martes, 10 de julio de 2018

Anatomía


Molloy

Era a finales de los años 70 cuando tuve este libro en mis manos por primera vez. Miraba la imagen diciéndome “no es lógica” hasta que se me ocurrió algo tan simple como girarlo. Y a partir de entonces me quedó una cierta manía, una obsesión por observar fragmentos de cualquier realidad, y por darles vueltas hasta lograr ver algo que a mis ojos tenga sentido.




martes, 26 de junio de 2018

De yerro y plomo, palabras

De yerro y plomo, palabras.
Palabras, a la deriva, de alabastro o de pirita; a remolque de carrozas, tiradas por mulas pardas; a retazos maldiciendo, y a las veces encomiando; a la mañana de sombras, claroscuros que las rozan apenas con dedos ásperos para a la noche volverse de seda ya sin la sombra de quehaceres rutinarios que las mancillan llorosas al demandar se pronuncien tan sólo por nombrar cosas.
Palabras, al descubierto, sin amparo y sin pretexto, las de la noche callada que les pide que le digan de qué hablar libre de trabas en la quietud que se extiende desde el ocaso hasta el alba, blanca, como el color que desprenden las miradas que no viendo allá en lo oscuro del cuerpo pasión a la que deberse, se demora, por no abrirse, de piernas a las demandas que entre requiebros sin gracia el amanecer promete.
Palabras, a cal y canto, encerradas bajo llaves tras las puertas que se abrieron cuando al principio del tiempo y sin voz que las mentase se quedaron, allí, quietas, haciéndose las dormidas o aun las muertas si les cabe, para que nadie las note ni las utilice en balde a la espera de que lleguen tiempos en que sean veraces sólo las que se pronuncien sin tener ni que nombrarlas.
Palabras, que se resisten, a ser tomadas por sabias cuando sólo se prodigan en obviedades que arrastran, a tirones, sin esfuerzo, desoyendo que se quejan del dolor que les produce ser dichas sólo por voces que se repiten cansinas sin darles tregua a mudarse y se rebelan, forzadas, mentirosas por no asirse de la traición de que emana el dejar que las pronuncien para significar nada.
Y la noche las acoge; la noche que les pidiera de qué hablar libre de trabas, las envuelve en su silencio y las guarda, tan calladas, en espera de que lleguen sus hermanas de oro y plata que las rescaten del yerro y del plomo que las lastra para elevarse ya libres de ser nunca más ansiadas ni utilizadas, a cuenta, llegada ya la mañana, de obtención de beneficios y derroche de vergüenza porque ¿y para esto me hablas?

viernes, 1 de junio de 2018

Esbozo muy esquemático para un cuento que será fantástico si soy capaz de desarrollarlo. Y si a alguien se le ocurre cómo pues que lo desarrolle a su manera y santo entender; que no por eso dejaré de intentar desarrollarlo al entender y manera míos. Pero, que conste, la idea se me ha ocurrido a mí. Aunque como lleva una tantas cosas en la cabeza y ha de dedicar gran parte de tiempo a aprender ya veremos si encuentro el momento, o si no se me olvida. Por eso me lo apunto aquí a modo de borrador. Aunque también puede ser que luego no sea capaz de recordar qué título (provisional, claro) le he puesto ni dónde lo estoy guardando. Le pondré la etiqueta "borradores" por si se me ocurren más esbozos para cuentos fantástico.


Un matrimonio (culto y elegante) regresa una noche de la Opera y, la señora, quitándose los guantes largos pregunta a la niñera qué tal el bebé; la niñera dice que mientras no estaban ha hablado por primera vez. La señora pregunta qué ha dicho y la niñera dice que protón. La señora muy extrañada pregunta “qué”; la niñera vuelve a decir protón.
La señora se lo cuenta al marido, que dice que no ha oído esa palabra en su vida.
El niño sigue ampliando su vocabulario, neutrón, electrón, positrón, neutrino, etc. (tengo que buscar palabras de esas y ampliar el mío)1 y la cosa se va liando hasta que los padres deciden que hay que crear un “algo” para dar utilidad (o aplicación o sentido) a las palabras del niño. Y a base de discurrir inventan el Universo.
Desarrollar.
1Nota personal de la autora, no para ser leída.

viernes, 11 de mayo de 2018

Ensayando a dibujar mi mano izquierda

Mientras escucho marchas militares - que dan mucha marcha y por la mañana levantan el ánimo - y, luego, madrigales y motetes. Más tranquilitos.

sábado, 21 de abril de 2018

¡Tan inconsciente!


