domingo, 6 de noviembre de 2011

Para Antónimus




Qué me dices qué me cuentas engarzadas en rosarios desgranados en la grana, roja sangre deslizada por venas por do transita la sabia virtud que enlaza en el ánimo abalorios de ignorancias que se ufanan entre perlas de saberes que humildes no se engalanan de altivez ni de soberbia y admiten, en su largueza, a su lado la quincalla.


Qué te pasa, qué sucede, que no sé de qué te extrañas de que no quieran quererte los que de muy buena gana quisieran tal vez quererte decir por favor, ya basta, ya es suficiente el empeño de andar siempre a la que salta buscando por todas partes qué yugular se te tercia sin habérselo propuesto como objeto de tus uñas que se clavan como garras.


Por qué esa amargura tuya, por qué esa tirria que emana de todas y cada una de las sarcásticas muestras de tu desdicha o tu ira prendidas de las palabras que deslizas sin cansarte, con denuedo y sin fijarte en que sería muy posible, de desear y agradable, el que resultara grato encontrarte y alegrarse al ir a dar en tus líneas el leerlas celebrando que te has dignado, por fin, ser un sujeto agradable.

Por qué ese empeño tan tuyo, tan arraigado en tu trato, tan adusto, tan irónico, tan mordaz y tan sarcástico, tan caustico y corrosivo, tan virulento que tanto esfuerzo como se aplique a tratar de no irritarse, de transigir y de hacerse cargo de que existen modos muy diversos de expresarse, se estrella, se da de bruces, contra no sé qué que obstruye y obstaculiza y arrambla con toda la buena sombra que a la voluntad se zafa  cuando se siente agredida por la tu muy tenaz saña.

Por qué no probar, Antónimus, pues que nada va a perderse con tan sólo tener ganas de ganarse la partida que a cada quien se le encara invitándolo a ir dejando, de lado, o a la deriva,  el engreimiento soberbio que si en las almas anida se hace dueño despiadado de qué pudiera ser vida destinada a mejor logro que incitar, sin ser preciso, a detestar sin motivo mayor que la antipatía a nadie que sin pereza en cuanto puede la lía.


Cosa rara con firma

lunes, 31 de octubre de 2011

Texto 3.8

Publicado por  el oct 31, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.8 “Aquellas leyendas relatan que en el interior de la Tierra vive la hermana negra, la gran Luna interior, que rueda a la misma velocidad que la Luna blanca; también remarcan el encuentro entre la luz del Sol y la energía telúrica, y publican que ese encuentro es distinto en cada espacio, porque cada piedra, cada metal, cada cristal guarda, retiene y transmite una forma de memoria, cada piedra habla al espacio que le rodea y escucha las respuestas grabadas en las caras de sus poliedros; el subsuelo está cruzado por millones de líneas magnéticas, caminos que a veces abosrben y actúan sobre los seres vivos vaciando su energía; hay cuevas sagradas por todo el mundo, moradas de magos y místicos, y hay cuevas malditas y peligrosas donde viven los dragones, donde se guardan las culpas de la gente antigua”.

Afrodita
6 noviembre, 2011
Sí, Antónimus, echo de menos frescura, un poco de espontaneidad, que se escriba más desde el “yo”, desde el propio sentir, y el propio dudar, y el perderse un poco tanto en lo que se pretende expresar con las palabras como en los pensamientos que se pretenden plasmar y no se logra a veces.
Por supuesto que al escribir desde el “yo” no pretendo que nos contemos unos a otros pormenores de las vidas cotidianas, pero sí dejar traslucir (o al menos no ocultar con tanto celo) ese puntito de vulnerabilidad que todos guardamos en nuestro almario, esa subjetividad de la que comúnmente se reniega bajo la afirmación, tan razonable y tan fría, de “hay que ser objetivo”.
La subjetividad, aventurarse a errar o a no resultar brillante, y expresar dudas — que podrían dar pie, tal vez, a que alguien reparase en “pues yo no tengo esa, o no me la he planteado, pero tengo tal otra” —que ya sabemos que nadie va resolvernos pero propiciarían una especie de nexos, de entramado o tela de araña de diálogos, conferiría al blog una fluidez y un tono cálido, o cercano, que le está faltando.
Es este un sentimiento que he plasmado en cantidad de ocasiones, y he formulado preguntas, y he leído comentarios de otros que expresaban también sus dudas y formulaban sus preguntas; pero ninguna de esas voces ha encontrado (las más de las veces) eco alguno.
Da la sensación de que nos sentamos ante el ordenador y nos ponemos a escribir nuestro comentario una vez que lo tenemos perfectamente estructurado en el pensamiento, desbrozado de toda interferencia grata o ingrata, utilizando el mismo tono e idéntica cadencia — porque el ánimo se nota, se desvela de algún modo en la configuración de las frases; hasta en la distribución de los puntos y de las comas se sospecha — tanto si estamos tristes, como si estamos contentos, como si tenemos preocupaciones o no las tenemos.
En ese aspecto, mira, eres de las pocas personas que te expresas con algo así como “arranque” y sin temor a (o con intención de) resultar un poquito…, en fin, ya tú sabes con cuántas ganas de meter los dedos en los ojos a todo el que se tercie sueles entrar en el blog…
Si suprimieras esas acritud — aunque tengo la impresión de que utilizas otros seudónimos en los que te muestras más amable; también yo utilizo a veces seudónimos, algunos para darme respuestas (como si jugase al ping-pong con alguno de mis otros yoes) a cuestiones a las que nadie responde — estarías (en mi opinión y creo que también en la de Loli, aun con todo lo que pueda matizarse en cuanto a de qué se duele ella y de qué me duelo yo) contribuyendo a que el blog fuese un lugar un poquito más… cálido, confortable, cercano, grato, afable, etc.
***
  1. Afrodita
    9 noviembre, 2011
    No sé, Bhakta, y tal vez lo que digo es una bobada, pero yo a veces pienso que en la Biblia las referencias temporales no se ajustan en concreto, o no siempre al menos, a momentos localizables en el tiempo ni a hechos sucedidos en un momento preciso. Y a veces hechos relatados como del pasado tengo la sensación que es una forma de decirlo, pero que están contados aludiendo al futuro o a periodos muy largos ¡Qué mal lo estoy expresando!
    Lo que tú dices de la manzana, por ejemplo, y qué hizo el Hombre para enfurecer a Dios. Yo creo que eso representa el comportamiento o la actitud de la especie humana desde que estamos sobre la Tierra; y que el comer del fruto prohibido buscando el conocimiento significa, o podría significar (que tampoco es que yo diga ni mucho menos que sea una convicción que tengo), la propia búsqueda, en nuestra realidad tangible, de un “saber cosas” para “asemejarnos” a un Dios que en realidad no sabemos cómo es; y no sabiendo cómo es el querer emularlo nos conduce a errores y a poner nuestras inquietudes o aspiraciones en el lugar, digamos, equivocado.
    Un poco como si la humanidad hubiéramos, en algún punto de nuestro proceso, torcido el camino de nuestro destino, interpretado desde nuestros alcances qué es el progreso (evolución) y desviándonos de lo que estaría siendo evolución de verdad.
    Y qué por esos errores la humanidad, todos, nos estamos perjudicando a nosotros mismos, y generándonos unos sufrimientos que podríamos tal vez haber evitado. Y a eso creo que se refiere la expresión “la ira de Dios”. Por otro lado, siempre tengo muy en mente la frase de “buscarás a Dios sólo dentro de ti”, lo que me lleva a pensar que esa “ira” donde se despierta es en el fondo, en la verdad, o en el puro centro del ser de cada humano; que se crea una especie de dualidad, de enfrentamiento, entre lo que “sabemos” (tal vez de forma inconsciente) que debiéramos hacer, o que debiéramos buscar, y lo que en la cotidianidad buscamos y hacemos.
    Y que tal vez en esa disociación esté el origen de todo mal. Y que todo sería perfecto si cada ser humano actuásemos en todo momento de manera que, no a los ojos de los demás sino a nuestros propios ojos, nuestros actos fueran del todo irreprochables y no estuvieran en absoluto impregnados de vanidad, o de soberbia, o de intereses personales por más que estos sean acallados con justificaciones que no engañan a la conciencia.
    No sé expresarlo mejor, pero si tú o algún otro me replica y me saca los defectos tal vez, de a poquitos, lo supiera ir matizando y desbrozando.
    Son temas complicados, difíciles de plasmar en palabras precisas e inequívocas. Al menos para mí.
  2. Afrodita
    9 noviembre, 2011
    Otra cosa, que se me olvidaba, es qué entendemos por justicia. Y menos qué es la justicia que entendemos como divina. La mayoría de las personas y sin ser un dechado de perfecciones no somos tan vengativos como el Dios que hemos aprendido; hasta ante los hechos más reprobables los humanos damos un márgen al perdon, no somos (la mayoría) del todo implacables. No entiendo por qué Dios si habría de serlo. Enjuiciamos a Dios como si fuera una persona muy poderosa y bastante malhumorada.
    Yo desde pequeñita le tengo puesta cara a Dios, con su gesto y todo, y siempre lo he imaginado como hombre, nunca como mujer; y entiendo que eso no puede ser así, y que el sexo es independiente de Dios. Pero no puedo borrar la imagen que tengo, aunque no me la crea.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Corre corre que te pillo

