a pesar de herirme — para, cuando tuve la idea de que podías estar siendo un Manolo recién llegado, darme cuenta de que como muy bien dices en tu último comentario personas muy leídas y muy buscadoras y muy versadas e infinitamente más que yo en temas muy complejos pueden, también, no haber tenido en la vida contacto con otras materias de las que configuran el vivir y, hasta donde se alcanzara o alcanzase pero ni un paso más (que lo digo por mí), el saber.
    He tenido muchas veces la sensación desde que me incorporé al blog (llevaba unos dos meses en la red cuando supe de su existencia), y la me manifestado en ocasiones e incluso me he quejado, de que escribíais (no todos y no siempre, desde luego) como “vaciados” de hormonas (cómo me compongo yo en mi cabeza qué son las hormonas y de qué manera me las imagino bullendo por el cuerpo va a ser, me parece, mejor que no os lo cuente por aquello de no dañar lo que de bueno pueda estar teniendo, si lo tiene, el perfil que muestro), como desprovistos de sentimientos y atendiendo tan sólo a verter un comentario inteligente, correcto y a la altura del texto que encabeza cada hilo, sin contaminarlo de nada que pueda desmerecer de él o ensombrecerlo.
    Pero es que nada dicho desde la autenticidad que cada cual reconoce en sí mismo lo va a desmerecer ni a ensombrecerlo; nada que esté dicho, escrito con la voluntad de abrir ventanas — de ahí mis elogios a Manolo y a Mandrágora —, va aún a pesar de desde la intención traicionar la coherencia con uno mismo o el ser veraz con las propias ideas a perjudicar de ningún modo la apertura ni la expansión que deseamos.
    Así que opino que sí, que todo este ir y venir de opiniones y de réplicas y de contrarréplicas ha sido cosa buena.
    Y no me he extendido tanto, después de todo. Aunque lo mismo después de enviarlo me percato de haber olvidado algo y, otra vez:
    Afrodita dijo…
    Que no, que era broma.
  3. Qué-vedos?
    12 diciembre, 2010
    Cualquiera que haya leído alguna de mis intervenciones en este blog me habrá tal vez identificado con cierta imagen de un tipo cojo y con gafas, bien gordas, de culo de vaso. Habrá ese cualquiera empero reparado en que la mala leche que… no…
    Pero vamos a dejarnos de rodeos. Escogí ese seudónimo sólo porque soy un poco cojo y llevo gafas. También sí porque me gusta escribir. Pero me falta, a qué negarlo, la mala leche que adornó y tan con creces a aquel a quien di — muy a la ligera y sin haber recapacitado lo suficiente llevado, a qué mentir, por la vanidad — en tener por mi mentor.
    Pero me falta aquella mala leche suya. Lo he intentado, la he ensayado, pero me falta y qué le voy a hacer.
    De todas maneras, y no teniéndolas todas conmigo, tuve la previsión de añadir la interrogación, como dando a entender que no daba yo todas las garantías de ser un digno émulo.
    Lo que sí soy y a pesar de los pesares es escritor. Y como escritor me desvivo y me esfuerzo por crear a mis personajes y a sus situaciones, y porque situaciones y personajes no se chirríen, los unos a las otras y las estas a los estos. No siempre, o quizás casi nunca, lo consigo.
    Por cierto, y hablando de este blog puesto que en este blog estamos, no sé si a ustedes les pasa pero a mí me ocurre que tan pronto echo la vista encima aunque sea sólo al primer renglón de un comentario ya le he puesto una cara al que lo escribe. Una cara y un porte. Un tono de voz y un gesto. Y una postura, en su asiento y frente a la vida.
    A medida que al leer voy avanzando toda esa configuración puede irse modificando o afianzando, de manera que cuando llego al punto último de su escrito tengo, sin poder o sin saberlo evitar y por los restos, el retrato en que lo reconoceré en cualquier otro comentario.
    Y es mi retrato, el que yo le fabrico a esa persona lo que me vale, sin reparar siquiera en qué nombre esté utilizando. Lo es a tal extremo que ya sea por la distribución de los puntos o las comas, ya por el tono pausado o vehemente, dubitativo o arrojado, ya porque se me antoje joven o viejo o maestro de escuela o diplomático, me empecino y me obstino en detectar (o en imaginar que detecto) tras distintos pseudónimos a un mismo participante. Un mismo participante que, de una vez para otra, puede estar haciendo afirmaciones del todo dispares.
    Pero es que cada vez que uno se aplica a agarrar la pluma —qué pluma, en estos tiempos, pero por no dejar tachones léase cada vez que se aplica uno a escribir — ya se está volviendo un poco escritor. Y todo escritor, es sabido, miente más que habla. Y que es como debe de ser, por otra parte, pues es lo suyo el escribir más que el hablar.
    ¿Habría que afirmar por ello que toda la literatura es mentira?
    La verdad y la mentira de la Verdad en grande no radica, o no siempre y considerando que me estoy refiriendo al escritor de ficción — no al filósofo o al científico o al historiador que en qué cabeza cabría una afirmación, digamos, de que América fue descubierta en 1702 —, en las palabras y sí más y como ya han apuntado algunos de ustedes en los comentarios últimos en qué está conteniéndose entre ellas, deslizándose por entre los renglones y serpenteando por entre los puntos y las comas y…
    En fin, que creo que tienen ustedes un buen blog. Y que aunque participe poco y de tarde en tarde y no ajustándome siempre y en puridad al guión seguiré visitándolos con asiduidad.

