viernes, 29 de abril de 2011

Espejismo

Miradas que se perdieron y se encuentran —  vagando ahora sin rumbo por veredas que cunden sin saberlo a la deriva de cuentos relatados por las viejas, oscuras, apagadas sensaciones olvidadas de nunca haber vivido algo distinto, algo que no dejó indeleble huella y ronda en desconcierto, o en sordina, buscando en qué asentar cierta muy huidiza caricia de un antaño terso y suave que roce con sus dedos todo aire el fondo de recuerdos implacables y arranque las raíces enredadas, nudosas y resecas y malsanas de antiguos aconteceres que arramblaron, sin ruido, y sin queja, y sin pecado del que supo, taimada, zafarse la inocencia — con tantas ilusiones al fin vanas.
Y se cruzan y no se reconocen e intercambian, en cortés pero helado regocijo, despojos de entendimiento entre sonrisas que dibujan apenas en la nada la mueca ya sin brillo que musita — en su ahora ya no importa qué lenguaje  —“no vale ya la pena el demorarse”.
Y sigue cada cual por su camino.

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