Corre corre que te pillo detrás del tiempo que vuela, de los años que se escapan, de la juventud que apenas comenzada a degustarse ya amenaza hacerse añeja y más en el nuestro ahora en que todo ha de vivirse pronto muy pronto  y las horas, que ya ni llegan ni alcanzan y les falta aliento y mueren ahogadas o a quemarropa, demandan ser empleadas a fondo  en la muy gozosa empresa que no conoce bancarrota ni intereses ni del alma ni de mora de entregarse a los placeres del cuerpo y de sus derrotas.

Corre corre que te pillo advierte una hora a la otra y se persiguen risueñas, felices y tan jocosas, sin detenerse juiciosas a ver si se han desplomado sobre sus frágiles logros de minutos devorados por segundos incipientes los fracasos de vivientes que apenas si las engordan con algo más que la loca carrera que los estorba — en pos de afanes y lucros y placeres y otras cosas (que no deben mencionarse porque son juegos de alcoba) — de atender a menesteres que les brinden mayor gloria.

Corre corre que te pillo no te detengas forzosa la necesidad que acucia a no atender a razones que en cuestión la razón ponga de dónde van ni a qué vienen tantas premuras angostas desvelando de sus sueños inocentes a las mozas que apenas adolescentes ya conocen que es la moda dar rienda suelta al instinto, al qué quiero y qué me toca gozar de este mundo vacuo y del sexo y de la droga y de qué que se reparta cuando después de que joda me dispensen el remedio que se ingiere en una toma.

Corre corre que te pillo, vuela en alas de la idiota ilusión por no ser vieja habiendo  sido antes sombra — aunque pálida y sin brillo  y sin asomos de antigua, trasnochada creencia ñoña que las niñas ya perdieran  y no que ya por la honra (que reside en otras partes y no por donde se folga) o por temor a qué digan papá mamá ni las monjas — no de pudor ni recato sino de la mera impronta que dejara en tu mirada el haber sido la nota que grabaran en tu frente no los ardores ni apremios de quien a yuntas se amolda sino el deseo tan profundo tan raro y que poco mola de engendrar hijos que un día hayan de ser aun en sombra flama para qué ya fuese y para qué será antorcha.


Dedicatoria

jueves, 8 de septiembre de 2011

Medidas oportunas

Los fabricantes de serpentinas para fiestas desfilaron ante el monumento al inventor de las cucharillas para café que, muy erguido en su pedestal, guiñaba el ojo a las jóvenes promesas de algún día en algún lugar depositar ofrendas consistentes pero — y eso ya lo habían advertido sus tutores antes de dar autorización para que se presentaran a concurso — no hasta el extremo de que, finalizada la temporada que resultó bastante más corta de lo que remitiéndose a la experiencia fuese presumible esperar que iba a recordarse a la larga y antes, sin embargo, de dar comienzo a la estival que fue, por cierto, la que sí se hizo interminable y terriblemente tediosa, no tan sólidas ni imperecederas ni desprovistas de la liviandad suficiente como para que, llegado el caso o bajo condiciones no previstas aun después del esmero aplicado a contemplar desde todos los ángulos imaginables la enorme variedad de inconvenientes que con invitación o sin ella pudieran presentarse, no se las pudiera tomar ya por sorpresa o —que se estudiaría en el próximo trimestre y, si no daba tiempo, se propondría como asignatura obligatoria para el curso siguiente —con aviso previo de la mano y salir corriendo para protegerse de la lluvia o, si la climatología no se empecinaba en mostrarse adversa, de la maledicencia de los que se obstinaban en asegurar que no era aquella ocasión para dar crédito (y menos con tan pocas garantías y a un plazo tan indeterminado) a tanto pedigüeño como se había desplazado hasta el recinto sin más fin que el de iniciar un proceso que, además de en exceso costoso, pudiera resultar de descomposición por causa del calor en caso de que el tiempo cambiara.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Sinapismos

Sinapismos, claroscuros, cenefas de condominios insuflando en los berridos de los que ruedan contritos por destierros y desmontes y desmandes y estratíficos lubricantes de sentidos áridos y ya cercanos, cercados de sal y un ruido que ensordece los pies quietos amarrados al berilo de rojo encendido soplo de verdor y de estreñido amaranto sin pompones, ni colmillos, ni ruibarbos que aderecen de su llanto ni de sus aciagas lepras tantos barriles de lágrimas derramados en la arteria central de lados tan romos, tan torcidos, tan estrechos que apenas si cabe un hito en que anclar la mar de yertas contumacias de arrogantes hululancias al descuido de veladas insolencias asoladas de pretiles de pozos en cuyos fondos, sumergidos en el limo, reposan los cantos mixtos de terror y de perfidia que acotaron en sus rimas y en su punzar y en los brincos de los alados disturbios que aquejaron los pingüinos y las trombas y los filtros de quién sabe cuánta vacua desternillada inmundicia; colorean, en sus dos vueltas de llave cerrando ojos, a cal y a canto los sones perdidos en el encuentro desmedrado de rumores alertando que se aleja el tiempo de los… mamones.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Texto 3.4

Publicado por  el ago 31, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.4 “Filas de menhires de piedra especialmente buscada trazaron miles de meridianos sobre la superficie geográfica, dólmenes y puertas iniciáticas jalonaron los puntos estratégicos. Fue el tiempo de los Titanes, cuando todavía Cronos marcaba el compás de la evolución con un ritmo binario implacable. Cabe añadir que aún se pueden encontrar miles de piedras milimétrica y geométricamente plantadas, y muchas de ellas enterradas por el tiempo, o quien sabe si por aquellos que consideraron importante su permanencia. La Medicina china practica desde hace miles de años el arte del conocimiento de los meridianos energéticos que recorren la fisiología humana, plantan agujas en partes estratégicas para estimular el flujo de los retornos y para eliminar obstáculos en la purificación de la inteligencia”.

