miércoles, 23 de marzo de 2011

Oda a la mujer muñeca

Mortaja que envuelve lúgubre qué quedó de lo que fuiste, en qué pararon tus labios, en qué fue a quedar tu busto; en qué tu pose y tu risa y tu vanidoso porte luciendo llena de orgullo los atributos del arte que pusieron en tu cuerpo los artistas del tatuaje.
Qué tuviste que no fuera logrado gracias a parte del esfuerzo y del empeño que ambiciosa te marcaste por alcanzar a ser musa de unos tiempos en que pace un sentido de la estética en el que apenas subyace un rasgo de fresca brisa natural y no de plástico en los cuerpos de sus divas.
Qué durará en la memoria de los que te conocieron, de los que te desearon y alabaron tu belleza, más allá de la textura y el brillo y la consistencia de un rojo de silicona en tus labios y, en tus tetas, turgencias de morbideces redondas y muy soberbias.
Qué permanecerá incólume si llegas algún día a vieja y desde el fin de tus días te contemplas con tristeza y comparas qué no fuiste con qué pudo ser la estela que no quedó en la memoria de los que al mirarte vieron nada más una muñeca inflada por todas partes y sin nada en la cabeza.
Qué será de ti muñeca, de cartón de trapo y cera, cuando tu grandeza quede reducida a la miseria de tan sólo los despojos de una grotesca quimera que como todo lo falso, lo mentido y lo que engaña se evaporará al contacto del despertar que te espera.
Qué será de ti mujer cuando un día al abrir los ojos te enfrentes a la pureza de la nada que en ti albergas y te des cuenta ya tarde de que vendiste tu alma a cambio de unas monedas que no iban a comprar nunca la verdadera hermosura ni la auténtica belleza.

Muñeca

Archivo del blog