miércoles, 31 de agosto de 2011

Texto 3.4

Publicado por  el ago 31, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.4 “Filas de menhires de piedra especialmente buscada trazaron miles de meridianos sobre la superficie geográfica, dólmenes y puertas iniciáticas jalonaron los puntos estratégicos. Fue el tiempo de los Titanes, cuando todavía Cronos marcaba el compás de la evolución con un ritmo binario implacable. Cabe añadir que aún se pueden encontrar miles de piedras milimétrica y geométricamente plantadas, y muchas de ellas enterradas por el tiempo, o quien sabe si por aquellos que consideraron importante su permanencia. La Medicina china practica desde hace miles de años el arte del conocimiento de los meridianos energéticos que recorren la fisiología humana, plantan agujas en partes estratégicas para estimular el flujo de los retornos y para eliminar obstáculos en la purificación de la inteligencia”.

Afrodita
3 septiembre, 2011
Llegará el día, aunque haya de pasar mucho tiempo y ninguno de los que estamos aquí alcancemos a verlo, en que tantos pueblos tan sojuzgados, tan masacrados, tendrán eso que los occidentales civilizados llamamos tan orgullosos democracia; y unos gobernantes elegidos libremente tan indeseables como los que nosotros padecemos.
Y entonces ya no los matarán las hambrunas ni las bombas ni los fanatismos religiosos. Se matarán unos a otros con la ley en la mano, como nos matamos entre nosotros; vestidos con traje y corbata y todo en términos muy correctos. Entonces los matará el derecho a, por ejemplo, una muerte digna.
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Afrodita
5 septiembre, 2011
He pensado muchas veces algo parecido quizás a lo que planteas Aquiles.
Si hubo un tiempo en que se clavaron piedras, a modo de puntos de acupuntura, sobre la superficie de la tierra con la idea de que el hacerlo era beneficioso, ¿no estará siendo nocivo el que ahora — un “ahora” que se prolonga bastante en el tiempo, nuestro tiempo — se le hagan a la Tierra todo tipo de perforaciones y “heridas” sin más criterio de qué resulta conveniente o práctico para nuestros fines tan mezquinos?
Si aquellas piedras y el colocarlas exactamente donde se las colocó y para qué se las colocó estaban persiguiendo un beneficio que, quiero pensar, iba más allá de la inmediatez de los afanes cutres de la vida cotidiana; ¿no estará siendo un sacrilegio, por el que terminaremos pagando un tributo — que no tengo ni idea de en qué pueda consistir — el estar comportándose con la arbitrariedad que se está haciendo?
En otro orden de cosas. Qué poquita credibilidad le concedo a J.J. Benítez. En mi opinión ha hecho de sus “investigaciones” su fuente de ingresos y de cómo hacerse con un prestigio y le tiene sin cuidado qué es verdad y qué no lo es.
Vamos, que siento bastante desprecio hacia él.
Y nótese que digo “siento desprecio”; no afirmo en ningún momento, y Dios me librara de hacer ninguna aseveración gratuita, que él sea despreciable.
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Tal vez
7 septiembre, 2011
Tal vez, In-finito, es que los hombres, los humanos, nos hemos erigido en dioses, en todopoderosos y, lo mismo que Zeus, hemos elegido mal y llevados de nuestra ambición o de nuestra soberbia nos hemos quedado con la peor parte de lo que se nos ofreció.
Porque es seguro que existieron, en algún momento, infinidad de posibilidades que estaban ahí, sólo hacía falta elegirlas; pero elegimos la tecnología, las máquinas y los artilugios en vez de indagar en de qué habríamos sido capaces, dónde habríamos podido llegar si no hubiéramos dado la espalda al misterio del que hablas.
Nos seducen otros misterios mucho más ramplones; nos gusta la parafernalia, lo vistoso, lo espectacular. Nos interesamos por qué hay lejos, fuera de nosotros; pero no queremos saber nada de nuestro “yo” íntimo ni de cómo desbrozarlo.
Es como estar parado en un punto cualquiera de un lugar desconocido; desde ese punto damos, forzosamente, un primer paso que nos va a llevar por un camino diferente del que nos apartamos por, tan sólo, no haber dado aquel primer paso con apenas una desviación milimétrica del que sí dimos. Y al principio es imposible ver la diferencia, faltan distancia y perspectiva; y cuando nos damos cuenta estamos en un lugar distinto por completo del que hubiésemos querido.
Pero el caminar por la senda equivocada también nos fraguó, de algún modo; y ya no somos el que tuvo la posibilidad de no errar.
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Afrodita
9 septiembre, 2011
In-finito, me ha gustado mucho el comentario que has escrito en respuesta al de Tal Vez.