Afrodita
3 septiembre, 2011
Llegará el día, aunque haya de pasar mucho tiempo y ninguno de los que estamos aquí alcancemos a verlo, en que tantos pueblos tan sojuzgados, tan masacrados, tendrán eso que los occidentales civilizados llamamos tan orgullosos democracia; y unos gobernantes elegidos libremente tan indeseables como los que nosotros padecemos.
Y entonces ya no los matarán las hambrunas ni las bombas ni los fanatismos religiosos. Se matarán unos a otros con la ley en la mano, como nos matamos entre nosotros; vestidos con traje y corbata y todo en términos muy correctos. Entonces los matará el derecho a, por ejemplo, una muerte digna.
***
Afrodita
5 septiembre, 2011
He pensado muchas veces algo parecido quizás a lo que planteas Aquiles.
Si hubo un tiempo en que se clavaron piedras, a modo de puntos de acupuntura, sobre la superficie de la tierra con la idea de que el hacerlo era beneficioso, ¿no estará siendo nocivo el que ahora — un “ahora” que se prolonga bastante en el tiempo, nuestro tiempo — se le hagan a la Tierra todo tipo de perforaciones y “heridas” sin más criterio de qué resulta conveniente o práctico para nuestros fines tan mezquinos?
Si aquellas piedras y el colocarlas exactamente donde se las colocó y para qué se las colocó estaban persiguiendo un beneficio que, quiero pensar, iba más allá de la inmediatez de los afanes cutres de la vida cotidiana; ¿no estará siendo un sacrilegio, por el que terminaremos pagando un tributo — que no tengo ni idea de en qué pueda consistir — el estar comportándose con la arbitrariedad que se está haciendo?
En otro orden de cosas. Qué poquita credibilidad le concedo a J.J. Benítez. En mi opinión ha hecho de sus “investigaciones” su fuente de ingresos y de cómo hacerse con un prestigio y le tiene sin cuidado qué es verdad y qué no lo es.
Vamos, que siento bastante desprecio hacia él.
Y nótese que digo “siento desprecio”; no afirmo en ningún momento, y Dios me librara de hacer ninguna aseveración gratuita, que él sea despreciable.
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Tal vez
7 septiembre, 2011
Tal vez, In-finito, es que los hombres, los humanos, nos hemos erigido en dioses, en todopoderosos y, lo mismo que Zeus, hemos elegido mal y llevados de nuestra ambición o de nuestra soberbia nos hemos quedado con la peor parte de lo que se nos ofreció.
Porque es seguro que existieron, en algún momento, infinidad de posibilidades que estaban ahí, sólo hacía falta elegirlas; pero elegimos la tecnología, las máquinas y los artilugios en vez de indagar en de qué habríamos sido capaces, dónde habríamos podido llegar si no hubiéramos dado la espalda al misterio del que hablas.
Nos seducen otros misterios mucho más ramplones; nos gusta la parafernalia, lo vistoso, lo espectacular. Nos interesamos por qué hay lejos, fuera de nosotros; pero no queremos saber nada de nuestro “yo” íntimo ni de cómo desbrozarlo.
Es como estar parado en un punto cualquiera de un lugar desconocido; desde ese punto damos, forzosamente, un primer paso que nos va a llevar por un camino diferente del que nos apartamos por, tan sólo, no haber dado aquel primer paso con apenas una desviación milimétrica del que sí dimos. Y al principio es imposible ver la diferencia, faltan distancia y perspectiva; y cuando nos damos cuenta estamos en un lugar distinto por completo del que hubiésemos querido.
Pero el caminar por la senda equivocada también nos fraguó, de algún modo; y ya no somos el que tuvo la posibilidad de no errar.
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Afrodita
9 septiembre, 2011
In-finito, me ha gustado mucho el comentario que has escrito en respuesta al de Tal Vez.
Tu primer párrafo me invita a reconsiderar algo que en la composición visual que siempre me he forjado de lo que Tal vez plantea con el punto de partida y los posibles caminos he cometido sistemáticamente el error de imaginar esos caminos rectos, como innumerables radios partiendo del centro de un círculo y alejándose más y más a medida que el círculo se agranda; pero tú tienes razón y, una vez dado ese primer paso, al dar el segundo paso se abre un nuevo círculo con nuevos innumerables radios, y en lugar de radios, de líneas rectas, lo que se teje es una red.
El imaginar las cosas de una forma o de otra debe de tener que ver con el carácter (o el temperamento, que siempre me hago un poco de lío con esos dos términos; pero por favor que nadie pierda su tiempo explicándome la diferencia, que no me quita el sueño) de las personas.
Un poco parecida, mi idea errónea, a lo que escribe Anónimo de caminos lineales. De acuerdo, Anónimo; caminos no lineales, pero lo de la irreversibilidad… Ahí sí que ni me arrugo, ni me chafo, ni me retracto, ni me arredro: los actos humanos son irreversibles, para lo bueno y para lo malo. Y cada acto humano se queda clavado, como un menhir (por eso me parece prudente ser cuidadoso, si se tiene poco tacto o mala puntería puede colocarse mal o e en mal sitio y causar daño) en la historia de quien lo ejecuta y en las historias de todos aquellos en los que incide.
Y, otra vez en referencia al comentario de In-finito, se deduce que no eran los pertrechos de que lo aprovisionaron los dioses lo que necesitaba Hércules para tener éxito (palabra equívoca, como tantas otras palabras, porque qué entiende cada cual como “éxito”) sino lo que él conocía de sí mismo y creer absolutamente en su propia fuerza.
Ahora, como cuestión del todo aparte, una reflexión puramente personal: para comerse un huevo no es necesario saber ponerlo.
Ah, otra reflexión: Me parece poco elegante, Anónimo, eso de aludirse unos a otros deslizando insinuaciones (sutiles, desde luego) de lo muy avispados que somos sabiendo detectar qué seudónimo se corresponde con tal otro.
Además, corres el riesgo de dar un patinazo.
***
  1. Afrodita
    14 septiembre, 2011
    Como lo que vivimos es un sueño y no la realidad hay que ignorarlo. Cuando veamos sufrimiento, o injusticia, o crueldad no hay que hacer caso; el sufrimiento y el dolor sólo son apariencia y prestarle atención o consentir que duela es despreocuparse y desatender a la propia evolución, que es lo que importa.
    La obligación del ser humano es evolucionar y dejarse de tonterías.
    Y un día seremos Uno, y estaremos tan felices.
    Me encanta. De verdad que me encanta.
    Además, el ser humano es bueno, muy bueno. Cuando nos parece malo es que no sabemos comprenderlo.
  2. Afrodita
    14 septiembre, 2011
    Aquí os dejo un enlace, no dejéis de mirarlo que es muy bonito. Lástima que no sea realidad y sólo una especie de alucinación ¿Verdad?