Sueño que mi existencia empieza en un instante indeterminado de lo que reconozco como mi vida adulta, y que yo, la que sueña, tiene consciencia de mí misma y de mi entorno, y de los otros seres vivos de distintas especies, y de qué es la luz y qué es la oscuridad, y qué son los sonidos y los colores y las palabras y los números y las distancias y los tamaños de las cosas; y de los objetos y de sus formas y de las utilidades que se les adjudican; y de los olores y de los sabores y de los sonidos que me agradan y entiendo como buenos o bonitos y cuáles me desagradan y considero feos o malos; consciencia también de sensaciones como el hambre o el sueño o la sed o el dolor, y de emociones como la ira o el miedo o la tristeza o la alegría o el amor o el odio.

Consciencia también de que tengo recuerdos y memoria ―aunque en ocasiones pueda ser desmemoriada, pero también tengo consciencia de ello y, por tanto, la tengo también de lo que llamo olvido― y conceptos, por tanto, como pasado y futuro y antes y después, y arriba y abajo y detrás y delante, y tarde y temprano.

Consciencia también de que, en función de qué entiendo como existente en mí y en mi entorno y en los otros seres vivos de distintas especies con sus respectivas consciencias de sí mismos y de sus respectivos entornos, tengo prejuicios que me inducen a suponer que en función de sus propias percepciones y prejuicios experimentarán hacia todo lo demás sensaciones, sentimientos y emociones que los inducirán a la tristeza o al amor o a la alegría o a la ira o al miedo o al odio, o a la temeridad o a la prudencia, de las cuales también tengo el concepto y la consciencia.

Pero la otra yo, la nueva yo que empieza a existir en un instante indeterminado de lo que la yo que escribe reconoce como la vida adulta de esta yo que sueña despierta y sabe tantas cosas y reconoce tantas emociones y tantos sentimientos y tantas sensaciones y tantos prejuicios, no sabe nada.

La yo soñada por mí es una yo desconocida pero adulta como yo que en mi sueño empieza a existir en un mundo vacío de algo que la yo que soy pueda reconocer como vida; una otra yo que desconoce todo, que desconoce incluso y aun sin saber que desconoce qué es la consciencia y que por tanto ni siquiera sabe si la tiene de sí misma; ni si la tiene de su entorno, ni de la ausencia o presencia los otros seres vivos de distintas especies, ni de qué es la luz y qué es la oscuridad, ni qué son los sonidos que escucha ni los colores que ve ni de la existencia de  las palabras que nadie pronuncia; que no sabe de números ni de distancias ni de los tamaños de las cosas, ni de los objetos ni de sus formas ni de las utilidades que se les adjudican, ni de los olores ni de los sabores ni de los sonidos que no entiende como buenos o bonitos o malos o feos porque no tiene con qué otros olores o sabores o sonidos compararlos. Que no tiene consciencia de sensaciones como el hambre o el sueño o la sed o el dolor, ni de emociones como la ira o el miedo o la tristeza o la alegría o el amor o el odio.

Consciencia tampoco de carecer de recuerdos y memoria ni, por tanto, de conceptos como pasado y futuro y antes y después, y arriba y abajo y detrás y delante, y tarde y temprano.

Consciencia tampoco de que ―en función de qué no entiende como existente en sí ni en su entorno ni en los otros seres vivos de distintas especies con sus respectivas consciencias de sí mismos y de sus respectivos entornos― carece de prejuicios que la induzcan a suponer que, en función de sus propias percepciones y prejuicios esos seres vivos experimentarán hacia todo lo demás sensaciones, sentimientos y emociones que los inducirán a la tristeza o al amor o a la alegría o a la ira o al miedo o al odio, o a la temeridad o a la prudencia, de las cuales también tengo yo el concepto y la consciencia, y ella no.

Y me pregunto yo, despierta, si la yo soñada podría existir si yo me despertase, y cómo caso de existir seria su existencia si tuviese la consciencia ―que no tiene, porque yo no se la he dado― de no tener consciencia de qué son prejuicios ni qué son el pasado ni el presente ni el futuro; ni la memoria con sus recuerdos, ni el arriba ni el abajo.

