domingo, 6 de noviembre de 2011

Para Antónimus




Qué me dices qué me cuentas engarzadas en rosarios desgranados en la grana, roja sangre deslizada por venas por do transita la sabia virtud que enlaza en el ánimo abalorios de ignorancias que se ufanan entre perlas de saberes que humildes no se engalanan de altivez ni de soberbia y admiten, en su largueza, a su lado la quincalla.


Qué te pasa, qué sucede, que no sé de qué te extrañas de que no quieran quererte los que de muy buena gana quisieran tal vez quererte decir por favor, ya basta, ya es suficiente el empeño de andar siempre a la que salta buscando por todas partes qué yugular se te tercia sin habérselo propuesto como objeto de tus uñas que se clavan como garras.


Por qué esa amargura tuya, por qué esa tirria que emana de todas y cada una de las sarcásticas muestras de tu desdicha o tu ira prendidas de las palabras que deslizas sin cansarte, con denuedo y sin fijarte en que sería muy posible, de desear y agradable, el que resultara grato encontrarte y alegrarse al ir a dar en tus líneas el leerlas celebrando que te has dignado, por fin, ser un sujeto agradable.

Por qué ese empeño tan tuyo, tan arraigado en tu trato, tan adusto, tan irónico, tan mordaz y tan sarcástico, tan caustico y corrosivo, tan virulento que tanto esfuerzo como se aplique a tratar de no irritarse, de transigir y de hacerse cargo de que existen modos muy diversos de expresarse, se estrella, se da de bruces, contra no sé qué que obstruye y obstaculiza y arrambla con toda la buena sombra que a la voluntad se zafa  cuando se siente agredida por la tu muy tenaz saña.

Por qué no probar, Antónimus, pues que nada va a perderse con tan sólo tener ganas de ganarse la partida que a cada quien se le encara invitándolo a ir dejando, de lado, o a la deriva,  el engreimiento soberbio que si en las almas anida se hace dueño despiadado de qué pudiera ser vida destinada a mejor logro que incitar, sin ser preciso, a detestar sin motivo mayor que la antipatía a nadie que sin pereza en cuanto puede la lía.


Cosa rara con firma

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