    http://www.20minutos.es/noticia/1157113/0/toro-de-la-vega/muere/tordesillas/
  3. Afrodita
    15 septiembre, 2011
    Bhakta:
    Me has dado la razón exactamente en lo que escribí queriendo significar lo totalmente opuesto. No pienso, en absoluto, que la obligación del ser humano sea evolucionar y dejarse de tonterías. Pienso que se debe actuar atendiendo a qué se entiende por “bondad en estado puro” sin evaluar en cuánto de el ejercitarla vaya revertir sobre uno mismo.
    No creo en la reencarnación, que me parece un subterfugio muy engañoso para justificarse y para declinar toda responsabilidad frente a los propios actos.
    Aciertas sí en una cosa. Me duelen infinitamente más los animales que los seres humanos. Sé que no es lógico, y no pretendo que se me comprenda, pero es así y no puedo hacer nada; podría no expresarlo, pero no por eso dejaría de ser mi verdad.
    Cuando las personas sufren no es que no me importe, pero puedo tolerarlo porque pienso que es un sufrimiento con el que me puedo identificar, y me creo que puedo medirlo, e imaginar que el que lo padece necesita para sobrellevarlo una fuerza similar (mucha o poca) a la que yo necesitaría si me viera dentro de su piel. No sé si me explico, porque es complicado.
    Del sufrimiento de los animales no tengo ni idea de cómo funciona, y es ese desconocimiento lo que me hace imaginarlo terrorífico. Por otra parte, y entiendo desde mi razón que incurro en un contrasentido, me “imagino” la perplejidad y el desvalimiento frente al dolor de unos seres que no tienen el concepto de qué es crueldad. Como si pudieran preguntarse (que sé que no pueden) “¿por qué me está ocurriendo esto?”.
    Los humanos sabemos todos qué es crueldad. También sabemos todos que alguien que hoy nos puede inspirar piedad mañana nos puede estar pisando el cuello.
    Cuando un ser humano inflige daño a un ser vivo lo hace voluntariamente o, al menos, sabe que está causando daño y sabe (o intuye, a partir de si mismo) en qué medida.
    Un león te puede destrozar pero, oh gozosa ventura, sin pizca de odio.
    Tampoco creo en la ley del karma; si creyese en la ley del karma creo que entendería estupendamente que la dicha y la desdicha se alternan, en las vidas y que (como se decía en un pueblo en el que pasaba los veranos de niña) unas veces toca perdiz y otras veces toca penitencia. Pero, ya te digo, no creo en la ley del karma. No creo que nadie nazcamos con un karma colgado a la espalda.
    Tal vez he sido injusta y me he excedido al descargar toda mi bronca sobre tu comentario cuando, aun no dejando de ser cierto que no estoy de acuerdo contigo, en realidad mi resentimiento es para con todos los que estamos participando en el blog incluida yo misma. Pero ocurre que eres tú quien ha expresado, en palabras, lo que los demás no expresan pero se pone de manifiesto justo en la forma de no expresarlo.
    Estamos funcionando como si el blog fuese un compartimento estanco, aislado del resto del mundo y de la vida; una especie de burbuja en la que se ha hecho el vacío y todo lo que queda fuera de sus paredes resulta ajeno o es obviable.
    Hay algo en él que suena a falso; no quiero decir a “mentira” pero sí a forzado y, además — y eso es lo que más me chirría — esa especie de glotonería por atesorar conocimientos que me recuerda un poco al turista que hace muchas fotos para poder demostrar que estuvo allí.
    Aventurero, no te lo creerás pero pienso en ti con frecuencia, siempre que entro en el blog y veo lo mal que está funcionando. Imagino que pusiste ilusión en él, cuando empezaste, como se pone ilusión en todo lo que se empieza y creo que creíste (parece un trabalenguas) que iba a funcionar; y me apena pensar que debes de sentirte bastante frustrado. Aunque a lo mejor no, quién sabe.
    Pero no está funcionando, y lo siento de veras; y te pido perdón por no haber sabido hacerlo funcionar en la pequeña parte que pueda tocarme.
  4. ***
  5. Afrodita
    15 septiembre, 2011
    Yo nunca he leído a Aurobindo, y quizás por eso no sé que es encarnación. En varios comentarios tuyos a lo largo de diferentes textos del blog se ve, o yo interpreto, qué sí crees en una sucesión de vidas; y en esa sucesión de vidas, una y otra vez en este mundo nuestro es en lo que yo no creo. Nadie me convencerá jamás de que somos “personas” más de una vez en toda nuestra existencia.
    Porque sí creo en una existencia en la que se contienen la vida (la vida mortal, o terrena, y que entiendo como tan sólo un paso en un largo proceso) t otras distintas formas de ser que ahí, la verdad, sí que me pierdo y no sé cómo puedan ser esas formas, ni dónde, ni cómo acontezcan.
    Pienso que en ese proceso se van dando las circunstancias y los entornos que posibilitan la evolución (nunca la involución); de manera que habremos pasado por etapas bastante más elementales que la que vivimos en el aquí y en el ahora, y que nuestra calidad irá siendo “mejor” (es una manera un poco rala de decirlo) en lo sucesivo.
    Pero no creo que se conserve a lo largo de esas etapas una identidad a la que asirse y se pueda decir “yo en tal o en cual época fui Fulanita de Tal o Perenganito de Cual” como entienden, por poner un ejemplo, los espiritistas. Y del espiritismo si tengo idea; mis padres eran, o se decían, espiritistas, y es una forma de pensar tan infumable que desde que dejé de ser niña la detesto.
    Hay otra cosa que no tengo clara (entre tantas otras) y es que como el tiempo no es lineal (que me lo creo, aunque no sé entenderlo; no sé elaborar en mi mente un trascurrir sin un “antes” y un “después” que no sería, por tanto, un “trascurrir”), como el tiempo no es lineal no sé cómo acontecen esos diferentes digamos “pasos” en el existir; ni si tienen lugar en forma de sucesión o si en ciertos instantes convergen y es cuando se dan esos destellos de inspiración, o de plenitud, que en mayor o menor medida y con más o menos frecuencia se dan por fortuna en todas las personas.
    Me he extendido mucho, aunque como esto ya es un final de serie no creo estar interrumpiendo ni interfiriendo en la marcha habitual de los comentarios.
    Pero quería explicártelo, a tí, y que quede claro que lo mío no es animadversión, y qué tal vez si se dispusiera (que no se dispone) de una palabra concreta y única para cada concepto tal vez posturas que se ven como del todo opuestas no lo fueran tanto.
    Y he querido, también, que esta vez no percibas acritud en lo que escribo.
    Lo he hecho directamente sobre el recuadrito para comentarios, así que puede que esté lleno de erratas.