Me pregunto también cómo sería yo, la que sueña, y cuál sería mi devenir si aun en la plenitud de mi consciencia fuese ella, tan inconsciente.




miércoles, 4 de abril de 2018

Tremolar de azules demorados


Tremolar de azules demorados al escozor sedoso, al rojo vivo, de pálidos descoloridos viejos duendes enterrados (a ras de la cordura que se acogió, en nombre de leyendas, al derecho entender de qué es justicia) en el fondo de altos, inalcanzables rectos fines; se escora, a la deriva de discordias, hacia el afán, tan ciego y tan aciago, por desterrar del mundo qué es agravio.

domingo, 11 de marzo de 2018

Texto 13.20

“Al permitir que el pez Matsyendra descubriera los caminos que transitan la vida, sellaba el dios la alianza entre el hombre y el misterio, estaba convocando la llegada del arte en los ojos de las musas hacia la aventura del espíritu.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Nosotros, en realidad, cuando miramos, miramos al abismo. Siempre el impulso de ver aquello que no se ve. Siempre buscando, indiferentes, lo que tenemos delante y no vemos. Aun así, lo estamos sintiendo, presintiendo. Misterio que es presencia inmediata, que colma la esperanza de mirar y por fin, ver algo. Incomoda mirar y no ser capaces de ver nada. Pero apechugamos y nos conformamos con las formas que vemos. Todo, se supone, debe tener alguna explicación. Pero no hay plenitud: la vida está transitada de caminos, no es que nosotros recorramos caminos a lo largo de nuestra vida, es que la vida está transitada ya por todos los infinitos caminos posibles. Por eso hay misterio. Las musas nos dictan cuántas maravillas oscurecidas por nuestros ojos hemos visto y no hemos reconocido, ellas nos aclaran la realidad. Por fin, entrega y plenitud entre lo que vemos y sentimos. Amor puro, Narciso se hunde en la sangre de su alma y despierta, por fin, en aquél rincón donde, sin saberlo, era ya infinito.

sábado, 10 de marzo de 2018

Una tacita de azúcar

Y dale con que qué estoy pensando.
Pues estoy pensando, como todo el mundo a estas horas, en la ecuación de Bernoulli.
O, bueno, todo el mundo quizás no, pero mi vecina...
Que lo sé porque me había puesto a hacer un bizcocho y, anda, el azúcar...
Así que fui a pedirle si me prestaba una tacita, y ella dijo "no", no y que no fuera burra, "Susana". Pero como no me llamo Susana entendí que no era a mí, y en vez de mosquearme esperé a que terminase su conversación por el móvil.
Entonces fue cuando lo dijo, sacudiendo la cabeza y con los ojos en blanco, que estaba más que harta "Susana, de explicarte todos los días a la misma hora que la que tu dices es la de Nernst y que no se parecen en nada". Y colgó.
Colgó y se volvió hacia mi y me dijo "mi cuñada, que no se lo consigo meter en la cabeza".
Y que le dijera yo, por favor y desde la más absoluta imparcialidad, si me parecía que se parecían en algo.
- ¿Tu cuñada y tú? - le contesté.
- ¡No, mujer! - escandalizadísima - Te digo la de Bernoulli y la de Nernst.
- Ah, pues...
Y debe de ser porque me vio cara de pez que se compadeció, y aunque volvió a sacudir la cabeza y poner los ojos en blanco me lo explicó; sí, que eran ecuaciones.
Y cuando ya salía me dijo que la perdonase si no había estado muy amable, que su mal humor no iba conmigo, pero que su cuñada, tan burra, la sacaba de sus casillas.

domingo, 28 de enero de 2018

Texto 13.14

13.14 “A más de sus seis atributos principales, a Shiva se le representa con una gran mancha azul en la garganta que va descendiendo, como un rosario, y se pierde cerca del corazón. El tercer dios de la Trimurti brahamánica se habría tragado todo el sufrimiento del mundo, tiñendo de azul el espacio sutil dominado por la quinta frontera de la luz.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Rezar el rosario en convocación abierta, sin pedir, dejando hacer, encomendarse a la intuición de lo sutil… Cuando Shiva se presenta, tratar de huir es inútil, luchar es insistir en el fracaso… Pues Shiva nos está invitando a un baile tocando los tambores de la tierra; el baile del reptil en ascendencia.
Y el destructor sonríe pues sabe que el dolor y la alegría están hechos de la misma materia de pureza. Y Shiva en torbellino, a carcajadas, se ríe de lo duro, de lo fuerte, de lo inmóvil y lo no perecedero, y rompe paradigmas y certezas y te invita al desnudo mirar de la ignorancia. Y, al ritmo telúrico del corazón con su tambor de arena, da fe de la transitoriedad de los ciclos, modifica las formas del desierto, hace brotar manantiales de las piedras y empapa las semillas quietas. Y su canto sopla los carbones cenicientos del estanque helado, diamantino.
Bailar con Shiva, cantar con Shiva y devolverle la sonrisa…
Dejen caer de hierro los escudos, de oro los sueños, las cadenas de plata, de cemento las casas y de arena los cimientos, salga la luna a los pies del principio azul imposible… y quede desnuda la pureza de un día, que todo lo ignora, pues viva vive al descubrirse en cada instante.
Rozar quizás lo que es sabiduría.

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