miércoles, 14 de marzo de 2012

Texto 3.18

Publicado por  el mar 14, 2012 en Tercer mensaje. Peregrinos de una tierra sacralizada

3.18 “En otro tiempo, parte del mundo estuvo tutelado por gentes que conocían el secreto de las piedras y descubrieron las líneas que describen las formas geométricas que llamaron sagradas. Puede que detrás de los ritos no hubiera más conocimientos que la fe, pero la Tierra los creyó y escuchó los cantos venidos del Cosmos, y se retiraron los hielos y dejaron de arder los pantanos”.
  1. Afrodita
    15 marzo, 2012
    Sentí curiosidad después del comentario de Enrique por buscar los ángulos. Hasta el 3 todo fue bien y los encontré, pero con el 4 dibujado a mano ya no me cuadraban las cuentas. Cuando lo ves escrito de imprenta, o como aquí, ya es otra cosa. Pero con el resto no había manera.
    Tecleé “números arábigos” en el Google – ahí arriba, en Afrodita, he puesto el enlace – y me mostró una página que aunque parece estar hecha un poco en tono de guasa los dibuja (como en la realidad ya no los dibujamos nadie, aunque sí tal vez los niños en el colegio en mi infancia) bastante bien.
    Pero me surge una… más que duda diré “intriga”; porque si el 9, por ejemplo, ha de ser “9” por estar teniendo nueve ángulos, es que ya se estaba teniendo (quiero decir “estaban teniendo los árabes”) el conocimiento previo de la “cantidad” 9.
    De acuerdo que ellos tomarían (o algo así como que “traducirían) su sistema numérico de otro anterior ya existente; ¿y en ese sistema anterior ya existente, y aun a pesar de la forma que en ese sistema los números tuviesen, ya se daba esa correspondencia con el número de ángulos que cada figura contenía?
    En alguna parte empezó, por lejana en el tiempo que pueda ser, esa forma de razonar o de encontrar, o de “inventar” una correlación que se convierta en justificación…
    Eso me genera, sin poderlo evitar, una cierta inquietud porque me pregunto si — llevando la idea a una especie de “todo” — el aprender, ampliar conocimientos, es “descubrir”, o es quitarse el sombrero ante lo que se nos muestra como ya descubierto y exclamar “ah, esto es así”.
    Vamos que, llevándolo a lo que podría ser el terreno del chascarrillo, me lleva a eso de qué fue antes, el huevo o la gallina.
    Y vaya por delante que siento un gran respeto por todo cuanto proviene de Enrique y de su saber; pero es que con algunas cosas me atasco una barbaridad.
  2. Afrodita
    15 marzo, 2012
    El enlace me salió hecho una guarrería,creo que aquí abajo si está bien y funciona: http://www.hazmeelchingadofavor.com/wp-content/uploads/2007/02/numeros_arabigos.gif
  3. Eleanora
    18 marzo, 2012
    Una amiga me ha enviado estos dos videos por correo. Son tan interesantes, y tan bonitos y tan asombrosos que quiero que los veáis.
    http://www.youtube.com/watch?v=bE2EiI-UfsE&feature=fvsr
    http://www.youtube.com/watch?v=ME-bLr7mGL4&feature=fvsr
    A ver si los he pegado bien.
  4. ***
  5. Afrodita
    21 marzo, 2012
    ¿Y si hubo esas gentes, de las que habla el autor en el texto, como hemos llegado a ser lo que somos ahora? Una humanidad ignorante y despiadada a la que no importa nada excepto el dinero y el bien vivir. Todo es destrucción y dolor y daño en todas direcciones y por todas partes; y nosotros, los que vivimos, sólo nos preocupamos de cómo va la economía, los grandes mercados y el dinero. Lo mismo a gran escala que a escala pequeña, cada individuo somos el reflejo — el “fractal” diminuto, a lo mejor (aunque no sé muy bien qué significa esa palabra) — del mundo occidental que nos impone, tengo entendido, Bruselas.
    Así las prioridades son, pues las que son… ¿Qué importan en Bruselas, ni en las grandes instituciones preocupadas por problemas tan inmediatos y tan tangibles, el sufrimiento o el dolor que laten por todas partes?
    Jovencitas abortando a diestro y siniestro, por ejemplo; heridos que en los hospitales de Siria son torturados en vez de ser atendidos y curados; animales maltratados.
    Pero leyes que regulen este tipo de barbaridades y de aberraciones pueden esperar. Primero hay que solucionar los grandes problemas macroeconómicos y luego nos ocuparemos de esas “minucias”.
    ¿Para eso ha habido tantos sabios a lo largo de los siglos?
    ¿Qué quedará de nosotros cuando todos seamos ricos y estemos contentos y tengamos llenos los bolsillos y las barrigas?
    ¿Buscaremos entonces la sabiduría que tan tenazmente despreciamos?
    ¿Qué atisbo de inteligencia ni espiritualidad nos estará quedando para entonces?

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