viernes, 29 de julio de 2011

De arrobos y de arreboles

Rastros de rancias raigambres arraigadas en los rasgos de los recios rictus roncos de raros resortes tensos que no de tersura hasta romper en un quiebro a reír a ratos y, otros, a rodar correr de lágrimas por los surcos que responden a vericuetos de romos ritos que ya erradicados del ruedo donde se arroga gloria quien mejor irrumpe airoso que va arrasando y derribando por tierra ora arrullos y ora arrobos de arrebatos o inclemencias; van regando las praderas donde duermen los rumores de reliquias de requiebros replicados de arreboles.  

martes, 31 de mayo de 2011

Texto 2.23 (Último del segundo mensaje)

2.23 “Quizá toda doctrina, desde su vocación de servicio al poder, tiene la intención de transformar el sufrimiento en bondad, la pobreza en pureza, la inseguridad en necesidad y la depresión en rezo resignado; hacer una clasificación jerárquica del mundo que nos rodea es haber perdido el impulso que dio origen al nacimiento, es mirar el mundo como si tuviésemos al alcance toda la realidad; las cosas son como son, dicen los tontos, que ponen sus pies encima de cuanto ignoran, mientras se acercan a la muerte sin saber quiénes son”.


***
Cándido Agudo
4 junio, 2011
¿No os estaréis enredando en una especie de discusión bizantina, empeñándoos en dar la misma acepción a “tontos” que a “pobres de espíritu”?
Yo me inclino a entender que los “pobres de espíritu” de las Bienaventuranzas son los que tienen – a ver si lo digo bien para estos tiempos en que todo es incorrecto – algún tipo de carencia, de falta de alcances de los que no son responsables. Algo que como si dijéramos de origen y sin posibilidad de reparación los imposibilita para contactar o conectar con el mundo y con las otras personas.
Yo no creo que sean estos los “tontos” de que habla el autor en el párrafo, ya que estos pobres de espíritu, incapacitados para comprender a los “demás” son, creo, también bastante inaccesibles y muy posiblemente están teniendo su manera de “entender” e incluso de “evolucionar” o tener unas percepciones que a los “normales” están vedadas quien sabe si obstaculizadas precisamente por la razón, de que tan satisfechos nos sentimos.
Los “tontos” del párrafo a mi me parece que son, y sin intención de ofender, esas grandes multitudes de personas que se niegan a sí mismas todo tipo de apertura o de ruptura con qué tienen instalado en su entender desde que saben que están ahí, con los pies encima de la corteza terrestre y sin más derechos ni obligaciones que velar por sí mismos, y por sus esposas y sus maridos y por sus hijos y por su salud y por su televisor (que lo escribo así porque así es como entiendo que entienden ellos su “mundito” tan pequeño, en el que todo lo que merece atención y cuidado es lo que es, exactamente, de su propiedad y sin casi saber establecer una diferencia entre un hijo engendrado y un objeto comprado).
Estos “tontos” del párrafo pueden ser en realidad bastante “listos”, que andan siempre alerta a dónde hay algo – algo que puede ser material o inmaterial; algo que puede ser incluso otro “alguien” que al parecer de estos “tontos” es lo suficientemente ingenuo para poderse aprovechar de él – de lo que poder obtener un beneficio; pero un beneficio que va siempre encaminado a satisfacer sus pequeñas miserias, que son y seguirán siendo miserias porque aun estando ellos más o menos capacitados para elegir otra opción digamos más depurada eligen, desde un egoísmo cerril, conformarse con unas migajas que ellos, en su cutrez, se empecinan en considerar pastel.
Creo que estos son los tontos de que habla el autor en el párrafo.
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Afrodita
6 junio, 2011
Urbasón. Desconozco del todo las personalidades tanto de El Ucu-Branté como de Dionisios. Tampoco conozco quizás gran cosa de Cándido, pero puedo asegurarte que no es ninguno de los dos. Y te lo puedo asegurar por una razón tan sencilla como que Cándido Agudo es un invento mío; o, bueno, no es que sea un invento mío. No es un invento mío porque el nombre lo he sacado de la lista que alguien colocó en uno de los comentarios del punto anterior.
No sé si tu error me confunde o me halaga o si me produce tanto desconcierto como satisfacción.
Me confunde porque jamás pensé que pudiera darse ninguna similitud entre El-Ucu-Branté o Dionisios y yo. Creo que lo que ellos escriben y la forma en que lo escriben difiere mucho tanto en el contenido como en la manera de expresarlo — el tono, la cadencia, las inflexiones que imagino para sus voces si lo que escriben lo estuviesen diciendo — de lo que escribo y de la forma en que lo escribo yo.
Me produce satisfacción porque vivo como un pequeño logro el intento — que consideré en un principio torpe y desmañado —, tan al parecer coronado con éxito, de haber “engañado” a alguien.
Pero no lo hice con intención de engañar, fíjate. Es más, te confesaré que pensé incluso y un poco avergonzada “¡vaya tontería que estás haciendo cuando hasta el más tonto del blog se va a dar cuenta de quién eres tan pronto te eche la vista encima!”.
No era mi intención engañar sino algo tan inocente — o tal vez tan mezquino o egoísta, tendré que considerarlo seriamente — como hacerme perdonar por… no sé, no sé recordar si tal vez tú mismo o algún otro alguien que escribe de forma muy similar; pero, bueno, a lo que iba, por hacerme perdonar cierto reproche que hizo ese alguien en referencia a que escribo demasiado en el blog…
Y por eso cambié de nombre, para desintoxicar un poquito de mi presencia y dejar descansar a los que no les gusto; aunque, como ya digo, con muy pocas esperanzas de lograrlo.
Pero mira tú lo que son las cosas, que me equivoqué.
En fin, que lo que pretendía me salió, en realidad bien.
Me da un poco de lástima, es verdad, prescindir de ese alter ego que — porque, para qué voy a negarlo, un poquito de esperanza aun dentro de mi propio escepticismo sí que deposité en mi Cándido ilusionada, tal vez, con la idea descabellada de a través de él expresar algo que quizás esté agazapado, o adormecido, en algún lugar de mí que Afrodita está amordazando o no me deja ver — me habría gustado conservar.
Pero después de esta especie de declaración entiendo que ya no tiene sentido. Así que me olvidaré de Cándido, y de experimentos y de jueguecitos; y en lo sucesivo —y tanto si es para decir que es una pena que personas que muy posiblemente tienen capacidad para sacar de sí algo bueno o edificante o constructivo se conformen con las migajas del pastel que el hecho de vivir les brinda como si es para decir cualquier otra cosa — lo diré siempre todo bajo el nombre que he venido utilizando hasta ahora.
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Afrodita
9 junio, 2011
Sí, Bhakta, eso es lo que argumentan los vegetarianos; que como las lechugas no tienen sistema nervioso no sufren, no sienten dolor. Son personas que sólo entienden como “capacidad de sentir” la suya propia. Pero, claro, si tuvieran la honestidad de asumir que se hacen trampas no tendrían más remedio que dejarse morir de hambre. Prefiero mil veces vivir en conflicto eterno, conmigo misma y con el mundo entero si hace falta, antes que acomodarme en posturas y en argumentos que son tan sólo parches.
Y sí, Eolo, tienes mucha razón; es verdad que vivir es ir muriendo, y que por el sólo hecho de respirar estaré matando mis neuronas y mis células; pero no estoy arranando vida (ni de conejo ni de pollo ni de acelga)ni adquiriendo con mis manos limpias, en un supermercado, los restos de las vidas que para mí otros arrancaron.
Y sin embargo como todos los días.
Así que que no me maree a mí con sermones ecologistas ningún etéreo de esos que van por el mundo diciendo relájate y mira las florecillas.
Y tú, Beucis, se ve que eres persona que nunca ha estrellado un jarrón contra una pared. Yo, muchos, y cuando se me han terminado los jarrones he seguido con platos y tazas.Creo que lo que más me crispa los nervios en la vida sois las personas tan equilibradas.
Hay días que es que a lo mejor no está una para nada.
Y perdón por las erratas y las posibles faltas de ortografía; estoy escribiendo directamente sobre el recuadrito de los comentarios.
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Miranda Hilar Gaté
10 junio, 2011
Aprendemos, desde niños, que el cielo es azul, que la hierba es verde, que la leche es blanca y que la sangre es roja. Lo aprendemos así porque nuestros padres, o los adultos, en general, que nos rodean así nos lo inculcan aun sin querer ni estárselo proponiendo.
Mira qué azul está hoy el cielo, dice alguien, mirando hacia arriba. Y tú, tan pequeño y por primera vez en tu vida y sólo porque inocentemente has dirigido tu mirada en esa misma dirección, aprendes que esa bola que lo envuelve todo es el “cielo”, y que su color es azul.
Y no nos lo cuestionamos, ¿por qué tendríamos que hacerlo?
Y crecemos sabiendo, ya para siempre, qué es un cielo azul…
Y está bien tener claro qué es el cielo, igual de bien que saber qué es un destornillador o un sombrero; que seguirían siendo lo que son aunque se llamaran, respectivamente, “mojicón”, “alpargata” o “segadora”; tan sólo sería cuestión de habituarse — y desde niño, tan pequeñito, con la facilidad con que los niños asimilan todo —, y de decirle al abuelo, con toda naturalidad, “no olvides ponerte la segadora, que hace frío”; o que el mojicón esta noche tiene muchas ogüininas —“estrellas”, en el lenguaje convencional—; y, cuando tuviésemos que apretar un tornillo, pues tan ricamente con nuestra alpargata.
Lo del color, lo del azul del cielo, lo del azul del cielo y lo del azul que por deducción — o por inducción, tengo la especie de defecto de fábrica de que me lío siempre con palabras como “inductivo” y “deductivo” y como “analógico” y “analítico” — es el color de todo lo que tiene un color que se asemeja al color de esa bola que incorporé a mi saber como “cielo” aunque pude también incorporarlo como “mojicón” pero nadie tuvo la mala, perversa y aviesa idea, de meterme una idea en la cabeza que me iba a poner difícil — así, yo sola, y con una noción tan extravagante y no compartida con ni por nadie — el relacionarme con mis congéneres…
Me he perdido.
Lo del azul, decía, es más complicado, decía también — aunque no sé si con esta confusión en que vivo he llegado a decirlo —, es ya más complicado porque…
A ver si sé explicarme.
Andaba yo tan intrigada, ya desde pequeñita — y mira que mi madre me advertía mira niña que si sigues por ese camino vas a tener muchos problemas —, con ese tema que, en el recreo, en el patio del colegio con las otras niñas, me dedicaba a abordar a unas y a otras con preguntas tales como “¿de qué color ves tú el cielo?” o “¿de qué color ves las hojas de los arboles?”. Aquellas niñas, todas, indefectiblemente, fuera la niña que fuese, alta, baja, rubia, morena, simpática, antipática, aplicada, perezosa; todas absolutamente todas respondían “azul” para la primera pregunta y “verde” para la segunda.
Probé a hacer las preguntas en orden diferente; con las hojas de los arboles en primer lugar y el cielo en segundo. Pero aquellas niñas, taimadas o tercas o insensatas, las muy tales y cuales, contestaban tan campantes “verde”, para las hojas; y “azul”, para el cielo.
Pero yo necesitaba una solución.
No voy a entrar en detalles porque los detalles pueden dar a lo mejor algo de grima o herir incluso sensibilidades; pero, resumiendo y por ir abreviando, un día en el recreo agarré a la primera que se me puso por delante y le saqué los ojos; a continuación me saqué los míos; luego me puse los de ella en mis cuencas vacías y miré, el cielo y las hojas de los árboles.
Entonces supe, en carne propia — no puedo decir que porque lo viera con mis propios ojos, que sería de pésimo gusto y un chiste muy malo —, que la muy cabrona (porque no se la puede llamar de otra manera) de la niña me había estado mintiendo como una bellaca. Como una bellaca porque, con sus ojos, yo lo vi, el cielo era a cuadritos negros y blancos y, las hojas de los árboles, qué decir de cómo resultaron vistas con los ojos de aquella cretina las hojas de los árboles…
Ella, lo contaría de otra manera. Ella contaría que cuando se puso los ojos míos el cielo era a lunares color quisquilla sobre fondo amoratado; pero es que aquella niña, espero que haya quedado claro, era una embustera.