sábado, 27 de noviembre de 2010

A Cascabel

Tienes razón, pero se ve muy pequeño. Creo que el bueno de verdad va a ser... Pincha en tu nombre otra vez.
Yo no utilizo jamás la cafetera. Sabes de sobra que sólo tomo té.

viernes, 26 de noviembre de 2010

A ver qué pasa

De momento nada. Tengo que esperar.

Coralinos retruécanos

Coralinos retruécanos de orgiásticos, simbióticos bramidos persiguiendo, intrépidos,  acelerados estrambotes erráticos de apócrifos barruntos de sincrónicos exultos de modélicos trasuntos de mitómanos andares a derivas de pasiones ocultas o despóticas o inhóspitos, famélicos presuntos engreimientos de inocencia esclareciendo, lejos, a la desesperada, insospechados argumentos despechados al socaire de despliegues de extensas, extremadas experiencias anoréxicas  coetáneas de las inclemencias de un tiempo pasado por agendas saturadas del numen ominoso de indolencias muñidas de risibles insurgencias impertérritas; son, si se los escruta, corrosiones cariacontecidas de calcáreas, calamitosas concurrencias de opresiones que, insolentes, se solapan tras los pliegues refrendados de paupérrimas, daltónicas conspiraciones de arrogantes, impúdicos desenterrados sufrimientos que, ultrajados, circunscritos al mundo de los horrores y del miedo, se dejan constreñir insomnes por la indolencia brutal, violenta, despiadada,  de un tedio irreverente por perverso.

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Marquito 1

viernes, 19 de noviembre de 2010

Intervalo

El puerto de embarque del sol naciente fue vaticinado por el hijo pequeño de la noche estrellada — tachonada de la reverberación del bailoteo, del taconear bullicioso de constelaciones que le martilleaba en las sienes plateadas —  un amanecer de primavera en que se hallaba ella, como era su costumbre, apartando los rincones todavía en penumbra que habían ido dejando caer indolentes, despaciosas, aquí y allá por entre enanas y rastros de cometas, las horas que la madrugada se obstinaba en reclamar como suyas, de su propiedad y de su sangre, por las que  desde la posición de madre amantísima que se arrogaba  aseguraba a quien quisiera oírla que estaba dispuesta a dejarse matar, cortar los rayos más rutilantes de cualquiera de los luceros de los distintos albas de sus más variopintos y menos imaginables mundos o, si le dieran a elegir, a contemplar impasible cómo Andrómeda y El Cisne brindaban un poco achispados con el último whisky con soda antes de batirse en retirada.
Siempre le había parecido bastante estúpida aquella criatura pálida que se agarraba de sus faldas, asustado el muy tonto de adentrarse en el nuevo día.
¡Si ella pudiera!
Se enderezó con una cierta dificultad y una verdadera sinfonía de crujidos de sus pobres y tan cansados huesos;  y caminó despacio hasta el borde de su universo con las manos, tan nudosas, cargadas de pesadillas que miró cómo revoloteaban antes de perderse en el vacío de aquel otro lado de la nada.  
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                                              Más transgresiones

domingo, 14 de noviembre de 2010

Suave agitar de espadas

Suave agitar de espadas amorosas rozando apenas las comisuras tenues de lúdicas cruzadas de trazados  finos imperceptibles curvos o ilegibles o espantados ojos mirando, a lo lejos, los escorzos sesgados en la arena de desiertos sin huellas de los pasos estrechos casi angostos desfilando los bordes sin ranuras de cumbres sobre abismos de ignorancias que se ríen, a horcajadas, arañando con ojos aflautados los sones acabados en andantes festivos alegrando de  ligeras miradas intrincadas de rasgos definidos toscamente por sutiles colmillos que se encuentran; clavado en las carnes de cañones lanzando el silencio futuro de apagadas cenizas de felices salvas.
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Colorido