Tu primer párrafo me invita a reconsiderar algo que en la composición visual que siempre me he forjado de lo que Tal vez plantea con el punto de partida y los posibles caminos he cometido sistemáticamente el error de imaginar esos caminos rectos, como innumerables radios partiendo del centro de un círculo y alejándose más y más a medida que el círculo se agranda; pero tú tienes razón y, una vez dado ese primer paso, al dar el segundo paso se abre un nuevo círculo con nuevos innumerables radios, y en lugar de radios, de líneas rectas, lo que se teje es una red.
El imaginar las cosas de una forma o de otra debe de tener que ver con el carácter (o el temperamento, que siempre me hago un poco de lío con esos dos términos; pero por favor que nadie pierda su tiempo explicándome la diferencia, que no me quita el sueño) de las personas.
Un poco parecida, mi idea errónea, a lo que escribe Anónimo de caminos lineales. De acuerdo, Anónimo; caminos no lineales, pero lo de la irreversibilidad… Ahí sí que ni me arrugo, ni me chafo, ni me retracto, ni me arredro: los actos humanos son irreversibles, para lo bueno y para lo malo. Y cada acto humano se queda clavado, como un menhir (por eso me parece prudente ser cuidadoso, si se tiene poco tacto o mala puntería puede colocarse mal o e en mal sitio y causar daño) en la historia de quien lo ejecuta y en las historias de todos aquellos en los que incide.
Y, otra vez en referencia al comentario de In-finito, se deduce que no eran los pertrechos de que lo aprovisionaron los dioses lo que necesitaba Hércules para tener éxito (palabra equívoca, como tantas otras palabras, porque qué entiende cada cual como “éxito”) sino lo que él conocía de sí mismo y creer absolutamente en su propia fuerza.
Ahora, como cuestión del todo aparte, una reflexión puramente personal: para comerse un huevo no es necesario saber ponerlo.
Ah, otra reflexión: Me parece poco elegante, Anónimo, eso de aludirse unos a otros deslizando insinuaciones (sutiles, desde luego) de lo muy avispados que somos sabiendo detectar qué seudónimo se corresponde con tal otro.
Además, corres el riesgo de dar un patinazo.
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  1. Afrodita
    14 septiembre, 2011
    Como lo que vivimos es un sueño y no la realidad hay que ignorarlo. Cuando veamos sufrimiento, o injusticia, o crueldad no hay que hacer caso; el sufrimiento y el dolor sólo son apariencia y prestarle atención o consentir que duela es despreocuparse y desatender a la propia evolución, que es lo que importa.
    La obligación del ser humano es evolucionar y dejarse de tonterías.
    Y un día seremos Uno, y estaremos tan felices.
    Me encanta. De verdad que me encanta.
    Además, el ser humano es bueno, muy bueno. Cuando nos parece malo es que no sabemos comprenderlo.
  2. Afrodita
    14 septiembre, 2011
    Aquí os dejo un enlace, no dejéis de mirarlo que es muy bonito. Lástima que no sea realidad y sólo una especie de alucinación ¿Verdad?
    http://www.20minutos.es/noticia/1157113/0/toro-de-la-vega/muere/tordesillas/
  3. Afrodita
    15 septiembre, 2011
    Bhakta:
    Me has dado la razón exactamente en lo que escribí queriendo significar lo totalmente opuesto. No pienso, en absoluto, que la obligación del ser humano sea evolucionar y dejarse de tonterías. Pienso que se debe actuar atendiendo a qué se entiende por “bondad en estado puro” sin evaluar en cuánto de el ejercitarla vaya revertir sobre uno mismo.
    No creo en la reencarnación, que me parece un subterfugio muy engañoso para justificarse y para declinar toda responsabilidad frente a los propios actos.
    Aciertas sí en una cosa. Me duelen infinitamente más los animales que los seres humanos. Sé que no es lógico, y no pretendo que se me comprenda, pero es así y no puedo hacer nada; podría no expresarlo, pero no por eso dejaría de ser mi verdad.
    Cuando las personas sufren no es que no me importe, pero puedo tolerarlo porque pienso que es un sufrimiento con el que me puedo identificar, y me creo que puedo medirlo, e imaginar que el que lo padece necesita para sobrellevarlo una fuerza similar (mucha o poca) a la que yo necesitaría si me viera dentro de su piel. No sé si me explico, porque es complicado.
    Del sufrimiento de los animales no tengo ni idea de cómo funciona, y es ese desconocimiento lo que me hace imaginarlo terrorífico. Por otra parte, y entiendo desde mi razón que incurro en un contrasentido, me “imagino” la perplejidad y el desvalimiento frente al dolor de unos seres que no tienen el concepto de qué es crueldad. Como si pudieran preguntarse (que sé que no pueden) “¿por qué me está ocurriendo esto?”.
    Los humanos sabemos todos qué es crueldad. También sabemos todos que alguien que hoy nos puede inspirar piedad mañana nos puede estar pisando el cuello.