domingo, 29 de mayo de 2011

Allí aquel día



Desde la orilla no parecía tan grande, ni que sus contornos estuvieran tan bien definidos o tan artísticamente diseñados entre las franjas ajustadas de los albayaldes que, desdoblados en distintos preludios anunciando la entrada de una nueva columna de gris (tan similar al cierzo del sur) escoltaban a los que habiendo conseguido al fin — y balanceándose, tan sólo, en uno de los estribos de modo que habrían podido hacer pensar que se apoyaban sobre sus propias extremidades — reemplazar para fecha más memorable las pequeñas trampillas herrumbrosas por verdaderas trampas (sólidas e infinitamente más seguras) se reían, satisfechos ahora, de haber engatusado con sus pequeños apóstrofes tan similares a los alveolos  de ciertas especies extinguidas hace tal vez milenios al encargado de fijar las vallas publicitarias y a los aficionados a tirar de objetos que no eran propiamente trineos pero ellos desplazaban sin más fin que el sencillamente colocarlos de forma que no quedasen paralelos frente a las construcciones estrelladas sino formando dibujos bastante caprichosos a la sombra de una de las ramas más pobladas del eucalipto pequeño, el que solía decirse que no era — más por costumbre, en realidad, que por conocimiento de su verdadera procedencia — un eucalipto sino un arce y, además y para marcar más las diferencias por si no eran de antemano bastante evidentes, no un arce de Manchuria o de Heldreich sino un arce de papel para, descorazonados al instante siguiente sin una solución de continuidad adecuada con que darles cauce, prorrumpir en hipidos y moqueos no logrando explicarse unos a otros por qué no al fabricante de manijas para la siega ni a las invitadas — tan de punta en blanco ellas para ocasión tan de recibo — a abandonar, aunque nada más fuese de manera provisional y con la promesa (entre paréntesis) de  ser  readmitidas y, entre comillas, “por última vez”, tan pronto se indultara a los morosos la zona comprendida entre los más torpes y los más contumaces de los tiradores de flechas sin punta como espacio de alto riesgo pero bajo, bajísimo rendimiento.




viernes, 20 de mayo de 2011

Sobre saltos y otras quiebras

Mitad de un resto de olvido y un trozo de ayer borrado del álbum de algún contexto en que se movió sin ruido el lento raudal escaso de pequeñas armonías entre el venir de los tiempos y el marcharse, ya sin prisa, de un mañana que no espera remontar en su esforzada, fracasada turbulencia, de vientos que no es que soplen sino que arrasan y queman los rastros en que anidaron animados de impaciencia despertares sobre el salto, al vacio de la conciencia, descarnada y ya sin cuerpo para seguir en la brega que no lleva a ningún sitio ni hallará mayor grandeza que la pequeña esperanza que en algún lugar le queda a los quebrantos sufridos de nunca más soltar riendas que liberen, al galope, tendido en la sangre quieta que ya no corre alterada, presurosa por las venas buscando el latido errático que se demoró en la hueca vana sumisión a extraños, imposibles argumentos, que terminaron vencidos ruinas de su propio peso.



martes, 10 de mayo de 2011

Sentencias

Sentencias de pies torpes que se arrastran sobre el verdor de caminos visitados, hace mucho… frío, sensación de pérdida o de miedo o de estar recordando una mixtura, amalgama, confusión, vorágine de qué no fuera más que un sueño; sin cuerpo, sin nombre y sin constancia y, sólo, formado de algún eco de palabras confundidas, a veces, y, las más, irremisiblemente erradas, alteradas, indefensas, condenadas a otro lugar u otro momento en los que ya no reside nada vivo que pueda en su no ser hallar paz ni el registro en que vibró — por un tiempo tan corto — el restallar del látigo que hostiga hasta su hoy alma irredenta que al fin de sus vaivenes sienta el peso de sus pasiones, premuras y desvelos, bajo la espesa opaca luz que iluminó la sombra desprovista de qué el mundo reconoció como deseo.

