domingo, 15 de enero de 2012

Texto 3.13

Publicado por  el ene 15, 2012 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos

3.13 “Se podrían sugerir algunos datos desde un punto de vista simbólico, y en cierta manera especulativos al no ser determinados por un análisis pormenorizado; si cada espacio facilita el desarrollo de ciertos valores, capacidades y hasta arquetipos, significa que cada lugar está protegido o embrujado por sus propias piedras, y sus elementos sagrados o mágicos sepultan y a veces desentierran sus secretos…”
Afrodita
16 enero, 2012
Hace años vi un documental en televisión, un reportaje del hotel Chelsea de Nueva York, que luego creo que lo cerraron, o reformaron, o algo, porque por lo visto era muy viejo y estaba bastante ruinoso. Pero allí, en el reportaje, se contaba que era un lugar al que acudían artistas en busca de inspiración porque decían — los artistas mismos, porque así lo sentían, no porque ninguna publicidad los sugestionara — que cuando “sientes la cabeza vacía — recuerdo las palabras de uno que era, por entonces, uno de los modernos de la época, muy famoso y de aspecto algo así como punk — y que no tienes en ella ni una sola idea” allí las cosas cambiaban y se sentían capaces de crear.
No sé si el autor se refiere en el texto a otro tipo de lugares, esos lugares emblemáticos de la historia como puedan ser las pirámides, o templos o catedrales construidos, como hemos visto en textos anteriores, cuidadosamente y teniendo en cuenta la orientación o sobre qué suelo está construido para que las energías (¿son las telúricas?) les sean más favorables y acordes con a qué están destinados.
Pero en la vida corriente, y en las construcciones normales también ocurre sin que haya para ello una explicación racional ese tipo de cosas. En el caso del Chelsea, por seguir con el ejemplo, construido (me figuro) en mitad de una hilera de edificios en una calle como tantas otras no parece muy probable que nadie fuera a esmerarse en que tuviera determinadas cualidades.
Pero parece que las tenía o, si no las tenía de origen (que no las tendría) tal vez alguien tuvo allí una inspiración que no tuvo antes, o que no tuvo en otra parte, y se corrió la voz y arraigo en la mente de las gentes la idea de que facilitaba la creatividad. Y esa especie de fe termino siendo lo que de verdad la propiciaba.
De todos modos, vaya nadie a saber qué se activa o desactiva dentro de cada quién y qué hace clic en qué resorte, hay lugares que sin saber por qué y sin que haya nada en su aspecto, ni en sus objetos, ni en su decoración, resultan gratos. A mí me ocurre — esto ya es pura anécdota — que en la cafetería a la que acudo a comer todos los días siento un bienestar delicioso, hasta el extremo de que me demoro, después de comer, y eso que protesto todo lo que quiero por la prohibición de fumar… Y la llamo yo “mi cuarto de estar” cuando, encima, no suelen gustarme las cafeterías. Incluso me ha ocurrido a veces (como si fuera el Chelsea) que después de días o semanas sin ser capaz de escribir una frase y cortita, allí, de repente, he llenado hojas apresuradas de un cuadernito, como si no me diese tiempo a escribir a la velocidad a que pensaba.
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Afrodita
24 enero, 2012
En mi anterior comentario no terminé de exponer bien lo que intentaba, lo que tenía en la cabeza.
Creo que todo lo que sea cultural, o educacional, no es que logre cercenar la capacidad del hemisferio derecho; lo que sucede es que uno mismo, cuando en ocasiones (pocas o muchas) tiene eso que se pueda llamar “destellos de inspiración”, los rechaza, o no los valora dejándose (ahí vuelve a entrar en juego lo cultural o educacional) arrastrar por la escala de valores que le marca el hemisferio izquierdo.
Pero no es que el derecho no tenga algo que decir, en todos los humanos.
Aunque, también es verdad, lo que tiene que decir no siempre está dispuesto a “largarlo”. Las musas pueden mostrarse muy esquivas tanto si la predisposición del cerebro está tirando para un lado o para el contrario; y serte hoy favorables y mañana, porque sí, darte despiadadas la espalda.
Pero para todo el mundo.
Creo, también, que cuando se pasa por la cabeza una idea que en un principio se puede juzgar como un disparate, o una extravagancia, tal vez sea prudente detenerse a sopesar (antes de rechazarla) si no será que alguna musa está queriendo… concedernos el favor de su gracia.
Y lo que dices de las prácticas chamánicas y los comportamientos de los que hablas, me siento inclinada (aunque es un tema que desconozco totalmente) a pensar que sí, que son formas de abrir determinadas vías.
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Afrodita
1 febrero, 2012
Lo habitual es que el texto del autor me venga grande; quiero decir, inabordable, que no sé qué decir, y si hubiera de comentarlo yo sola, sirviéndome tan sólo de mis propias entendederas y explicaderas, abriría el ordenador y lo volvería a cerrar desalentada porque "no se me ocurre nada”.

