domingo, 11 de marzo de 2018

Texto 13.20

“Al permitir que el pez Matsyendra descubriera los caminos que transitan la vida, sellaba el dios la alianza entre el hombre y el misterio, estaba convocando la llegada del arte en los ojos de las musas hacia la aventura del espíritu.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Nosotros, en realidad, cuando miramos, miramos al abismo. Siempre el impulso de ver aquello que no se ve. Siempre buscando, indiferentes, lo que tenemos delante y no vemos. Aun así, lo estamos sintiendo, presintiendo. Misterio que es presencia inmediata, que colma la esperanza de mirar y por fin, ver algo. Incomoda mirar y no ser capaces de ver nada. Pero apechugamos y nos conformamos con las formas que vemos. Todo, se supone, debe tener alguna explicación. Pero no hay plenitud: la vida está transitada de caminos, no es que nosotros recorramos caminos a lo largo de nuestra vida, es que la vida está transitada ya por todos los infinitos caminos posibles. Por eso hay misterio. Las musas nos dictan cuántas maravillas oscurecidas por nuestros ojos hemos visto y no hemos reconocido, ellas nos aclaran la realidad. Por fin, entrega y plenitud entre lo que vemos y sentimos. Amor puro, Narciso se hunde en la sangre de su alma y despierta, por fin, en aquél rincón donde, sin saberlo, era ya infinito.

sábado, 10 de marzo de 2018

Una tacita de azúcar

Y dale con que qué estoy pensando.
Pues estoy pensando, como todo el mundo a estas horas, en la ecuación de Bernoulli.
O, bueno, todo el mundo quizás no, pero mi vecina...
Que lo sé porque me había puesto a hacer un bizcocho y, anda, el azúcar...
Así que fui a pedirle si me prestaba una tacita, y ella dijo "no", no y que no fuera burra, "Susana". Pero como no me llamo Susana entendí que no era a mí, y en vez de mosquearme esperé a que terminase su conversación por el móvil.
Entonces fue cuando lo dijo, sacudiendo la cabeza y con los ojos en blanco, que estaba más que harta "Susana, de explicarte todos los días a la misma hora que la que tu dices es la de Nernst y que no se parecen en nada". Y colgó.
Colgó y se volvió hacia mi y me dijo "mi cuñada, que no se lo consigo meter en la cabeza".
Y que le dijera yo, por favor y desde la más absoluta imparcialidad, si me parecía que se parecían en algo.
- ¿Tu cuñada y tú? - le contesté.
- ¡No, mujer! - escandalizadísima - Te digo la de Bernoulli y la de Nernst.
- Ah, pues...
Y debe de ser porque me vio cara de pez que se compadeció, y aunque volvió a sacudir la cabeza y poner los ojos en blanco me lo explicó; sí, que eran ecuaciones.
Y cuando ya salía me dijo que la perdonase si no había estado muy amable, que su mal humor no iba conmigo, pero que su cuñada, tan burra, la sacaba de sus casillas.

Archivo del blog