viernes, 29 de abril de 2011

Espejismo

Miradas que se perdieron y se encuentran —  vagando ahora sin rumbo por veredas que cunden sin saberlo a la deriva de cuentos relatados por las viejas, oscuras, apagadas sensaciones olvidadas de nunca haber vivido algo distinto, algo que no dejó indeleble huella y ronda en desconcierto, o en sordina, buscando en qué asentar cierta muy huidiza caricia de un antaño terso y suave que roce con sus dedos todo aire el fondo de recuerdos implacables y arranque las raíces enredadas, nudosas y resecas y malsanas de antiguos aconteceres que arramblaron, sin ruido, y sin queja, y sin pecado del que supo, taimada, zafarse la inocencia — con tantas ilusiones al fin vanas.
Y se cruzan y no se reconocen e intercambian, en cortés pero helado regocijo, despojos de entendimiento entre sonrisas que dibujan apenas en la nada la mueca ya sin brillo que musita — en su ahora ya no importa qué lenguaje  —“no vale ya la pena el demorarse”.
Y sigue cada cual por su camino.

jueves, 31 de marzo de 2011

Texto 2.19

Publicado por  el mar 31, 2011 en Segundo mensaje. La naturaleza posible

2.19 “El hombre puede darse permiso para renunciar a su propio estado: es su condición natural. En principio, la dependencia de la realidad estática estará fraguando una disfunción tendente a deprimir los sistemas límbico, talámico o corticoidal al producirse una relación por falta de alerta de los procesos cognitivos”.