Así que me nutro de qué escribís otros, que me queda como que más cerca de mis alcances; y a partir de alguno de los comentarios que leo parece que me siento más capaz.
En esta ocasión ha sido el comentario de Mandrágora; el lugar determinado en que uno habita, y me planteo por qué ese lugar y no otro, y si ese lugar en concreto va a posibilitar determinados procesos evolutivos.
En la dedicatoria del libro se lee “…y a aquellos que van a elegir nuestro mundo para nacer”; entiendo por tanto, que si hay una capacidad de elección es que ya antes de vivir estamos existiendo, y que al existir, sin el cuerpo que tras el nacimiento tendremos, esa elección está desasida de los intereses y limitaciones que el cuerpo impone.
Creo que todo el conflicto, todos los conflictos que tenemos los humanos y que nos ponen trabas radican en un desacuerdo, o un desajuste, en qué “quiero yo” y qué “quiere mi cuerpo”; y el cuerpo es bastante tirano, y ya sea con artimañas o por las bravas intenta (y muchas veces logra) que se haga su voluntad y salirse con la suya.
¿O por qué si no se dan tantas situaciones en que nos sentimos entristecidos o disgustados, y enfadados, con nosotros mismos?
Quiero decir con esto que ese “yo” que ya está existiendo antes del nacimiento estará sabiendo (aunque luego la persona lo olvide) cuál es el lugar y cuáles las circunstancias — culturales, sociales o religiosas, de esas que están ya impresas en cada pueblo o en cada raza; o tan sólo coyunturales, como momentos conflictivos que puntualmente (aunque a veces los “puntos” son muy largos) se viven en regiones o en familias — que mejor se vayan a adecuar o más vayan a servir a las necesidades de cada proceso evolutivo.
Bueno, es lo que he reflexionado a cuenta del comentario de Mandrágora. Y pienso que, aun sin saber que se está sabiendo, se elige lo mejor… aunque el cuerpo a veces no lo entienda.

miércoles, 4 de enero de 2012

Destino

¿Nací yo para buscarte o tú para perseguirme; para ir yo al encuentro tuyo o venir tú a darme auxilio?

¿Es mi para qué encontrarte o es el tuyo el que me zafe de las trampas que doloso me tiendes tú con ardides disfrazados de designios a los que debo rendirme sin opción a rebelarme, batallar y debatirme?

Cuándo tanteo en mi camino, y me pierdo, y me confundo, y me desespero y dudo preguntándome si debo desasirme o amarrarme ¿Es que te me estás hurtando o es que yo intento entregarme en manos de un albedrio que me libere del miedo que me causa el estorbarte?

Cuando  me apuro y me afano, me apresuro y me empecino  ¿Estoy a ti adelantándome o te rezagas (maldito) burlándote por el gusto de forzarme a que me avenga a entender que estás escrito?

Cuando te pienso y me aflijo, cuando te imagino ajeno, extraño, y hasta furtivo ¿Es que te estás desvelando o tan sólo revelándome el secreto que me dice el dislate en el que incido pretendiendo que tus tiempos se acomoden a los míos?

¿Es que te escribo o me guías; es que tu trazo me lleva de la mano de mis pasos allá donde ya sabía que había de llegar tan sólo si pese a ti y mi pasado, mi memoria y mi agonía, me aguardaba qué fue luego lo que aun antes ya latía en algún lugar del alma, del Todo y de la armonía que reinaba (sin saberlo) en tu rumbo y en mis vías o es tal vez, por el contrario, que mis actos te mancillan?

¿O nacimos, tú y yo juntos, a la par y el mismo día, condenados a entendernos y a  converger y a querernos, uno al otro, los dos juntos, y a querer los dos a una cerrar quién sabe qué círculo en que se encuentren, conjuntas, la calma con que me observas y la inquietud que en mi habita; para escribir, a dos manos, con mi letra y con tu tinta, la historia que te concierne y el devenir que me incita?


Canica (3)

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