lunes, 31 de octubre de 2011

Texto 3.8

Publicado por  el oct 31, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.8 “Aquellas leyendas relatan que en el interior de la Tierra vive la hermana negra, la gran Luna interior, que rueda a la misma velocidad que la Luna blanca; también remarcan el encuentro entre la luz del Sol y la energía telúrica, y publican que ese encuentro es distinto en cada espacio, porque cada piedra, cada metal, cada cristal guarda, retiene y transmite una forma de memoria, cada piedra habla al espacio que le rodea y escucha las respuestas grabadas en las caras de sus poliedros; el subsuelo está cruzado por millones de líneas magnéticas, caminos que a veces abosrben y actúan sobre los seres vivos vaciando su energía; hay cuevas sagradas por todo el mundo, moradas de magos y místicos, y hay cuevas malditas y peligrosas donde viven los dragones, donde se guardan las culpas de la gente antigua”.

Afrodita
6 noviembre, 2011
Sí, Antónimus, echo de menos frescura, un poco de espontaneidad, que se escriba más desde el “yo”, desde el propio sentir, y el propio dudar, y el perderse un poco tanto en lo que se pretende expresar con las palabras como en los pensamientos que se pretenden plasmar y no se logra a veces.
Por supuesto que al escribir desde el “yo” no pretendo que nos contemos unos a otros pormenores de las vidas cotidianas, pero sí dejar traslucir (o al menos no ocultar con tanto celo) ese puntito de vulnerabilidad que todos guardamos en nuestro almario, esa subjetividad de la que comúnmente se reniega bajo la afirmación, tan razonable y tan fría, de “hay que ser objetivo”.
La subjetividad, aventurarse a errar o a no resultar brillante, y expresar dudas — que podrían dar pie, tal vez, a que alguien reparase en “pues yo no tengo esa, o no me la he planteado, pero tengo tal otra” —que ya sabemos que nadie va resolvernos pero propiciarían una especie de nexos, de entramado o tela de araña de diálogos, conferiría al blog una fluidez y un tono cálido, o cercano, que le está faltando.
Es este un sentimiento que he plasmado en cantidad de ocasiones, y he formulado preguntas, y he leído comentarios de otros que expresaban también sus dudas y formulaban sus preguntas; pero ninguna de esas voces ha encontrado (las más de las veces) eco alguno.
Da la sensación de que nos sentamos ante el ordenador y nos ponemos a escribir nuestro comentario una vez que lo tenemos perfectamente estructurado en el pensamiento, desbrozado de toda interferencia grata o ingrata, utilizando el mismo tono e idéntica cadencia — porque el ánimo se nota, se desvela de algún modo en la configuración de las frases; hasta en la distribución de los puntos y de las comas se sospecha — tanto si estamos tristes, como si estamos contentos, como si tenemos preocupaciones o no las tenemos.
En ese aspecto, mira, eres de las pocas personas que te expresas con algo así como “arranque” y sin temor a (o con intención de) resultar un poquito…, en fin, ya tú sabes con cuántas ganas de meter los dedos en los ojos a todo el que se tercie sueles entrar en el blog…
Si suprimieras esas acritud — aunque tengo la impresión de que utilizas otros seudónimos en los que te muestras más amable; también yo utilizo a veces seudónimos, algunos para darme respuestas (como si jugase al ping-pong con alguno de mis otros yoes) a cuestiones a las que nadie responde — estarías (en mi opinión y creo que también en la de Loli, aun con todo lo que pueda matizarse en cuanto a de qué se duele ella y de qué me duelo yo) contribuyendo a que el blog fuese un lugar un poquito más… cálido, confortable, cercano, grato, afable, etc.
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  1. Afrodita
    9 noviembre, 2011
    No sé, Bhakta, y tal vez lo que digo es una bobada, pero yo a veces pienso que en la Biblia las referencias temporales no se ajustan en concreto, o no siempre al menos, a momentos localizables en el tiempo ni a hechos sucedidos en un momento preciso. Y a veces hechos relatados como del pasado tengo la sensación que es una forma de decirlo, pero que están contados aludiendo al futuro o a periodos muy largos ¡Qué mal lo estoy expresando!
    Lo que tú dices de la manzana, por ejemplo, y qué hizo el Hombre para enfurecer a Dios. Yo creo que eso representa el comportamiento o la actitud de la especie humana desde que estamos sobre la Tierra; y que el comer del fruto prohibido buscando el conocimiento significa, o podría significar (que tampoco es que yo diga ni mucho menos que sea una convicción que tengo), la propia búsqueda, en nuestra realidad tangible, de un “saber cosas” para “asemejarnos” a un Dios que en realidad no sabemos cómo es; y no sabiendo cómo es el querer emularlo nos conduce a errores y a poner nuestras inquietudes o aspiraciones en el lugar, digamos, equivocado.
    Un poco como si la humanidad hubiéramos, en algún punto de nuestro proceso, torcido el camino de nuestro destino, interpretado desde nuestros alcances qué es el progreso (evolución) y desviándonos de lo que estaría siendo evolución de verdad.
    Y qué por esos errores la humanidad, todos, nos estamos perjudicando a nosotros mismos, y generándonos unos sufrimientos que podríamos tal vez haber evitado. Y a eso creo que se refiere la expresión “la ira de Dios”. Por otro lado, siempre tengo muy en mente la frase de “buscarás a Dios sólo dentro de ti”, lo que me lleva a pensar que esa “ira” donde se despierta es en el fondo, en la verdad, o en el puro centro del ser de cada humano; que se crea una especie de dualidad, de enfrentamiento, entre lo que “sabemos” (tal vez de forma inconsciente) que debiéramos hacer, o que debiéramos buscar, y lo que en la cotidianidad buscamos y hacemos.
    Y que tal vez en esa disociación esté el origen de todo mal. Y que todo sería perfecto si cada ser humano actuásemos en todo momento de manera que, no a los ojos de los demás sino a nuestros propios ojos, nuestros actos fueran del todo irreprochables y no estuvieran en absoluto impregnados de vanidad, o de soberbia, o de intereses personales por más que estos sean acallados con justificaciones que no engañan a la conciencia.
    No sé expresarlo mejor, pero si tú o algún otro me replica y me saca los defectos tal vez, de a poquitos, lo supiera ir matizando y desbrozando.
    Son temas complicados, difíciles de plasmar en palabras precisas e inequívocas. Al menos para mí.
  2. Afrodita
    9 noviembre, 2011
    Otra cosa, que se me olvidaba, es qué entendemos por justicia. Y menos qué es la justicia que entendemos como divina. La mayoría de las personas y sin ser un dechado de perfecciones no somos tan vengativos como el Dios que hemos aprendido; hasta ante los hechos más reprobables los humanos damos un márgen al perdon, no somos (la mayoría) del todo implacables. No entiendo por qué Dios si habría de serlo. Enjuiciamos a Dios como si fuera una persona muy poderosa y bastante malhumorada.
    Yo desde pequeñita le tengo puesta cara a Dios, con su gesto y todo, y siempre lo he imaginado como hombre, nunca como mujer; y entiendo que eso no puede ser así, y que el sexo es independiente de Dios. Pero no puedo borrar la imagen que tengo, aunque no me la crea.

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