Afrodita
2 abril, 2011
Seguro que te van a dar, Bhakta, definiciones bastante mejores, que a mí también me van a venir muy bien. Pero, entre tanto, tengo la idea de que el estar es transitorio — llevado al leguaje y a la vida cotidiana, estar enfermo, estar enfadado, estar enamorado, estar angustiado — y el ser es lo que se queda en ti, lo que no puede quitarte nada ni nadie ni puedes perder, ni se puede deteriorar… De repente me doy cuenta de que según los ejemplos que termino de poner habría una contradicción con, por otros ejemplos, ser cruel, o ser estúpido (que es como se suele decir); pero es que en realidad está mal dicho y se utiliza así por costumbre, cuando lo correcto sería decir estar cruel o estar estúpido…
Creo que todo lo relacionado con el ser implica, digamos, cosa buena; y que lo relacionado con el estar no lo es tanto, o no lo es siempre.
Por medio del ser, de lo que ya eres — y aunque no lo sepas; es más, creo que del ser es muy difícil tener consciencia — se va ampliando la capacidad para modificar el estar.
Pero verás como surgen buenas explicaciones.
A Enrique:
Me ha gustado muchísimo el comentario con el que has empezado. Sé que no se hace la luz en una cabeza de un momento para otro; pero alguna bombillita sí que se me ha encendido leyendo tus explicaciones tan bien dadas.
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Afrodita
2 abril, 2011
Intento hacerme una idea medianamente clara de cuál es el cometido de los tres sistemas que nombra el autor, y no lo consigo. Un poco quizás del sistema límbico, que buscando en internet veo que tiene que ver con las emociones; el tálamo parece que se ocupa de las sensaciones (que no sé diferenciar de las emociones); y en el corticoidal ni me meto.
De cualquier modo, y como aunque se ignore la definición de las cosas hay que seguir viviendo y viéndose sujeto a sensaciones y emociones aun sin poder colocar su letrero a cuál es cuál, una no puede evitar discurrir a su manera y que allá se las apañe el tálamo distribuyendo qué recibe al lugar donde tenga que enviarlo.
Y en ese discurrir se me ocurre que por más vueltas que se dé a las cosas (y por favor que nadie interprete que no valore el saber, y que no agradezca las explicaciones que dais los que tenéis conocimientos; sólo estoy queriendo decir que el hecho de no tenerlos no libera de la necesidad ni del impulso de pensar acerca de todo lo que se tiene noticia de que existe), que por más vuelta que se le dé a las cosas lo que subyace bajo toda intención del ser humano es la búsqueda de la felicidad.
En esa búsqueda de la felicidad uno se encuentra con que el ser feliz no es concretamente tener algo tangible que se desea; pero que ser no feliz sí está ligado a la ausencia o carencia de lo que se entiende como necesario, como que es doloroso sentir que no está.
Quiero decir que qué es en definitiva qué nos hace desdichados y que, aparte de hechos ajenos o incontrolables en los que la intención o la voluntad humana tienen poquito que hacer (salvo en cuestiones de índole práctica, claro, como llamar una ambulancia si ve uno un accidente), lo único que de veras priva de ser feliz son las actitudes y los comportamientos de los humanos.
Esto me ha llevado a pensar, a la vista del texto, que esas disfunciones de que habla el autor pueden imaginarse como distintas sustancias en algo que me compongo en mi cabeza como tubos de ensayo, por ejemplo, y que no en todas las personas el nivel de esas sustancias está equilibrado en los correspondientes tubos.
Es una manera muy infantil de exponerlo, pero es la que tengo.
Siempre me ha llamado mucho la atención que personas muy sensibles para algunas cosas son un trozo de pedernal para otras. Una vez leí en alguna parte que un nazi muy conocido, Himmler o Goebbels o alguno de esos, se emocionaba hasta las lágrimas cuando escuchaba música.
Y, bueno, en la vida cotidiana, personas que uno conoce y con las que se relaciona, con las que tiene amistad y simpatiza y comparte formas de pensar y, de repente, un día, se encuentra con una faceta que le desagrada profundamente y le chirría una barbaridad porque como que no le cuadra con todo lo demás que conocía de esa persona.
Esos chirridos son, en mi forma de sentir, lo que obstaculiza el ser feliz.
Pero, aparte de eso, que pueden ser tan sólo apreciaciones mías y allá yo; esas sustancias que no sé cuáles son, y su descompensación dentro de esos tubos que no sé cómo explicar, ¿puede ser lo que justifique los comportamientos, incluso el carácter o el temperamento de las personas?
Tampoco sé poner muy en condiciones la línea divisoria entre temperamento y carácter; y entre personalidad. Pero eso no me importa tanto, lo meto en el saco de las ignorancias menores.
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Afrodita
5 abril, 2011
¿Dios hizo el mundo sin pensar?
No pretende ser un chascarrillo, Enrique, que lo digo completamente en serio.
Pero si Dios no es materia, no puede tener cerebro, y no pudo hacer un Universo que esté correspondiéndose con otro algo que tuviera ya en su mente y de lo que pudiera decir “así es como lo quiero”.
El pensamiento es algo a lo que los humanos exigimos que tenga una coherencia; que se adecúe a un modelo consensuado por el resto de los seres pensantes y que, quien lo perciba o a quien llegue, pueda identificar como algo que le es conocido, o que tiene algún tipo de estructura imaginable, o secuencial…
Es muy difícil de pasar a palabras.
Pensamos en frases, atentos a respetar concordancias de sujetos con verbos y complementos, pretendiendo que así seremos comprendidos por los de nuestra misma especie. Y sin embargo no siempre lo somos e, incluso, nuestras palabras después de tan cuidadosamente meditadas dan lugar a equívoco.
Si a las palabras no se les exigiera esa especie de coherencia, o de cohesión, o de lo que sea, me pregunto si serían capaces de trasmitir más de lo que trasmiten. O si en lugar de utilizar lenguaje nos comunicásemos unos con otros por medio se sonidos, o de colores, o de movimientos o de trazos sin tener una consciencia previa de que tal sonido o color o movimiento o trazo tenga un significado. Sin poner una intención.
Sé que es muy extravagante lo que digo y además está espantosamente mal plasmado; pero se me ocurre muchas veces que si nos despojásemos de intenciones o de deseos o de prejuicios acerca de qué estamos pretendiendo al comunicarnos la comunicación a lo mejor era algo así como más profunda o más veraz. En la pintura no figurativa, por ejemplo, se consigue algo así.
Quiero decir que la racionalidad lo deforma y de alguna manera lo manipula todo.
Y que seres con cerebro no podemos liberarnos de esa manipulación.
Y que desde nuestra configuración es imposible que entendamos ni al Universo ni a Dios.
Disculpad todos esta disertación tan estrafalaria. En mi mente creo que está bastante más pulida, pero no soy capaz de expresarla mejor.
Pido perdón en especial a Enrique, que siento gran respeto y admiración por todo cuanto dice y lo bien que lo dice; y mira que destrozo he hecho por culpa de mi falta de… no sé qué.
Cuando voy a subir esto veo el comentario de Susana, que antes no estaba, y leo “procesos que no funcionen en cadena”, “estímulos”, “que se procesen determinados estímulos”. Es un comentario que me parece muy interesante…
Y me sigo preguntando, ¿es desde la razón desde donde encontraremos respuestas?
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  1. Afrodita
    6 abril, 2011
    Sí, Enrique, y no voy a incurrir en la osadía de pretender echar mano de argumentos que no tengo. Pero cuando me replicas con preguntas como “¿Dios hizo el mundo? ¿El mundo se hizo? ¿Qué es el mundo? ¿Qué es pensar? ¿Se puede comprender el mundo pensando? ¿Se puede comprender el mundo? ¿Qué es comprender?” no estás, eso por descontado, queriendo significar que no tengas ni idea.
    Tienes tu idea, desde luego, y no voy a dudar ni por un instante que bastante más fundamentada que la mía. Lo que no puedo pretender es que me trasmitas en bloque, tal cual tú la tienes, esa idea. Y no porque no quieras, sino porque es de todo punto imposible trasmitir algo que, se quiera o no, ha de estar cimentado en referencias imposibles de trasmitir.
    Ese es, digamos, mi gran dilema; el cómo poder hacerse idea de algo sin estar agarrándose de referentes previos, asumidos o aceptados con o sin intención y de buen o de mal grado.
    No es posible para la razón elaborar algo, una estructura, cuya forma no esté compuesta a base de círculos, cuadrados o triángulos, o una combinación de los tres. Ni “inventar” un perfume que, por muy exótico que pudiera resultar, no sea una combinación de olores conocidos, o desconocidos pero existentes en algún lugar de la Tierra. Ni hacerse idea de una sinfonía a base de algo que no sea la escala musical. Ni pintar un cuadro con colores que estén fuera del arco iris. Ni imaginar una sustancia que no sea ni sólida ni líquida ni gaseosa.
    Así que, aunque tú no puedas contármela ni trasmitírmela a mí, sí tienes tu propia idea de qué es llamémoslo Dios o llamémoslo “Espíritu que lo impregna, que de alguna manera asume la aparente limitación o densidad de la materia”. Desde esta definición, la que tú das — y puedo admitir encantada, y agradecer, y no estoy discutiendo Dios me libre, pero qué difícil es dejar claro por escrito que no se está pretendiendo discutir —, ¿te es posible el esquivar el suponerle una forma o una consistencia?
    Seguro que sí puedes, desde tus conocimientos, o desde tu razón, desechar esa forma y esa consistencia como disparatadas; y terminar asumiendo, para ti mismo, que no sabes cómo es. Pero el saber que no se sabe cómo es algo no soluciona la imposibilidad de suponer un “algo” desprovisto de cualquier tipo de forma.
    (Sigo)
  2. Afrodita
    6 abril, 2011
    (Siguiendo)
    Cuando yo era niña, y nos habrá pasado a todos, se nos enseñaba que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza; lo que obliga, ineludiblemente, a que ya desde niños imaginemos a Dios a imagen y semejanza del hombre, que es lo que tenemos a mano.
    Desde ahí, y por mucho que a ese Dios o Espíritu se lo quiera mondar de todas las características inherentes, o consustanciales, a lo humano, siempre nos vamos a encontrar con que hay un andamiaje que desmontar y que no tenemos cómo desmontarlo; y también nos vamos a encontrar con que si lo desmontásemos no nos quedaría nada a lo que conscientemente nos pudiéramos agarrar.
    ¿Cuánta gente hay en el mundo dispuesta a circular por su propia vida tan sin manos?
    Sí creo, sin embargo, que hay formas, sonidos, olores y texturas y muchas más cosas que lo son sin adecuarse ni a la geometría conocida, ni a la escala musical ni a los colores del arco iris, ni, ni, ni…
    Y que por ser ajenas a qué nuestro cerebro puede reconocer ni se las percibe, se las ignora porque carecemos del “sensor” que puede registrarlas. A veces me imagino que si fuéramos capaces de notar tantos golpes y roces como padecemos en nuestro cuerpo por el simple hecho de andar por la calle volveríamos a casa llenos de cardenales.
    Bueno, en conclusión; que somos lo que somos, seres humanos; y que estamos donde estamos, el mundo de los humanos. Y que en tanto seamos lo que somos y estemos donde estamos habrá unos límites infranqueables que, en otro momento (siendo otro tipo de seres no humanos), serán como coser y cantar, pero, entre tanto…
    Entre tanto no podemos ni dejarnos caer en brazos de la razón ni darle la espalda. Hemos de pasar la vida entera poniendo, queramos o no, algo así y como que muy mal comparado una vela a Dios y otra al diablo.
    Enrique, te lo repito una vez más, no te estoy rebatiendo nada. Sólo estoy pasando a letras y palabras algo que si no fuera aquí, en este blog, y propiciado por las posibilidades de expresar que coloca al alcance de la mano, no encontraría… a lo mejor sí un lugar, pero no un punto de arranque desde el que, proyectarlas o algo así…
  3. Afrodita
    6 abril, 2011
    Y cuando hayamos evolucionado, justo en ese instante, se habrá cumplido nuestro para qué, y dejaremos justo ahí de ser seres humanos. Por eso estoy tan empecinada en que no posible tener consciencia de lo obtenido ni de lo logrado; ni ponerse muy contento de ¡lo conseguí! Porque automáticamente dejamos de ser el que luchó o se esforzó por conseguir. No lo puedo entender de otra manera; no me entra en la cabeza poder saber alguna vez si he evolucionado.
    Sí la puedo tener de que no evoluciono; pero no de que sí lo hago.
  4. ***
  5. Afrodita
    11 abril, 2011
    Una vez más aparece lo muy huidizo de las palabras. Porque, ¿qué es la fe? ¿Qué es tener fe? ¿Esa fe ha de tenerse en los otros? – que me temo que no, aunque tampoco es que haya que ser desconfiado -, ¿hay que tenerla en el destino? – que ¿qué es el destino? -, ¿hay que tenerla en Dios? – y no parece que la función de Dios sea velar por el bien de sus criaturas.
    ¿Alguien sabe explicar, no incurriendo en abstracciones o frases poéticas, qué es la fe?

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