viernes, 28 de enero de 2011

Terminó el fin y se inició el esbozo

Terminó el fin y se inició un esbozo de nada a trazo grueso, sin proyecto, sin asomo de ser en sus comienzos el todo que arrasara con su aullido las tórridas fierezas del abrazo que, sobre la rica mies de campos abonados sin demora ni impuesto de plenitud o de cordura, desgarró del solo golpe seco de una tos arraigada en las entrañas el haz de luz vertido por los dioses sobre el ayer de futuras , esperanzadas añoranzas compungidas pidiendo amor, o tedio, o una excusa para ya nunca más volver la espalda a ningún sol, desnudo, o harapiento, perdido en el alzar de manos trémulas que encontrarán, allí, más allá de la nada, el proclamar ferviente de la espada antes de, en fin, y en carne tumefacta, clavarse hasta la cruz en el descuido de atemperadas observaciones minuciosas, ponderadas, de templanza.
Beter

domingo, 23 de enero de 2011

Torrentes de catarsis inflamadas

Torrentes de catarsis inflamadas zumbando en los oídos de los claroscuros que se extienden por debajo de las puertas cerradas con cerrojos de silencio negando que en alguna parte se perdió la lúdica voluntad de escapar de las garras del monstruo que desde el interior de sus entrañas busca alimentarse de la debilidad, el aburrimiento o el olvido de algún tiempo borrando las estelas de los mares anegados en sombra de misterios que delatan, en su mudez, en su arrebolada obstinación profana, la exculpación de venenos que derraman tanta crueldad, tanta inclemente denostación de las tempranas experiencias oscuras en que el alma derrocha, sin pasión, las pálidas rarezas del acaso sumido en el estertor de otro mañana en que ya no, ya nunca ni en venganza, se escucharán las voces de los que, extraviados del error y del fracaso, se entregarán al nuevo despertar que aguarda intacto; y sonarán, entonces y en lo alto, los gorjeos desafinados del infausto, informe desplegar de mil erráticos bandazos a derivas de unos cuantos pasos que se perdieron ambulando del cielo al sol, del acaso al entonces y, desde allí, verán nacer, muriendo entre sus goznes, un ya no más buscarse en los rincones donde no hay, ni queda, ni se guarda, temor de Dios ni de su faz sin rostro.

miércoles, 12 de enero de 2011

Cuarto creciente

Cuarto creciente
Uno más de entre tantos  instantes que se encogen, asustados, temerosos de saberse pequeños, y sin voz,  y tan aislados, sin futuro en el todo de una Humanidad que no desmaya en su no renunciar a ser un día perfecta, redonda y plena, sin aristas de ariscos desencuentros clavándose perversos en la Historia de la Eternidad que la sufrió y, también, a golpes de errores y de aciertos, a golpes de risa sin sentido a veces y de verter de lágrimas quién sabe si con menos, la adornó de su forma  se encadenan en el intento último de codo con codo darse fuerzas; y  configuran, en lo que llamamos los que vivimos en esta pequeña bola tan perdida entre galaxias con nuestra forma de medir tan limitada “tiempo” que se escapa entre los dedos de las manos que forjaron en su hacer las cadenas, alientos que se desvanecerán entre las  garras despiadadas, despaciosas del tan preciado invento.

lunes, 10 de enero de 2011

Tres haikus de invierno

Calor de estufa
gotas en los cristales
pasa un mendigo.
*
Silencio y calma
el perro sueña huesos
el amo en vela.
*
Sin remitente
letra inglesa en un sobre
desconocido.











jueves, 6 de enero de 2011

Cuencos de luz

Cuencos de luz izándose en las garzas cavernas de las horas bruñidas a golpe de velada ensoñación del trepidar del musgo en los escuálidos pigmentos derrochados en lanzarse, a la deriva sin azar y sin ojos de huracanes que arrasan la tiniebla, desde lo más alto de túneles angostos por los que se descubren obsequiosos ancianos de patéticos modales que encantan a las señoras arrobadas en perfumes de néctares terciados de la acidez descuartizada en cientos, miles, de firmamentos sin sentido, del tacto, de la orientación, de la decencia, cortando vientos y rebanadas torpes de pan de ayer y restos de vituallas que vomitó, en estertor de muerte, alguna voz que se agarró a cual clavo a algún rencor de cielos ignorados en el hostil, impúdico, innombrable designio atroz de alaridos quebrados.
Luego, en la faz de hierro o nieve del crepúsculo amañado por la insidia del destino, un atronar de rampas sin tizones de rojo andar al paso de las tórridas huestes de un dios que se erigió en pontífice de algún minúsculo, aherrojado sentir miedo o ardor, en el centro mismo del estómago, vacio de tal, o cual, o este o el otro, inapelable inconcluso adminículo de inutilidad rayana en bordes áridos de risa o paz tendida en el asfalto.

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Composición 2

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