domingo, 15 de julio de 2018

Texto 14.18

14.18 “El entretenimiento, el demonio de los nuevos tiempos, ha usurpado el mundo del arte empujando a los poetas a los rincones. Los poetas no interesan al poder porque los ritmos binarios, las músicas cortesanas y las danzas académicas distraen y ayudan a formar el pensamiento único. Y así a los músicos les interesa más el adiestramiento que la creatividad, y a los escultores la sorpresa que iluminar los rastros ocultos, y a los académicos arquitectos no les importa saber por qué se prohibió vivir dentro de las piedras, y ahora construyen templos con las líneas rotas por las flechas de los metales, y las memorias de los cuarzos se sustituyeron por amalgamas de cemento y yeso. Los mudras sagrados son reemplazados por estertóricos movimientos binarios en manadas enfebrecidas, como miles de abejorros locos que buscan la salida del choque contra el vidrio. Las artes escénicas cantan el drama de las tragedias comunes para que las gentes no identifiquen la ignorancia y se alíen con el aburrimiento. Los hombres quieren ser famosos, como si algún trovador, juglar, bardo o poeta hubiera alguna vez buscado en el arte la ambrosía para engordar su ego.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Parece que en el mundo del arte el engaño ha suplantado a la verdad. La gente busca el ocio, el pasatiempo, el entretenimiento, en lugar de buscar la profunda transformación que el arte propone. Es más fácil enmascararse detrás de la comodidad, que confrontarse con la propia estupidez. Dejarse cegar por la ilusión, que buscar a tientas dentro de uno mismo. En una especie de apología de la pereza, las artes, convertidas en espectáculo fraudulento, no hacen sino engordar el ego de los que se hacen llamar “artistas”, en detrimento de su auténtico valor. Y así, una de las herramientas de evolución más poderosas que el hombre ha conquistado, se malgasta en fuegos fatuos, como si una mano oculta no tuviera ningún interés en que el la humanidad evolucione.

martes, 10 de julio de 2018

Anatomía


Molloy

Era a finales de los años 70 cuando tuve este libro en mis manos por primera vez. Miraba la imagen diciéndome “no es lógica” hasta que se me ocurrió algo tan simple como girarlo. Y a partir de entonces me quedó una cierta manía, una obsesión por observar fragmentos de cualquier realidad, y por darles vueltas hasta lograr ver algo que a mis ojos tenga sentido.




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