jueves, 5 de septiembre de 2013

En comentario al párrafo 6.2

Soy libre para elegir no sufrir, y también lo bastante poco inteligente para no saber dar esquinazo al sufrimiento que me causa el ver, cada día, a cada paso que doy, a la vuelta de cada esquina, tantas actitudes de tantos de mis congéneres que, sin poder ser calificadas de actitudes abiertamente crueles, si lo son de una indiferencia tan apabullante que me causa escalofrío pensar cómo pueden seguir adelante sin pestañear y sin que se les atragante la inmediatez de su propio “no es mi asunto” o, “sí, la vida es muy dura, pero yo no puedo hacer nada”.
Y sí, es cierto, y puedo admitirlo; que hay cantidad de situaciones ante las que uno no puede hacer nada porque hay un otro, el “dueño” de la situación, que es también dueño de sus propios criterios y de su forma de hacer o de no hacer, y de entender la vida de una forma o de otra, forma que por las razones que sea puede chirriar, o hacer daño, o entrar en conflicto con la forma de yo entenderla.
Y lo único en que puedo refugiarme, si es que cabe refugio, es apretar los dientes, y seguir mi camino. Y tratar de no volverme loca en un mundo en el que no entiendo nada.
Y existe la música, y la poesía, y la sensibilidad y las personas sensibles que saben apreciar y valorar todo cuanto de bello hay en el mundo. Y saben elevarse por encima de realidades tan toscas.
Yo, lo reconozco humildemente, no sé hacerlo.
Mis felicitaciones a todas esas personas que sí saben; que tienen, de verdad, muchísima suerte. 

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