viernes, 29 de diciembre de 2017

Aquí está ella

La verás en la distancia tanto como en lo cercano, igual arriba que abajo. La encuentras en cualquier parte pero nunca – cosa rara – en el cielo, ni en el Sol, ni en las nubes, ni en el viento; ni en las torres ni en las cumbres de montañas que – ellas sí –  amorosas o aun adustas van a acogerla en sus grietas, y en sus abruptas quebradas dejándola que descienda hasta sus hondas entrañas, ni en… en fin, no sé decirte.

Pero sí, ahí vas a verla, en el agua de los mares, de los arroyos y charcas, y en las manos del anciano, y en el maullar de la gata cuando tu mirar recorra estas líneas que la guardan. Y en la sal, y en el azúcar, y en el aceite que aliña con vinagre la ensalada; y en el batir de las alas livianas de las libélulas, y en las de las mariposas y también en las de aves y en las del pesado acero de las naves que ligeras se desplazan por el aire.

Y en algunas de las notas musicales si leyeras partituras de sonatas, sinfonías, polonesas o – en la vida cotidiana – en aquellas que se adhieren, sin emoción, por costumbre, a la puerta de la iglesia anunciando necrológicas, un bautizo, alguna boda; y, de forma más doméstica, a la pegada a la puerta del armario de cocina (o la nevera) anunciando que se acaban el cilantro o las cervezas.

Y la oirás en las canciones, y en el llanto del cuitado y en la risa de la hiena.

Y la olerás cuando aspires el aroma de retama o a, aspiración también justa, alcanzar fortuna y fama.

Y la gustarás si gustas los sabores que recuerdan los manjares de la infancia.

Y la tocarás si tocas el teclado del piano, las cuerdas de la guitarra o campanas a rebato; pero no si es que tocases el violín ni si leyeras… pero no quiero seguir con el recuento.

Ya cuentas, a estas alturas, con innumerables pistas.

Te diría, por terminar, que la encontrarás también en los cinco continentes en que, por cierto, no se contiene.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Texto 13.8

Publicado por  el Dic 17, 2017 en Prólogo a la carta número trece. El impulso constante.

13.8 “La consciencia es una torre de Babel y en su construcción se han mezclado millones de dialectos; las voces tiemblan como ecos confusos procedentes de todas las cuevas del laberinto, son ruidos previos a que empiece la melodía, los músicos comprueban el sonido de sus instrumentos pero no empieza el concierto, y las pruebas se convierten en espectáculo histérico porque no sale a escena el director que lea las partituras y reúna el armónico de todos los instrumentos.”
 

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