Encuentros perdidos

On the rocks
Encuentros perdidos en lugares olvidados poblados de imágenes borrosas que se han ido poco a poco diluyendo en vapores blanquecinos, esponjosos o humeantes, desprendiendo aromas edulcorados de futuros hallazgos misteriosos de objetos de deseos adormilados aguardando el destierro de los nuevos iconos representando dioses de culturas ignorantes de que  a la vuelta de tuerca de cada descubrimiento se abrirán inquietantes perspectivas insólitas mostrando fragmentos escondidos en leyendas arropadas en gráficos incomprensibles trazando el devenir y posterior descuido de todo un periodo de tiempo sin marcar en los registros de instituciones encargadas de dar fe, o quitar importancia, a acontecimientos acaecidos en nombre de impaciencias acuciando a trasferir poderes ocultos en raíces nudosas, doloridas como dedos de anciano, murmurando, en soliloquios de demencia, plegarias invocando piedades que se abisman en sus propios despojos de perdones concedidos a cambio de promesas.

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Hojas, gotas, notas, motas, briznas

Eran las hojas secas que encontrase en una caja de porcelana decorada con motivos errados  que trazó una mente disparatada llevando la mano dubitativa, temblorosa, de la niña que fue vieja algún día, ya lejano,  de un otoño cercano a aquel invierno previo a la última primavera que trascurrió con flores en los búcaros que, ya desde el siguiente verano, permanecieron para siempre vacíos y arrinconados.
Eran las gotas de lluvia que había visto caer desde los ojos de las estatuas impertérritas que, tras surcar lentas despaciosas mejillas en su busca de la tierra en que enjugarse, conjugaron su sal con la pimienta especie de aderezo en que se envuelven los recuerdos saturados de tristeza hasta el extremo de no admitir ni un solo grano más ya sea negra ya blanca.   
Eran las notas que febriles, arrancadas de teclados y de laudes y de arpas, escuchara amontonarse entre las páginas de libros de familias que fueron desfilando por aquellos senderos camino de lugares en que hallaran espacios donde poder después de tanto tiempo separarse, desprenderse del aspecto de recetas tomadas sin más fin que consignar los ingredientes de un conjuro o una tarta.
Eran las motas de un polvo de estrellas apagadas hacía siglos adherido a los cristales de ventanas a las que ya había olvidado cuando había visto por última vez que se asomase alguien respondiendo a la llamada de otro alguien reclamando la presencia de ningún rostro adorado.
Eran las pocas briznas de los restos que rescató de un mundo que conservaba apenas algún retazo ajado del alma de unas gentes asustadas que vivieron pensando que creyendo que existiría un mañana se estaban entregando en brazos de la nada y, ahora, despertaban asombradas.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Vuelos nublados rodando

Vuelos nublados rodando en cúmulos de nefastas imponentes inclemencias nimbadas de somnolencias amodorradas en fuentes que rebasan sinsabores o amarguras o  los áridos surcos curvados de incautos procederes engañosos disfrazados de promesas de recuerdos que no encuentran acomodo en la conciencia ni en las cárceles selladas de lacres en las miradas oscuras de andanzas calmas derrotando la espesura de bosquejos arrollados por el intrépido arrojo de cuentos almibarados narrando historias absurdas de gentes que buscan cimas en que encaramar sus necias ensoñaciones melifluas; arrastran sus alas blancas  por el lodo o por la escarcha aterida de redobles de redoblados esfuerzos por recuperar la extraña, despreciada, desmentida dignidad que se denigra en nombre de conveniencias que se revelan cautivas.
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Mandala (63)

lunes, 1 de noviembre de 2010

Lentos lamentos limítrofes

Lentos lamentos limítrofes con la lontananza laminada de limusinas deslizándose indolentes por las lindes idílicas de aleteantes texturas saturadas de muselinas ondulando livianas en el alienado aliento tumefacto de alucinantes tentaciones tendentes a desterrar del tumulto distorsionado de infracciones segmentadas en ínfimos atolondrados pareceres de aprendidos u olvidados atracones de reflujos reflejándose en los fulgores rectilíneos de altavoces pregonando aleluyas desflecados de premuras inculpadas de púdicas, invertebradas hopalandas, calibran y ululando descalabran la modélica en estragos indulgencia de los que, al amparo de impertérritos arrobos, se estragan, o se arrullan, o se ensalman.
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Schweppes

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