    Cuando un ser humano inflige daño a un ser vivo lo hace voluntariamente o, al menos, sabe que está causando daño y sabe (o intuye, a partir de si mismo) en qué medida.
    Un león te puede destrozar pero, oh gozosa ventura, sin pizca de odio.
    Tampoco creo en la ley del karma; si creyese en la ley del karma creo que entendería estupendamente que la dicha y la desdicha se alternan, en las vidas y que (como se decía en un pueblo en el que pasaba los veranos de niña) unas veces toca perdiz y otras veces toca penitencia. Pero, ya te digo, no creo en la ley del karma. No creo que nadie nazcamos con un karma colgado a la espalda.
    Tal vez he sido injusta y me he excedido al descargar toda mi bronca sobre tu comentario cuando, aun no dejando de ser cierto que no estoy de acuerdo contigo, en realidad mi resentimiento es para con todos los que estamos participando en el blog incluida yo misma. Pero ocurre que eres tú quien ha expresado, en palabras, lo que los demás no expresan pero se pone de manifiesto justo en la forma de no expresarlo.
    Estamos funcionando como si el blog fuese un compartimento estanco, aislado del resto del mundo y de la vida; una especie de burbuja en la que se ha hecho el vacío y todo lo que queda fuera de sus paredes resulta ajeno o es obviable.
    Hay algo en él que suena a falso; no quiero decir a “mentira” pero sí a forzado y, además — y eso es lo que más me chirría — esa especie de glotonería por atesorar conocimientos que me recuerda un poco al turista que hace muchas fotos para poder demostrar que estuvo allí.
    Aventurero, no te lo creerás pero pienso en ti con frecuencia, siempre que entro en el blog y veo lo mal que está funcionando. Imagino que pusiste ilusión en él, cuando empezaste, como se pone ilusión en todo lo que se empieza y creo que creíste (parece un trabalenguas) que iba a funcionar; y me apena pensar que debes de sentirte bastante frustrado. Aunque a lo mejor no, quién sabe.
    Pero no está funcionando, y lo siento de veras; y te pido perdón por no haber sabido hacerlo funcionar en la pequeña parte que pueda tocarme.
  4. ***
  5. Afrodita
    15 septiembre, 2011
    Yo nunca he leído a Aurobindo, y quizás por eso no sé que es encarnación. En varios comentarios tuyos a lo largo de diferentes textos del blog se ve, o yo interpreto, qué sí crees en una sucesión de vidas; y en esa sucesión de vidas, una y otra vez en este mundo nuestro es en lo que yo no creo. Nadie me convencerá jamás de que somos “personas” más de una vez en toda nuestra existencia.
    Porque sí creo en una existencia en la que se contienen la vida (la vida mortal, o terrena, y que entiendo como tan sólo un paso en un largo proceso) t otras distintas formas de ser que ahí, la verdad, sí que me pierdo y no sé cómo puedan ser esas formas, ni dónde, ni cómo acontezcan.
    Pienso que en ese proceso se van dando las circunstancias y los entornos que posibilitan la evolución (nunca la involución); de manera que habremos pasado por etapas bastante más elementales que la que vivimos en el aquí y en el ahora, y que nuestra calidad irá siendo “mejor” (es una manera un poco rala de decirlo) en lo sucesivo.
    Pero no creo que se conserve a lo largo de esas etapas una identidad a la que asirse y se pueda decir “yo en tal o en cual época fui Fulanita de Tal o Perenganito de Cual” como entienden, por poner un ejemplo, los espiritistas. Y del espiritismo si tengo idea; mis padres eran, o se decían, espiritistas, y es una forma de pensar tan infumable que desde que dejé de ser niña la detesto.
    Hay otra cosa que no tengo clara (entre tantas otras) y es que como el tiempo no es lineal (que me lo creo, aunque no sé entenderlo; no sé elaborar en mi mente un trascurrir sin un “antes” y un “después” que no sería, por tanto, un “trascurrir”), como el tiempo no es lineal no sé cómo acontecen esos diferentes digamos “pasos” en el existir; ni si tienen lugar en forma de sucesión o si en ciertos instantes convergen y es cuando se dan esos destellos de inspiración, o de plenitud, que en mayor o menor medida y con más o menos frecuencia se dan por fortuna en todas las personas.
    Me he extendido mucho, aunque como esto ya es un final de serie no creo estar interrumpiendo ni interfiriendo en la marcha habitual de los comentarios.
    Pero quería explicártelo, a tí, y que quede claro que lo mío no es animadversión, y qué tal vez si se dispusiera (que no se dispone) de una palabra concreta y única para cada concepto tal vez posturas que se ven como del todo opuestas no lo fueran tanto.
    Y he querido, también, que esta vez no percibas acritud en lo que escribo.
    Lo he hecho directamente sobre el recuadrito para comentarios, así que puede que esté lleno de erratas.

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